relato por
Blanca Caballero

Oh, mariposa,
¿con qué sueñas
cuando agitas tus alas?
Kaga No Chiyo

 

¿Cómo lograr que sus ojos celestes me miren con pasión? Solo veo indiferencia en ellos —pensaba angustiada la geisha, que retorcía las manos con nerviosismo.

Por primera vez el amor había llegado a su corazón, pero como suele suceder, solo uno amaba. Los ojos azules de él, cuando la miraban, lo hacían glacialmente, incluso con desprecio.

Para mitigar su desconsuelo y tratando de encontrar ayuda, había ido a aquel lugar de meditación. Un universo lleno de mariposas multicolores que volaban de un lado a otro, aquí y allá se detenían en alguna flor o fruto, para libar el azucarado néctar, y luego seguir sus zigzagueantes vuelos. De vez en vez, alguna se posaba en su rostro, o en sus manos u hombros y la acariciaban al batir sus tenues alas.

En el santuario budista siempre había encontrado paz. Pero hoy no era igual. Se acercó a la esfinge de la diosa y, arrodillada, le pidió que le ayudara a conseguir el amor que había inundado su ser.

A veces escapaban sordos gemidos de su garganta. Era como una triste música que se oía en todo el recinto. Molesta por el llanto y sin compasión por el dolor de la geisha, una mariposa parda que revoleteaba de flor en flor preguntó a una amarilla cercana:

—¿Oyes esos quejidos?

—Es el amor —respondió una mariposa verde cerca de ellas, y continuó—: Amor… ¡dulce sentimiento! Si desean comprender lo que significa la felicidad, deben ir al rincón del amor. Allí he contemplado muchos amantes, abrazados bajo la sombra de los cerezos en flor, con semblantes que reflejaban sentimientos profundos. Amar correspondido, es pasar a un mundo de ilusiones a un mundo mágico que permite la fusión de dos seres, como forma de acercarse a la inmortalidad. Es la liturgia de la comunión de los amantes.  Pero a veces, si el amor no es correspondido, es fugaz visión de lo divino. Es vivir con dolor perenne, y el sueño se convierte en pesadilla de noches gélidas de soledad.

Ahora ves cómo sufre la que ama, sin ser correspondida. Ama con intensidad, pero no ha tenido la dicha de que él sienta lo mismo —dijo la mariposa verde mientras contemplada a la geisha.

Con un gesto de molestia, mirando con indiferencia a la geisha, la mariposa parda contestó:

—Sus quejidos perturban la paz. Este lugar es para tranquilidad y armonía. ¿Qué podemos hacer para detenerlos?

La mariposa amarilla propuso:

—Ya que no podemos consolarla, vayamos hacia el otro extremo del santuario. Allí no se oirá su llanto.

Así hicieron. Contentas al dejar de escuchar los lamentos, de vez en vez, se posaban en alguna flor, succionaban el néctar y seguían sus vuelos zigzagueantes

La mariposa verde meditaba mientras miraba a la geisha que oraba inclinada delante de Ama no Uzume, la diosa de la felicidad, confiada en que oiría sus súplicas y la ayudaría.

—Diosa mía, por favor concédeme su amor, concédemelo, aunque solo sea por una noche —pedía desolada.

La geisha se alejó con gentil reverencia, la cabeza baja y con profunda tristeza reflejada en el rostro. Iba esperanzada en que la diosa le concediera su deseo. Pero dudaba, y el dolor laceraba profundamente su pecho.

Cuando la geisha se alejó, la deidad meditaba:

—¿Cómo lograr que el joven le corresponda con la misma pasión?

La mariposa verde se acercó hasta quedar frente a la diosa. Con el batir de sus alas y errático vuelo llamó su atención. Tenía un plan que sugerirle, pues un amor puro y verdadero como el de la joven no podía ser ignorado, y le dio a conocer  su plan.

 

Temprano al día siguiente, la geisha regresó al templo para rogar de nuevo. Mientras lo hacía, notó que su cuerpo se iba aligerando, y se elevaba. Ya sus pies en tierra …, siente que el aire la envuelve…, siente que vuela. Se da cuenta  de  que percibe las cosas de forma diferente. Ve nuevas coloraciones; y las flores, más atractivas, ejercen sobre ella una poderosa atracción. Ahora ve no solo las cosas frente a ella, sino a todo el jardín de una vez, incluso lo que tiene detrás. Se percata de que tiene alas.

—¡Oh Diosa! ¡Me has convertido en un ser alado! —se ha convertido en una mariposa azul. Sus aterciopeladas alas, bordeadas por franjas doradas, exhalan dulce fragancia al batir el aire.

De pronto aparece frente a su amado, quien al ver la preciosa criatura se extasía contemplándola.

La mariposa-geisha piensa:

—¡La diosa ha oído mis plegarías! ¡No quedó sorda ante mis ruegos! ¡Me ha convertido en una bella criatura voladora y ahora mi amado se deleita y me observa con amor!

Él, sentado en una biblioteca atestada de libros. Sobre su escritorio hay pinzas, alfileres, lupas. La mariposa bate sus alas y se acerca aún más.

—¡Oh, dioses míos, por vez primera sus ojos demuestran pasión! —piensa la geisha mientras su corazón estalla de alegría.

El joven contempla a la alada criatura con una sonrisa de satisfacción. Nunca había visto un ejemplar tan hermoso. De pronto toma una red y, con rápido movimiento, la captura.

Ella se siente rodeada, ¡la tiene cautiva!: —¡Qué alegría, quiere tenerme cerca, tocarme, poseerme!

El joven científico toma con cuidado al insecto, atraviesa su cuerpo con un alfiler y lo coloca en uno de los cuadros de su extensa colección.

 


 

Blanca Caballero Pacheco ha sido profesora de Ciencias Naturales y Matemática en varios países. Tiene los libros de narraciones: El jardín de las delicias y de las desquicias (Llanura), Crónica de una sonrisa (Publicaciones entre líneas), La princesita y sus amigos animales (Tregolam). También tiene el poemario Palabras fugaces, palabras perennes (Llanura). Es cubana americana con residencia en Miami, USA.
📩 blancaridad [at] yahoo.com

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Ilustración relato: Imagen por CANDICE CANDICE (en Pixabay)

 

Ama no Uzume - Blanca Caballero

Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 134 · 👨‍💻 PmmC · mayo-junio de 2024

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