(Cantar de Mio Cid y Romancero Viejo)

artículo por
Silvana Freire Levín

 

E

l Cantar de Mio Cid es el documento de la épica castellana más antiguo que se conserva. Por ende, posee un inmenso valor histórico y cultural. Rodrigo Díaz de Vivar se presenta como la encarnación humana de todos los valores. Es, sin lugar a duda, la figura del héroe ideal. Caballero español, con aires de rebeldía pero que sirve al rey e inspira justicia. Un hombre piadoso que a través de su perseverancia logra el aclamado éxito.

Sin embargo, este héroe histórico no es, necesariamente, universal. No tiene la pretensión de representar a todo su mundo cristiano (como sí haría el Cantar de Roldán). El Cid Campeador es real y crea una atmósfera de cercanía con el lector y la gente. Por eso el pueblo lo aclama; llega a ser casi un mito. Su nobleza es evidenciada en el cantar, sus acciones son siempre las más acertadas y humanas. «El Cid no tiene enemigos nobles y heroicos como Aquiles, Sigfrido o Roldán» (Spitzer 102). Lo cual crea un contraste a favor del héroe y realza aún más sus cualidades positivas.

En el Romancero Viejo aparece también la idea del héroe. La cual es más evidente en los romances épicos e históricos. En este caso, el conflicto que se narra es de una gran intensidad emocional. Temas como el vasallaje y servidumbre al rey se ven cuestionados. El límite de la obediencia se ve difuso, tanto el Cid como Fernán González (en el romancero) tienen su dejo de rebeldía. Lo cual resulta atrayente e indica que no todo es devoción.

—Mensajero eres, amigo,
no mereces culpa, no;
que no tengo miedo al rey,
ni a cuantos con él son.

La capacidad de cuestionar por un momento la autoridad legítima les da a estos héroes un sentido mayor. La racionalidad impera, aun cuando las condiciones no son óptimas para la libertad de pensamiento. Esta cualidad puede ser muy llamativa para los jóvenes de nuestra época y se puede utilizar fácilmente para acercar la literatura medieval a ellos. El rey no es apto y los caballeros lo saben, lo reclaman. Pero claro, de igual forma siguen su ley; no hay opción. Se podría decir, incluso, que estos héroes tiene un sesgo revolucionario para su época y contexto.

Un aspecto que caracteriza a ambos textos es su lenguaje poético. El cual tiende a la sencillez, aunque con un léxico escogido con tal detenimiento que le aleja del habla de uso común. El lector contemporáneo no percibe este ámbito, ya que la diferencia temporal lo distancia del lenguaje con que el Cantar de Mio Cid y Romancero Viejo fueron escritos. Si precisamos más técnicamente, los poemas se describen con escasez de adjetivos y abundancia de verbos. Por lo cual predomina la importancia de la acción. Además, existe el uso de arcaísmos para situar la narración en un pasado más verosímil.

Los diálogos son muy importantes en los romances, abundan. En el Cid son la gran parte del texto. Ayudan a intensificar el carácter dramático de la situación y forman una confrontación entre los personajes, debido a que «la épica medieval está a medio camino entre ser narrativa y ser dramática» (Alonso 106). Como recurso estilístico, también se emplea la reiteración (de palabras, estructuras o temas), que ayudaban a la memorización y creación de nuevas variantes.

El público juega un rol fundamental en estos textos. Son creados pensando en que serán escuchados y no leídos. Representados por la recitación juglaresca es cuando cobran vida realmente. Es por esto que en el Cid nos encontramos marcas como «allí verías», «sabed», que dirigen la narración al espectador. Así también, cabe destacar la multiplicidad de tonos de los textos. La combinación de pasajes hace un barrido emocional que va desde conflictos bélicos, amorosos e incluso humorísticos. Esto con el afán de mantener la atención de quien escucha el poema.

Y, claramente, todos estos recursos surtían efecto. Era común oír a la gente tararear fragmentos de romances en sus vidas cotidianas. El pueblo se apropió de los cantares y los hizo parte de sus tradiciones. Algo similar a la música popular contemporánea. Es sabido que en la historia de la música hay canciones que terminan siendo el himno de una generación. Pues los romances lo eran en la época medieval. O bien, la proximidad del romance con la décima en Chile, donde lo popular es lo que prima.

