relato por
Luis Amézaga

L

a hierba crece amarilla en la parte de atrás de la casa tapando las huellas de unos zapatos que fueron adquiridos para ser cómplices de un crimen. En la habitación vacía de sangre, un vinilo gira sin música con la aguja del tocadiscos suspendida en el aire. Los investigadores se despliegan por el escenario donde el protagonista es un cuerpo que yace con la cabeza ladeada sobre un sofá de tercera mano, con el brazo izquierdo colgando hacia el suelo donde una botella de ginebra con apenas un dedo de líquido transparente con bayas de enebro habla de lo que es capaz de beber un hombre para olvidar lo que conlleva ser hombre. Una bolsa de plástico parece el arma del crimen. Por eso quieren prohibirlas. Una cabeza dentro pronto agota el oxígeno. Cada forma de matar es una historia que habla del asesino y de la victima. Y esa fotografía de los hechos que queda después del último estertor y de que los zapatos del asesino enfilen el camino de huida con la tranquilidad de quien no considera importante ser detenido, es arte para el que pocas ocasiones se encuentran modelos voluntarios. Ni el dinero sirve de gancho para quien no va a poder disfrutarlo. El asesino ha peinado a su víctima con la raya en medio y ha hecho el dibujo a rotulador de la cabeza de un cíclope sobre su camiseta blanca. Cuando la víctima estaba a punto de asfixiarse, el asesino le abría un paso de aire en la bolsa de plástico. La idea era que la obra de arte durara un poco más, disfrutar del proceso creativo a través de la deconstrucción de aquel ser vivo. No robó nada de la casa, incluso ordenó un poco la cocina después de prepararse un sándwich de mortadela y queso. La emoción artística, el éxtasis experimental, duraron apenas cuatro minutos, suficiente para acompañar a esa alma en su salida del cuerpo, para verla marchar, para vivir a través de ella la experiencia extracorpórea. Dos hombres y un dios reunidos en esa estancia de una casucha destartalada. Dos hombres y un dios jugando a buenos y malos. Y el asesino nota que dios le sonríe a él mientras hace caso omiso de esa alma recién llegada a sus confines, un alma que todavía no entiende nada de lo ocurrido, con el aliento oliendo a ginebra y los pies fríos. El alcohol es un buen analgésico. La víctima ni siquiera se revolvió, ni buscó con sus manos las manos que cerraban la bolsa. Boqueó como pez morado, se destrozó los dientes de tanto apretarlos y buscó con los ojos algo bello que mirar. Quizá por eso dibujó el asesino un Brontes testarudo y de mal genio en su camiseta blanca y sudada. La belleza es también tormentosa, sádica e ineluctable.

Los investigadores saben que a ese tipo de asesino le gusta volver al escenario del crimen porque lo considera un templo donde ha llevado a cabo el sacrifico del cordero, un lugar mágico lleno de una energía intacta. Los investigadores hacen fotografías, toman notas mentales y miran por las ventanas pensando en sus mujeres, en sus hijos, en el mundo que tienen pensado esconder debajo de la alfombra para que ellos no se topen con él. ¿Si catalogas de monstruo a un hombre deja de ser hombre? Solemos hacer eso para distanciarnos de lo monstruoso. Los investigadores observaron al grotesco cíclope sabiendo que estaban ante la firma del artista. Un artista incomprendido, sin duda, puesto que en vez de subastar el cadáver en Sotheby’s, éste sería incinerado después de una autopsia rutinaria. Pero así es la vida del asesino inspirado por las musas: sus obras son efímeras, momentos pasajeros de exaltación.

El asesino tiene vecinos. El asesino sube en el ascensor junto a la señora del cuarto derecha. «Soy un hombre buscado», contesta él ante una protocolaria pregunta de su vecina sobre a qué se dedica. La mujer guarda un nervioso silencio, se apea en su rellano y se despide de ese tipo excéntrico y solitario que vive justo encima de ella y al que oye pasear durante las noches. Pero no vive solo. Tiene un gato que lo mira con indiferencia, como si fuera un hombre vulgar, con esa displicencia tan propia de los de su especie. Él también mira al gato. Quizá un día de estos haga una obra de arte con su elástico cuerpo felino, pero de momento le gusta contemplar cómo deambula por el pasillo creyéndose libre. Hoy está a salvo. Lo que te salva no presenta credenciales, no es pretencioso, no sabe que es salvador, actúa como las hojas al tomar anhídrido carbónico y expulsar oxigeno, con naturalidad. El artista salva al mundo de su grisáceo destino.

Después de limpiar el arenero del gato, taconea con ímpetu sobre las baldosas de la cocina para asustar a su vecina del cuarto. Sonríe imaginando su cara. Se tumba en la cama que está sin hacer y rememora al detalle su última obra con bolsa de plástico. Eyacula sin necesidad de tocarse.

 


 

Luis Amézaga

Luis Amézaga. Nacido en el año 1965 en la ciudad de Vitoria (España) donde vive actualmente. Entre lecturas y escritos concibe la medida del tiempo. Mantiene habitualmente el blog El búnker travestido: http://bunkertravestido.blogspot.com.

Ha escrito artículos y colaborado en diferentes revistas literarias: Bolsa de Pipas, Letralia, Ariadna, Narrativas, Almiar-Margen Cero, Groenlandia, Agitadoras… Ha participado en antologías de relatos y poesías como La Casa del Poeta (Noche Polar), Doble en las Rocas y Escribir en Crisis (Editorial Letralia), o Antología de poesía Viejoven (Versátiles Editorial). Es autor de varios libros de poemas: El Caos de la Impresión, A Pesar de Todo… Adelante, o Los Alrededores del Idiota. Con el poemario Bolsa de Canicas obtuvo el premio en el certamen convocado por la revista literaria Katharsis y se publicó revisado en segunda edición en el año 2012. Ofreció a los lectores el libro de máximas y aforismos El Gotero en la revista Groenlandia. Con el poeta Adolfo Marchena publica el libro de crónica poética La Mitad de los Cristales. También compartió proyecto en su libro dietario El Reloj de Arena junto al escritor hondureño David Morán. Destacar la publicación del libro de sentencias, crítica y pensamiento, que ha recogido bajo el título Una semana de arresto domiciliario. Cuenta con un librito de relatos titulado Tarde de Moscas, y su flamante trabajo publicado con la editorial Amarante bajo el título: Vuelos rasantes, un ejercicio narrativo que cuenta con nueve historias perturbadoras. Su última entrega a los lectores es Los ladrones de ideas, que obtuvo el segundo premio del IV Concurso Literario de Relatos «Letras Cascabeleras».

📩 Contactar con el autor: luisamezaga43 [at] gmail [dot] com

🖼️ Ilustración relato: Imagen realizada mediante técnicas de IA (redacción).

 

🔖 TRES RELATOS SORPRESA (traídos aquí desde nuestra biblioteca)

Los confines del mundo Los confines del mundo, por Carlos Montuenga. En Margen Cero (Biblioteca de relatos – 2006)
La colección (en El artista) La colección, por Pedro M. Martínez Corada. En Margen Cero (Taller literario de El Comercial – 2003)
En la madriguera (en El artista) En la madriguera, por Marcelo Choren. En Margen Cero (Biblioteca de relatos – 2003)

 

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Revista Almiar · n.º 142 · septiembre-octubre de 2025 · 👨‍💻 PmmC · MARGEN CERO™

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