artículo por
Manuel Aguilera Serrano

 

E

ste artículo tiene su origen en un ciclo de conferencias organizado en 1998 para el claustro de mi instituto, Politécnico Jesús Marín (entonces con más de ciento veinte profesores), de Málaga, y al que fui invitado como conferenciante.

Me pareció oportuno tratar el tema de la polémica entre cristianos viejos y nuevos por su importancia social y su reflejo en la literatura española del Siglo de Oro, tema que afecta a todas las manifestaciones de la vida nacional en aquella época. Es obvio que no pretendo en este trabajo un análisis exhaustivo del problema ni tampoco una nómina completa de todos los escritores afectados por la limpieza de sangre.

Definición de cristianos viejos y nuevos

En primer lugar, para comprender la polémica suscitada, hay que definir lo que se entendía en la época por cristiano viejo y nuevo. Cuestión que afecta más bien al sistema de castas que al estamental. Como afirma Domínguez Ortiz, en el sistema de castas «los grupos humanos están absolutamente separados, incluso en el plano biológico más hondo; late en su fondo una repulsión que ni siquiera la fortuna o la identidad de profesión religiosa puede superar, de lo que resulta una división en compartimentos estancos sancionada por la costumbre y por las leyes» [1].

España, desde el siglo XV, se caracteriza por ser una sociedad de tipo señorial-agrario que opone cierta resistencia al mercantilismo naciente, aislándose, por tanto, del resto de Europa. Esta sociedad está representada por los cristianos viejos que desprecian el espíritu de lucro, incluso de producción, con tendencia al espíritu de casta. De esta manera, se establece una aristocracia fundada en el linaje y agrupada en grande y pequeña nobleza [2]. No extraña, por tanto, que sus principales actividades sean «guerrear, ser señor, servir a los señores, labrar la tierra, ser religioso regular o secular» [3].

Estos cristianos viejos eran llamados por distintos nombres, como cristianos limpios (o limpios, a secas), cristianos rancios y cristianos lindos [4]. Se tenía como opinión generalizada que los oriundos de Vizcaya eran hidalgos limpios de sangre mora por el lugar donde sus antepasados tuvieron su cuna, ya que su territorio nunca fue invadido por los musulmanes. También, limpios de sangre judía por decisión real, que prohibía a los conversos del judaísmo, como a los del Islam, y a sus descendientes, residir en Vizcaya. Incluso algunos extendían la limpieza a toda la zona cantábrica, llamada la Montaña o las Montañas de León, territorio que presumía de haber sido baluarte defensivo contra la invasión árabe. De ahí que los términos ‘vizcaíno’, ‘montañés’, ‘asturiano’ se identificasen con cristiano viejo [5]. De esta manera, el concepto de cristiano viejo era muy utilizado en la época, al cual habría que añadir características generalizadas de arrojo, dinamismo político y escasa cultura [6]. Respecto a este último rasgo, Américo Castro, en su libro De la Edad conflictiva, publicó un documento en el que se refiere que los consejeros del rey-emperador Carlos V tenían que ser hijos, o por lo menos nietos, de «labriegos». Además de no saber leer, no tenían que haber desempeñado oficio o profesión [7].

En esta sociedad de tipo señorial-agrario, eran tenidos por cristianos nuevos los descendientes de judíos y musulmanes, dedicados, principalmente los provenientes de judíos conversos, a aquellas actividades propias de la burguesía, como el comercio, la artesanía y oficios liberales. Américo Castro reproduce una cita de N. López Martínez, de su libro Los judaizantes castellanos, en la que se afirma que «la tradición médica judaica era tan intensa, que todavía a fines del siglo XVI la inquisición de Logroño no podía encontrar un médico cristiano viejo, y no tuvo más remedio que echar mano del converso doctor Bélez» [8]. A. Domínguez Ortiz, en La clase social de los conversos en Castilla en la edad moderna, manifiesta que «un judío labrador no era una cosa desconocida, pero sí una rareza […]. En una colección de los autos celebrados en 1721-25, en la que aparecen reseñados más de un millar de judaizantes, con indicación de sus profesiones, solo hay cuatro campesinos; los demás son comerciantes, arrendatarios del tabaco y otras rentas reales, miembros de profesiones liberales (maestros, médicos, escribanos, cómicos) y artesanos» [9].

