Voz que decía

DESCUBRIMIENTO DE LAS PRISIONES *
por
MANUEL LOZANO

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ÜMRANIYE

 

Ya han comido de mi carne.
Es medianoche y sube el musgo en las paredes
con cruces tatuadas por la muerte.
Una silueta se acuesta con la sombra.
¡Fastuosa cicatriz la del harapo!
Pestilencial, veo su armadura invisible
atravesar muladares y cartílagos.
¿Adónde la libertad de los líquenes?
¿Qué edad tienen los días que mastican
la ruindad de los hombres?
Un teatro de incesto y calaveras
desentierras con la lluvia más fría.
-Vuelve a jugar-, dice el verdugo.
Pero yo he de tajar en piedra
la palabra que salva.

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Del libro: La rueca dorada
Buenos Aires, febrero de 2005

 

INFIERNOS PRIVADOS
PARA EL MONSTRUO

Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos…
Marcos, 9:3

 

 Prisiones se cierran a tu paso.
De mimbre rojo son los dedos del malabarista.
Vastas progenies me cercan.
¿No se reflejan suntuosas las entretelas del crimen,
aun cuando el silencio siembra  temor y temblor?
Himnos de Adán negro suben desde los ojos.
La cabeza es de hierro, moribundo amarillo
hasta la cercanía.
Un diminuto sol cae sobre el desierto blanco.
Así, el niño inscribe fisura y permanencia.
¿Cuál será el lujo de abandono en este Paraíso?
Turmalina y topacio y luego este oleaje.
Has abierto las puertas de lino.
Muelles donde dibujas la sed.

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Catacumbas de San Calixto, 6-XI-1998.
De su libro: Mansión Artaud

 

Un prisionero
siembra la palabra

 

El sembrador es el que siembra la palabra.
Marcos 4:14

 

Duermes, pero hay un ojo que vela, que crece,

que aventura en el trueno su llaga de memorias.

Ahora muerde en el viento su confín,

pero no duele.

¿No entreviste tras tu jaula

el oscuro vacío de la fiesta secreta?

Prepárate.

La traición se sumerge

en el teatro de las apariciones.

(El abismo se labra en el abismo.)

El hambre sangra en el pizarrón de la muerte

el sello caníbal.

Esta lastimadura ya es lamida por los lobos:

me tatúa y me arranca

a la feroz intemperie de quienes escarban

desde antiguo el corazón de los hombres.

¿Qué otro puñal no retrocede bajo este sol

donde acuesto a mis criaturas?

¿Hasta cuándo

la erosión de la fiebre?

He de cantar aullando

con mi pequeño tambor de desechos.

………….

He de encender las antorchas con el grito.

…………..

He de cantar el más bello presagio

del regreso.

___________
París, 27-IX-2005
Del libro:
La rueca dorada

 

La boca con
el ojo monstruoso
(fragmento)

 

Con hambre, con ácidos y trapos de escalofrío, con cascotes,
con el descaro del vértigo, con ardiente horror en los bordes de la ciudad.
La molienda de la traición funda su reino.
¿Lloras por la caída de tu especie a la que llamaron hombre?
¿Ríes de pavor ante el muro, ante los muros,
ante el lecho de alimañas en la necrópolis del desperdicio?
El amparo cava su deshora y miras la corriente
de niños bestializados por las calles.
Afuera, los jadeos se precipitan en el viento.

……………………………

Iniciación del alarido. Hubo que deshabitar la casa del silencio.

……………………………

Ahora como antes, como siempre, como después,
sé que preparan el rojo jardín de la muerte.
Sus altos cedros están huecos.
El áspero jardinero, ya una sombra entre raíces, golpea su sombra.
Desperté y vi la herida: sus ojos cerrados que sangraban.
Misa de pavor, misa de éxtasis.

…………………………….

Las lavanderas convalecientes limpiarían los restos
desde Beit Nuba hasta Wisconsin.
Aquí estuvo la calumnia, allí el calvario.
En todas las posadas, los ulcerosos naipes
del rematador de tu especie.

………………………………

¡Me crucifican, hijo, izan la cruz de mi inocencia!
Sucede siempre en la lluvia.
Para la primera representación traen un maniquí.
Escribo esta verdad: todos los que vieron la escena deben morir sacrificados.

………………………………

Quienquiera que seas, no soples el candil que aún te alumbra.
¿Acaso ves los fragmentos de caras gimiendo en la tragedia?
¿Impacientas el hacha del verdugo?
¿Te envuelven los rumores que antes fueron la espléndida palabra?
Ladra el cadáver. Se entrega hasta el mármol de tu especie en ruinas.
¿Oyes el silbido de esa hiena disfrazada de pastora?
Es la guerra.
El peregrino que fui me reclina a las puertas del principio del amor,
del indescifrable.

……………………………

Ardimos en horror pero la luz se desata sin fin, aguardándonos.

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Del libro La noche desnuda de rostro ciego

 

El séquito

 

Fue necesario correr entre los muros implacables,
por esponjosas, vampiras destilerías
hechas sólo para entrar como a un edén invertido.
¿Cuándo el cuerpo llenándose de tardías rotaciones
hacia la primera inhumación de la especie?
No me aguardaban esfinges, ni idiomas trasvasados,
ni heredades nocturnas
al compás de un tambor que convoca y redime.
Eran criptas celestes, hebras desusadas
escurriéndose contra todo perdón en la sangre,
abriendo mi boca de destierro bajo un sol de exorcismo.
Y más acá del aluvión, el cortejo invisible
con pupilas que descifran relámpagos en el fondo del vaso,
atajos que olfatean la estrecha salida.
No adulteres respuestas.
¿Y qué pólipos de escalofrío para explicar este vuelo?
¿No fueron ellos los mártires, los furiosos, los obedientes,
los que acecharon la sed y el asco de este mundo
para arrojarse sombríos a las fauces del león
como presintiendo el gusto del infierno?
Grandes despojos decretaron.
Durmieron vanidosos de terror junto al ultraje.
¡La exangüe mansión del escogido!
Se embebieron de un áspero deleite
sin suplicar jamás la llaga en el costado.

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Del libro Mansión Artaud

 

Manuel Lozano, en Córdoba

Dos instantáneas de Manuel Lozano, en Córdoba (España)

 

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(*) Estos poemas fueron seleccionados para integrar la antología Canto al Prisionero, coordinada por el escritor chileno Elías Letelier.

 

Contactar con el autor: fied_bsas [at] arnet.com.ar

Camina por el puente

 

Poemas Descubrimiento de las prisiones

Artículo publicado en Revista AlmiarMargen Cero™ (2004-2005) – Aviso legal

 

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