Poemario de Diego Alonso Cánovas
Entrevista al autor

 

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fímero infinito (editorial Cuadernos del Laberinto. Madrid, 2021) es una mirada poética hacia la vida y hacia lo temporal, desde el humor a la preocupación existencial, desde el amor a la cotidianidad de los recuerdos, desde su Vera natal a la universalidad de los autores clásicos.

Diego Alonso Cánovas elige de las palabras que todos hablan las que convienen, por eso, siguiendo aquella definición de Luis Alberto de Cuenca, pertenecen a la línea clara de la poesía, donde no hay engaños. Poemas que intentan crear una comunicación y una complicidad con el lector, arrancándole una reflexión, una inquietud o una sonrisa que le lleve a sentir con él.

 

—Llega a las librerías de toda España su nuevo poemario Efímero infinito, ¿qué va a encontrarse el lector bajo este oxímoron?

—Detrás de esta aparente contradicción está toda la vida. Todo es perecedero y perdurable, en cierto sentido. Ya lo decía Lavoisier en su famoso principio («La materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma») y, en términos poéticos, nuestro admirado Antonio Machado («Todo pasa y todo queda»). El lector se va a encontrar con mi «yo» —a veces profundo, a veces superficial—; pero lo deseable es que, en algunos de esos sentimientos y reflexiones que plasmo en estos versos, pueda verse reflejado él. Al fin y al cabo, a este paseo por la vida los humanos venimos dotados de unas emociones e instrumentos de raciocinio que son universales.

—Da gusto encontrar poesía que se entienda. Parece que son los propios poetas los culpables de esa coletilla que siempre se dice de «Yo no leo poesía porque no la entiendo». Nada que ver con sus versos, tan implicados en la realidad y los sentimientos reales.

—Para mí, la poesía es un instrumento para comunicar —y, si es posible, provocar— emociones, vivencias, valores, reflexiones, …,  de forma bella. Y está emparentada con la música, de la que toma prestado el ritmo, entre otras cosas. Hay belleza en muchos poemas incomprensibles de otros autores, pero, en general, no me gusta la poesía hermética, esa poesía que oculta tanto el significado que uno llega a pensar que ni el propio autor sabe lo que quiere decir; o esos poetas que directamente, por principio, no se plantean expresar nada coherente. Salvo excepciones, me crea un cierto rechazo. En mi caso, desde el principio me decanté por la poesía «de línea clara», como la califica mi admirado Luis Alberto de Cuenca. Y en esa línea espero seguir.

—Llama la atención la bella edición y las magníficas ilustraciones de Pedro Soler Valero. ¿Cómo surgió esta simbiosis entre autor/pintor?

—La editorial Cuadernos del Laberinto se ha esmerado en la confección de este libro. Desde la portada, —con esa magnífica acuarela de Pedro Soler—, hasta la contraportada, están muy cuidados los detalles estéticos. Pedro, de quien me enorgullezco de ser su amigo, es un pintor de talla internacional que ha expuesto sus obras en multitud de países. Nuestra amistad surge con la poesía de fondo, en la que Pedro también ha publicado algunos poemarios. Pedro es muy selectivo a la hora de ilustrar libros, así que para mí es todo un honor poder contar con su arte para mi poemario.

—¿Qué le mueve a escribir?

—Esta necesidad de escribir surge en mí de forma repentina e inexplicable, como una «enfermedad incurable y pegadiza» —así se describe a la poesía en el Quijote—. Mi vida ha transcurrido, en su mayor parte, al margen de la poesía, con mi tiempo dedicado a mi profesión, y encauzando la expresión de mis sentimientos a través de la música, hasta que se apodera de mí ese virus poético que me lleva a leer, a estudiar y a escribir poemas. La poesía, en mi caso, no es algo que aflore fácilmente desde mi interior, sino que la génesis de un poema la vivo como si fuese la construcción de un edificio por un albañil, ladrillo a ladrillo. En este sentido, me identifico con el poeta vasco Gabriel Celaya cuando afirmaba que se sentía como «un ingeniero del verso y un obrero». Intento seleccionar las palabras una a una, verso a verso, intentando que el conjunto sea expresivo y bello.

—¿Qué sucede con la rima y el metro, por qué casi nadie la quiere usar? ¿no son las dos piedras angulares de la poesía?

