relato por
Soledad Mariño

 

S

uena el despertador. Pospones la alarma y tratas en vano de regresar al sueño en el que volabas hace tan solo unos segundos. Buscas esos paisajes etéreos, retales de deseos y vivencias, te buscas las alas, pero ya nada existe. El sueño se ha esfumado y no encuentras. Te desperezas a desgana e inauguras el día sin voluntad alguna. Si fueras capaz de pensar en este momento, te preguntarías si en verdad es alguna parte de tu cerebro la que acciona tus músculos o si no eres otra cosa más que una marioneta.

Ya en la ducha, dejas correr el agua y sientes cómo los últimos retazos del sueño resbalan y se cuelan por el desagüe.

Enfilas hacia la cocina y tachas el 8 de marzo en el calendario que preside la nevera. Preparas un café bien cargado con dos cucharadas de azúcar. Al intuir la inminente dosis de cafeína, tus conexiones neuronales se activan y la orden del día se despliega en tu mente. Hoy te toca recibir al auditor. Y también esperas encontrar un hueco para terminar ese informe que te trae de cabeza.

Devuelves la atención al calendario mientras das pequeños sorbos al café humeante. Necesitas concentrarte para evitar la distracción del color rojo y medir la distancia que te separa del sábado. Reconócelo, no eres persona dada a los misticismos y tú siempre has preferido el sábado al domingo. El resto de la semana, en realidad, solo esperas.

Las ocho en punto. A esa hora, estás programado para ajustarte la chaqueta, pulsar el botón del ascensor que te llevará al garaje e ir directo a tu coche. Que no es tuyo,  en realidad, porque aún te quedan veinte plazos por delante.

Atasco insalvable en la autovía. Seguramente un accidente. Uno gordo, imaginas. Te desvías al carril de la izquierda y apenas logras avanzar unos metros. Luego la tendencia se invierte, ves cómo te adelanta el coche que antes estaba detrás del tuyo que no es tuyo, y regresas al carril derecho con una maniobra que desencadena varios pitidos. Te enfadas sin motivo y vociferas, pero solo tú escuchas tus gritos. Miras a lo lejos en busca de alguna salida, cuando de sobra sabes que no la hay, que todavía quedan un par de kilómetros hasta el próximo desvío y, a este ritmo, puedes tardar media hora en alcanzarlo. Aprovechas el parón para enviar un mensaje avisando de que llegarás tarde, lo cual resulta del todo inútil porque el destinatario se encuentra a cincuenta metros de ti, exactamente en el mismo atolladero.

En la radio suena I Want To Break Free. Tarareas, primero, y luego el espíritu de Freddy se apodera de ti y te descubres cantando a voces. God knows how I want to break free. Fantaseas con la idea de liberarte, de romper, de olvidarte del auditor y del informe, de salir en el próximo desvío y dirigirte a ninguna parte, a las calles donde volabas en tu sueño. But I have to be sure when I walk out that door.

El tráfico empieza a agilizarse y distingues a lo lejos la próxima señal de salida. Dudas. La canción termina, Freddy se evapora y vuelve a acompañarte el parloteo de los locutores. Te preguntas si tú valdrías para locutor de radio. La bifurcación ya está casi encima. Titubeas. Pero no, cómo vas a dejar colgado al auditor, cómo vas a abandonar el informe. Finalmente, decides seguir. No te engañes, lo tenías decidido ya en realidad. Lo mejor será que te apuntes a un gimnasio. Para liberar tensión y esas cosas. Dos o tres veces por semana. Así tendrás otro motivo para tachar días en el calendario. Te anima la decisión. Sonríes. Aunque, en el fondo, bien sabes que Freddy seguirá sonando el resto del día en tu cabeza.

 


 

Soledad Mariño Pais: «Nací en A Coruña una madrugada de 1978, una circunstancia que quizás explique mi naturaleza insomne, más habituada a soñar despierta que dormida. Desde pequeña, solía pasar tardes enteras con mi madre y hermanos en la biblioteca municipal, siendo mis principales aficiones la lectura y la escritura, aunque también había espacio para el teatro y la declamación.

»Fui escritora bastante prolífica durante mi etapa de estudiante, si bien entonces solía considerar mi obra como un pedacito de intimidad que solo estaba dispuesta a compartir con algún que otro profesor o con personas de mi confianza. En 2001, me licencié en Sociología por la Universidad de A Coruña e, impaciente por entrar en el mundo laboral, en seguida me incorporé a la empresa familiar, cuya dirección comparto actualmente con mi hermano. ¡Y hasta la fecha!

»Absorbida por el trabajo y la maternidad, apenas he retomado la escritura hace unos años. ¡Y no he parado desde entonces! Soy autora de numerosos relatos, algunos de los cuales han sido publicados en programas radiofónicos o en forma de podcast, en la web www.fivecast.es, y también de poemas y cuentos infantiles. Mi primera novela, La fragilidad, vio la luz a finales de 2022 gracias a la Editorial Amarante».

Contactar con la autora: soledadmarino84 [at] hotmail [punto] com

👉 Lee otro relato de esta autora (en Almiar): Aloe

🖼️ Ilustración: Imagen realizada por la redacción con técnicas de IA.

relato Aloe

Relatos en Margen Cero

Revista Almiar (Margen Cero) · n.º 134 · 👨‍💻 PmmC · mayo-junio de 2024

Lecturas de esta página: 64

Siguiente publicación
El viajero llega a Leirosa. Entra en el café-hostal. Se…