Finalmente, en ambos textos, la figura femenina cumple un papel bastante particular, el cual cabe destacar. El poema del Cid se centra, principalmente, en narrar las proezas del Campeador. Todo el enfoque va dirigido hacia esas hazañas tan sorprendentes y dignas de admiración. Por ende, las mujeres que lo rodean (Doña Ximena, Sol, Elvira) quedan relegadas a un segundo e incluso, tercer plano. Su función es accesoria y es relevante solo cuando se relacionan con los objetivos del protagonista. El héroe logra a través de sus hijas la ansiada posición social y económica, el poeta utiliza las voces femeninas para enaltecer la figura del Cid. La feminidad gira en un círculo vicioso del que no puede escapar.

En el Romancero Viejo también aparece esta característica; lo femenino tiene un lugar imprescindible. (…) En primer lugar el sentimiento amoroso en sus manifestaciones más variadas, desde el erotismo un tanto pícaro y despreocupado hasta la sombría tragedia conyugal, simbolizadas casi siempre en personajes femeninos, verdaderos protagonistas del romancero (…) (Stefano 271).

Como se había mencionado con anterioridad, la reiteración se utiliza como un recurso de escritura en el romance. No es casual que al referirse a la mujer las palabras más empleadas sean: amiga, esposa, hija. Las cuales mantienen correspondencia directa con la imagen varonil. Amiga (del hombre), esposa (del hombre e hija (del hombre). Ellas son determinadas durante toda su vida por este sesgo. No hay opción de cambiar al curso más que la rebeldía. Pero es esta la que lleva a un camino de perdición y se evita a toda costa.

Sin embargo, se pueden diferenciar las perspectivas con que la mujer es representada en el romancero. Por un lado, el tema del adulterio: la esposa infiel. La que no es pura, la pecadora, la que traiciona la relación conyugal. Por ende, la mujer «mala». Ella no es ejemplo a seguir y termina siempre en desgracia.

[…] que el conde es ido a la caza
a los montes de León.
—Rabia le mate a sus perros
y águilas el su halcón
y del monte hasta casa
a él arrastre el morón.
Ellos en aquesto estando
su marido que llegó:!

Esta imagen de lo indebido se contrasta con la figura idealizada de la mujer. Es ella quien cumple las labores domésticas, el llamado «ángel del hogar». Es quien vela por el bienestar de los hijos, el marido, la familia es el núcleo de su vida. Y debe hacer hasta lo imposible por mantenerlos correctamente encaminados. También es, claramente, bella, con gracia y destrezas. Pero por sobre todo bella, es lo que se destaca en los versos. Lo demás, su racionalidad, su templanza, pasan a ser nimios. No es lo que realmente importa porque ese rol le corresponde al hombre.

Allí habló la más chiquita
en razones la mayor:
—No maldigas a mi madre
que a la guerra me iré yo;
me daréis las vuestras armas,
vuestro caballo trotón.

En este fragmento de La doncella guerrera se cruzan elementos muy interesantes. El rol tradicional de la mujer hogareña se rompe. En la ausencia de un hijo varón, es una de las hermanas quien se enlista a las filas del ejército. El padre duda de esta determinación en un comienzo, pero luego accede. Entonces se abre un paradigma nuevo, donde la mujer puede hacer las actividades del hombre de igual o mejor manera. No es solo la cara bonita que engendra, sino que tiene capacidades físicas e intelectuales. Esto aporta, sin duda, un valor adicional al romancero. La mujer, su protagonista, es multifacética. Y es esta variedad de enfoque la que enriquece el relato.

 

Referencias bibliográficas:

– Alonso, Dámaso. Estilo y creación en el poema del CidCantar de Mio Cid. Madrid: Mestas Ediciones, 2018.
– Di Stefano, Guiseppe. Los temas del romancero.
___ Romancero Viejo.
– Spitzer, Leo. Historia y poesía en el cantar del Cid.

 


 

Silvana Freire Levín. Es estudiante de Letras Hispánicas en la Pontificia Universidad Católica de Chile; escribe desde muy pequeña. Ha participado en talleres y concursos literarios a nivel regional y nacional, obteniendo algunos premios y, además, una publicación bajo el amparo del concurso regional de poesía de DD.HH.

 Contactar con la autora: miraelcielonolatele [ at ] gmail.com

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Ilustraciones: (portada) Statue of El Cid SF CA, Brocken Inaglory / CC BY-SA (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0) · (en el texto) Jura de Santa Gadea, Marcos Hiráldez Acosta / Public domain

 

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