Ante esto, no es de extrañar que Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611), defina a los conversos (en la entrada ‘ciudadanos’) como «letrados, y los que profesan letras y artes liberales». En definitiva, existía la opinión generalizada de que el cristiano nuevo era cobarde, con afanes intelectuales, capacidad técnica, vigor expresivo, etc. Es decir, características opuestas a las del cristiano viejo [10]. Concretamente, los judeocristianos eran designados con distintos nombres además de cristianos nuevos y conversos, muchos de ellos con sentido despectivo, como marranos, confesos, maculados e incluso judíos. Los moriscos pertenecían también a la categoría de cristianos nuevos o cristianos nuevos de moros, comunidad que socialmente pasaba desapercibida entregada a los oficios más duros del campo [11][…]

 

Sigue leyendo este artículo

👉 Pulsa aquí (documento PDF)

(NOTAS):

[1] A. Domínguez Ortiz, Las clases privilegiadas en el Antiguo Régimen, Ed. Istmo, 1985, p. 10.
[2] Mauricio Molho, Semántica y Poética, Ed. Crítica, 1988, p. 92.
[3] A. Castro, Teresa la santa y otros ensayos, Ed. Alfaguara, 1972, p. 15.
[4] Albert A. Sicroff, Los estatutos de limpieza de sangre, Ed.Taurus, 1985, n.º 3, p. 44.
[5] Marcel Bataillon, Pícaros y picaresca, Ed. Taurus, p. 187.
[6] A. Castro, Teresa la santa…, p. 294.
[7] A. Castro,Teresa la santa…, p. 266.
[8] A. Castro, Teresa la santa…, p. 12.
[9] En Monografías Histórico-Sociales, CSIC, 1955, vol. III, p.145 y n. 19.
[10] A. Castro, Teresa la santa…, p. 294.
[11] A. Sicroff, op. cit., pp. 43-4.

 


 

Manuel Aguilera Serrano

Manuel Aguilera Serrano. (Priego de Córdoba, 1948). Es licenciado en Filología Románica por la Universidad de Granada y doctor en Filología Hispánica por la de Málaga. Catedrático de Secundaria en Málaga, donde vive, de Lengua Castellana y Literatura hasta 2008, en que pasa a Clases Pasivas.
Ha escrito, entre otros artículos, El comisario Cervantes en Santaella (Revista de Santaella, Córdoba, 1996); Hacia un equilibrio ortográfico, a través de Educación Compensatoria, de la población marginada en los barrios periféricos urbanos (1987); Los elementos narrativos en ‘Réquiem por un campesino español’ (Analecta Malacitana, volumen XIII, 1990); los poemarios Entre luces, sombras y ecos de ausencias (Ed. Vértice), Calle de la mar sin número (Ediciones Vitruvio), Notas de arpa en vuelo (Imprenta Cervantina – Perea Ediciones), ganador del II Concurso Internacional de Poesía Jorge Manrique y Vinos de Uclés, Los rostros de Ítaca (Ediciones Rilke). Como conferenciante, La polémica entre cristianos viejos y nuevos en la literatura de los siglos XVI y XVII.

📩 manuaguise [at] gmail [dot] com
🔗 http://manuaguise.blogspot.com

🖼 Ilustración artículo: Xilografía tallada por Johann von Armssheim (1483). Retrata una disputa entre eruditos cristianos y judíos. En Wikimedia Commons (dominio público)

Índice artículo Gustavo Catalán RAE

Más artículos en Margen Cero


Revista Almiar n.º 115 / marzo-abril de 2021MARGEN CERO™

Lecturas de esta página: 113

Siguiente publicación
Julia De la Rúa es una escritora, poeta y acuarelista…