relato por
Miguel Rodríguez Otero

 

A

 veces me llamas de madrugada para ir a lanzar avionetas de papel de esas que llevan escritas cosas en las alas, o a mirar cómo se abre el cielo como si fuera un sobre de los que no necesitan ir certificados, a contar delfines o coger unos yogures en el súper a la vuelta del café. Otras veces nos vamos a pintar colores en el fondo de los mares que llevamos siempre a punto en el bolsillo del pantalón, como si pudiéramos respirar bajo la superficie de las cosas, de las vidas, y tuviéramos un aire compartido que nos multiplicara la voz. Pondría más ejemplos, amor, pero ya sabes, y sucede a menudo que estando en estos sitios de repente pasan ambulancias, se derrumban futuros, y en un momento se desmoronan tu mundo y tu mar con catástrofes que te enredan el pelo y las manos, mientras tú crees que he ido a verte para estar contigo y mantenerte a flote en tales desgracias que en realidad no he anticipado. De hecho lo cierto es que no sé qué hacer; recién llego y, al igual que a ti, me sorprenden las fatalidades y los tsunamis, que entran siempre sin llamar a la puerta.

Creo que durante un rato me encantaría que pensaras que sí, que he quedado contigo para quererte incluso en este caos sin argumentos, para que no te vengas abajo y te veas bien la raya del ojo. Quizás me quieras por eso, o por el agua de colores y por otras cosas que no vamos a contar aquí ahora. Pero a riesgo de explorar a solas el fondo de mi bolsillo, he de decirte que no es así; que yo solo he acertado a ir hasta ti para tomar una cerveza, poner los pies encima de la silla y silbar y reírnos como absurdos o novios, o como vecinos absurdos que piensan que alguna vez fueron novios o podrían serlo de haber bebido los colores de esas aguas, ya sabes, como tantas cosas que tal vez mejor no contemos aquí, amor.

Y aun así, si alguna vez preveo que un infierno coincidiera con mi visita quiero que sepas que tiraré el calendario a la basura, borraré los refranes de las frases, izaré velas —de papel, igual que todos nuestros barcos— y te llevaré ese fondo del agua en mi bolsillo como en los transportes de emergencia de órganos para trasplantes, vengan o no las sirenas que he conocido hasta ahora en la vida y que me han enseñado a quererte; me presentaré armado hasta los dientes con mi termo de café para silbar absurdo con los pies encima de la silla, si es que la hay, y te llamaré nuevamente guapa, y ratón, y todas esas otras cosas que nunca sé si contar aquí.

No es que se me dé bien conjurar catástrofes, aunque si me lo permites querría invitarte a un poco de café y bizcocho, de esos que no necesitan argumentos ni papeles. Haré lo imposible incluso por llegar en avioneta con todas estas cosas, amor, escritas en los brazos para que puedas vérmelas ya desde lejos cuando mires al cielo.

 

línea división texto Miguel Rodríguez Otero

 

Miguel Rodríguez Otero: Pues, verán, yo no tengo currículo, al menos nada interesante con lo que aburrirme una tarde de domingo. Como orientación: me gusta la sopa (prefiero siempre la cuchara), me destemplo con relativa facilidad y me chiflan los lápices. A mis 46 años, pues, empiezo a darme cuenta de que estas son las cosas importantes en mi vida: un mínimo sustento para poder seguir vivo, una temperatura afectiva a prueba de termómetros, y un rato de complicidad y de confidencia para ir contándose —con o sin lápiz— cómo ha ido el día. Esta es la mayor revolución social, emocional y vital que soy capaz de comprender. Lo demás, simplemente, me parece accesorio.

Hace años escribí un par de cosas cuyas referencias de publicación les detallo aquí:

– La Voz, New York. Resguardos (febrero de 2014 y 468 (diciembre de 2013).

Literal Magazine, Latin American Voices, Houston, TX. ISSN 1551-6962 Aproximadamente. 11 de Noviembre, 2010.

Narrativas, no.8, página 95. Enero-Marzo de 2008. ISSN: 1886-2519. El zapato.

Revista Virtual de Cultura Iberoamericana, New York. ISSN 1540-286X. Lacerta Monticola y La acera (2008).

 

Web del autor: El cucurucho del pescao
http://elcucuruchodelpescao.blogspot.com.es/

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 Ilustración relato: Fotografía por Nelson Olivera ©
(de su muestra Muñecos, en Almiar)

 

archivo relato Miguel Rodríguez Otero

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Revista Almiarn.º 82 / septiembre-octubre de 2015MARGEN CERO™Aviso legal

 

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