poemas

 

De viaje

Alguien supiera el significado,
y rondara en torno a mi lecho
parpadeando sus señales,
lleno de guiños y susurros
a la hora de la oscuridad,
entre la ausencia y el alba.

Y no estuviéramos, entonces,
fuéramos de viaje por el Rin,
o por las Hébridas inquietantes,
con una extraña tripulación
de nautas estupefactos,
atada al mástil mi conciencia.

O estuviéramos, pero dentro
de una burbuja de espanto,
y alguien circunvolara
con las claves decisivas,
parpadeando un color azul.

Indiscernible heraldo,
antes que la aurora estalle,
y besen sus labios de rosa el alba,

ya no estarás, habrás huido,
y mi conciencia se habrá
liberado de sus ataduras,
perpleja y vacua ante sí misma.

Renegado

Todos nosotros los tuyos,
y los no-tuyos, los otros
que contigo en el corazón,
y sin ti en la nómina
de los empadronados.

Tarde sea, o vacile
la barca sobre las aguas,
cuando río abajo
el barquero encapuchado
con su carga de misivas,

¿y quién, sino, renegado,
el que con tus rasgos
y tu perfil furtivo,
el que leyendo a hurtadillas,
y huyendo entre las líneas
de los mencionados?

Ni temprano ni tarde
para ya no volver,
o dejarles entrar
en tu tibio aposento
de madera ajena.

Tampoco ella ilumina,
descalza sobre guijarros
por esas mismas calles
que ya no recordar,
sacudido el polvo.

Pero tú con tus rasgos
ocultos huyendo,
y al otro lado del humo,
todos nosotros, los tuyos
y no-tuyos, hermano,
tan tarde ya y tan temprano
para ya no regresar.

Delito de tinta

Desde aquí a la muerte, cofrades,
desde aquí a la muerte, secuaces
de este raro delito de tinta
goteando de todos los poros,
y de todas las horas del sueño,

desde aquí a la muerte las letras
de una lectura de sangre
en el entreacto de existir,
sintiendo transcurrir el tiempo
en mi recámara secreta,
inauditamente demente
de visiones estremecedoras
grabadas sobre la retina.

Llegaremos todos a tiempo
con nuestra carga de fechorías,
y depondremos sobre la losa
lo más amado, oh, lo más tierno
grabado con letras de piedra,

allí nos encontraremos,
camaradas míos, cómplices
de nuestro mutuo desvarío,
y cada uno su propia aflicción
de penitenciario irredento
por el carril de la zozobra.

Hasta la muerte más tuya, truhán
de tinta rebelde derramada,
hasta el final de todos tus días
paralelos a la agonía,
lívido de esa lectura
en las páginas de no despertar.

Hora de todas las horas

En la horas de todas las horas,
despierta, corazón, de tu ensueño,
y mírate palidecer
acercándote a la línea
divisoria de los suburbios,

mírate buscar a ciegas
un asidero en la luz
cuando la luz se derrumba,
cuando una valla de tinieblas
se interpone entre el que fuimos
y el que lucha por seguir siendo,

escúchate llamarla
con una voz quebrada,
escúchate pedir perdón
por todas tus fechorías
de díscolo insurrecto,
escúchate convocarlos
en la hora de no despertar,
en la hora de todas las horas.

Marrón

Marrón el color de sus ojos
en el mediodía del mundo,
observándola aproximarse
por aquella calle ya muerta
en la memoria de los difuntos,
cuando yo el otro que turbado,
el otro que girando en círculos
en torno al mismo punto de fuga,
años más o años menos en julio
repitiéndose sin gastarse.

La boca virgen, los frescos labios
entreabiertos como esperando,
los senos bajo el corpiño
apretados de leche ávida,
y sepa Dios qué señales
la enredadera del pubis
para mí, cuya frecuencia
turbada en la sintonía impura
de un regazo tibio todavía.

Apenas aprisionar su talle
acercándolo a mi contacto,
y sentirla latir de estupor
y de íntimo azoramiento,
cogido yo entre dos corrientes
del mismo signo devastador
y sin claras definiciones.

Ella marrón con olor a mujer
expectante frente a mi cuerpo,
a la hora en que yo el sofoco
de la edad y de las hormonas,

y después ya bruma mi mente,
bruma mi memoria selectiva,
el otro ahogándose en el tiempo.

Cartas perdidas

Dramáticas cartas de amor
escritas en la adolescencia,
oculto en la buhardilla
con tu impalpable desnudez,
bajo el peso estremecedor
de todas tus culpas humanas.

Nunca sabrás, temprana amada,
que un adolescente turbio
buscó refugio en el rincón
más sombrío de la casona,
y descargó allí su tensión
de hijo impuro de algún fantasma
pululante por los sótanos,

nunca sabrás, qué palabras
trasvasaron mis sentidos
a la página desnuda,
envuelta en espesa ansiedad
mi conciencia de joven galán
turbado en su centro motriz,

ni nunca sabré qué escribí
en esas cartas perdidas
entre el polvo y el revuelo,
aquellas tardes brumosas
cuando el turbio adolescente
subió a la umbrosa buhardilla,
y confió al papel desnudo
sus húmedas tribulaciones
de hijo impuro desconcertado.

 

Ulises Varsovia
Ulises Varsovia:
Nací el 2 de julio de 1949 en Valparaíso, cuyo mar y sus tempestades marcaron definitivamente mi persona y mi poesía.
Estudié varias asignaturas humanísticas, y trabajé en tres universidades, tanto en historia como en historia del arte, al mismo tiempo que escribía poesía. En 1985 salí a doctorarme a Alemania, y como mi mujer es suiza, pude trabajar y quedarme en San Gallen, ciudad en cuya universidad hago un par de lecciones.
He publicado 28 títulos de poesía, cinco de ellos en Chile, y tres dedicados a Valparaíso, el último: Hermanía: La Hermandad de la Orilla, en Apostrophes de Santiago (www.apos.cl). El libro más antiguo que he publicado es Jinetes Nocturnos, de 1974, pero tengo otros inéditos más antiguos. En 1972 publiqué un cuadernillo, Sueños de Amor, que circuló sólo entre amigos. Me han publicado más de 70 revistas de literatura de todo el mundo, en varios idiomas, y repetidas veces, y estoy en numerosas páginas web.
En agosto del año 2006 salió a la luz en Sevilla, España, mi libro de poemas Anunciación. Ángeles y Espadas, publicado por la Asociación Cultural Myrtos. Esta misma entidad acaba de publicar mi Antología Esencial y Otros Poemas (1974-2005), que incluye dos poemas de cada poemario publicado, es decir, 52 poemas «esenciales», y tres poemas de 12 libros inéditos, lo que hace un total de 88 poemas. Lo último mío aparecido es Vientos de Letras, también antológico, en colaboración con el poeta andaluz Alexis R., editado por Myrtos.
De los 28 poemarios publicados, sobresalen Jinetes Nocturnos, de 1974/75, Tus náufragos, Chile, de 1993, Capitanía del Viento, de 1994, El Transeúnte de Barcelona, de 1997, Madre Oceánica, Valparaíso, de 1999, Megalítica, de 2000,  Ebriedad, de 2003, y la Antología Esencial.

Web del autor: http://ulisesvarsovia.tripod.com

Ilustración poemas: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

 

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