—Según León Felipe, poesía es aquello que queda en los versos después de haber eliminado «los caireles de la rima, el metro, la cadencia y hasta la idea misma». Y lo dice en un poema en el que utiliza la rima asonante y midiendo los versos —heptasílabos y endecasílabos—. ¿Qué es lo que puede y debe quedar en un poema después de quitar todo eso? Quizás lo que deba de quedar es algún tipo de emoción. Esa es la esencia de un poema. Pero, además, para mí y para muchos otros poetas, un poema debe tener otros ingredientes. Además de la belleza, es importante la musicalidad. Esta, plasmada en el ritmo, junto con la rima, le confieren ese «no sé qué que queda balbuciendo» en nuestra memoria y/o nos proporciona un pellizco emocional que no lo consigue la prosa. Otros poetas discrepan de esto y renuncian por principio a la rima y el metro. Y algunos otros supongo que renuncian simplemente porque no saben utilizarlos, o porque la consideran un inconveniente para expresar lo que sienten.

—Recomiéndenos un libro de un poeta actual.

—Hay muy buenos poetas actuales y podría recomendar muchos poemarios, pero si tengo que elegir uno, me quedo con un autor: Miguel d’Ors. Cualquier libro de este poeta es una maravilla. Por responder con precisión a su pregunta, recomendaría su obra Poesías completas 2019.

—Es usted un hombre muy completo: Doctor y Licenciado en Psicología, Licenciado en Matemáticas y Diplomado en Magisterio; y encima poeta con éxito; y por si faltaba algo, toca el acordeón. ¿Podríamos definirle como un humanista o renacentista? ¿De dónde saca tanto tiempo?

—Me hace usted recordar ese refrán: «Aprendiz de todo, maestro de nada», o ese otro: «Quien mucho abarca, poco aprieta». Qué más quisiera yo que parecerme a aquellos hombres del Renacimiento. En mi caso se trata simplemente de estar aprovechando bien el tiempo, de haber sentido una cierta atracción por el estudio. Si uno no es un genio, la vida te da la posibilidad de llegar a ser, al menos, experto en algo, siempre que te esfuerces por conseguirlo. Y luego están lo que son las carambolas del destino, esas circunstancias que hacen que tu vida vaya por un camino y no por otro.

—¿Con quién le gustaría irse de cañas?

—Me encantaría ir a tomar unos vinos con Quevedo. O asistir a algo parecido a la reunión gastronómica que describe el poeta Baltasar de Alcazar (1530-1606) en su poema humorístico en redondillas “Cena jocosa”, y comprobar —como dice él en otro poema— si es verdad que las tres cosas que le tenían preso de amores el corazón eran: la bella Inés, el jamón, y berenjenas con queso.

 


 

Diego Alonso Cánovas

Diego Alonso CánovasVera, (Almería). 1949. Doctor y Licenciado en Psicología, Licenciado en Matemáticas y Diplomado en Magisterio. Ha sido maestro nacional, profesor en el Departamento de Análisis Matemático de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada, catedrático de Matemáticas y director del IES Nicolás Salmerón de Almería, profesor titular de Psicología en la Universidad de Almería, profesor tutor de Psicología en el Centro Asociado de la UNED en Almería. Es miembro de instituciones como el Centro Andaluz de las Letras, el Instituto de Estudios Almerienses y la Unión Nacional de Escritores de España (miembro de honor). También pertenece al colectivo Poetas del Sur Almería.

Es autor de los poemarios: Desde Ángulos Distintos (Arráez Editores, 2015), Poemas de andar por clase (IEA, 2018), este último con el poeta Diego Reche, libro galardonado por el Gremio de Libreros de Almería con el Premio Argaria 2018, y Resistir en verso, Décimas para una pandemia (Ayuntamiento de Vera, 2020), conjuntamente con Diego Ramírez y Diego Reche. También ha coordinado, con Paco Checa, la antología Con humor propio. Antología de poesía actual (Dokusou, 2019). Ha sido galardonado por el Ayuntamiento de Vera con la Pluma de Oro 2019, por su obra poética.

Asimismo, ha participado en numerosos recitales individuales y colectivos —presenciales o virtuales— en distintos lugares de la geografía española, y algunos de sus poemas y relatos han aparecido en diversas antologías y revistas literarias.

 

Efímero infinito

🔖 Efímero infinito
Colección Anaquel de Poesía, n.º 117 (Cuadernos del Laberinto, 2021) • I.S.B.N.: 978-84-18997-06-8 • 98 págs.• Prólogo de Diego Reche • Ilustraciones del poemario: Pedro Soler Valero • Ilustraciones artículo: Portada del libro y fotografía, con autorización para su uso y publicación en esta reseña; © de sus autores.

Más información:
cuadernosdelaberinto.com/Poesia/efimero_infinito_diego_alonso_canovas.htm

 

Índice reseña Eduardo Herrera Baullosa

Reseñas en Margen Cero

Revista Almiar · n.º 119 / noviembre-diciembre de 2021 · 🛠 PmmC · MARGEN CERO™

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