Poemas

 

Es nuestra la noche que nace oscura.

Tan nuestra como la habitación negra

que nos envuelve en su papel carbón.

Hoy los cuerpos ocultan las estrellas.

 

En la cama, los dos como una sombra

sin contornos, trazamos en la esfera

de la alta noche medias lunas y élitros

de grillos que devanan las madejas.

 

Es nuestra la muerte de los relojes.

El tiempo sucumbe en la arena seca

del ruedo respirando un último hálito

de cucos, péndulos y sabonetas.

 

La sartén de oscuras opacidades

que mantenía oculta nuestra cena

derramó un aceite virgen de albada.

El almuerzo está dispuesto en la mesa.

 

Huellas
división poema Huellas

 

En los albores del día primero

la casa estaba vacía, secreta.

Había un espejo viejo en la entrada

y un inodoro al fondo del pasillo.

 

La luz vaticinaba una mañana

de cuchillos largos de sol naciente,

y a las ventanas se agarraba el polvo

como caracol vivo a la fachada.

 

La puerta estaba abierta y el silencio

bajaba del cielo a la tierra muerta.

Entré solo, y encontré telarañas,

huellas de la vida, mas no la vida.

 

Marina
separador poema Marina


En una playa blanca,

donde un mar de aceite índigo

remoje las pisadas de aquel niño

que, a lo lejos, me saluda agitando

su casto pañuelo de honestidad.

En una playa inmensa,

donde insondable sea la distancia

entre mi niñez y mi yo presente,

y aunque así no lo quiera.

Porque no manche con mis años malos

el áureo resplandor de la infancia;

porque su criba no tamice el grano

rastrero que soy, hazme el favor, vuélvete,

desanda el camino de la experiencia

y abraza el amor íntegro

de los tuyos. Confía

en mí, el dulce hogar nunca

defrauda, de verdad.

Y ahora déjame solo en la playa,

con la arena blanca como morfina

y con este mar devorador de hombres

que, sin embargo, hoy besa mansamente

las huellas de tus pies.

El mar de las distancias,

el mismo que antaño identificaba

con la ballena azul

y que hoy es símbolo testamentario

de embarcaciones póstumas;

él me traerá un vestigio indudable.

El día en que vislumbre

el final de la playa,

cuando mis pies huellen la última costa

y el faro cifre la señal del otro

lado, una ola prestidigitadora

alargará su mano

de espuma blanca y depositará

en la arena, como un pez mensajero,

un castísimo pañuelo de lágrimas.

 

 

La elección
separador poemas Tic-Tac

  

La espada o el revólver.

La elección del duelista.

Una controvertida decisión

que marca la muerte de una persona

o cosa, y no hablo en broma.

El filo avasallador del acero

o el instantáneo son de la pólvora,

que nunca mienten cuando la hora mala.

Porque desconocemos y, a la vez,

sabemos demasiado;

no es nuestro el tiempo muerto

y las prórrogas son improrrogables.

 

El último de los hombres zozobra

bajo la investidura

de los años malsanos.

Por favor, dile que recoja aprisa

las pestañas vencidas por la gleba

que nos curtió los ojos;

dile que no se olvide

de la orbicular faceta del labio

aquel que alumbró los dientes de leche

de la no muerte. Sólo una vez más,

la comuna de los cuerpos pequeños

y sus juegos atávicos;

un postrer chapuzón,

aunque arriesgue un valioso

chaleco salvavidas,

aunque póstumo sea el sentimiento

de la ropa ahogada.

 

Y seguimos indecisos, ceñidos

a la soga del verdugo, nosotros

que somos los verdugos.

Juegos malabares. Quisiera ahora

hacer acopio de malabarismos

y, sin embargo, las espadas hienden

mis manos y me da miedo el tambor

de la ruleta rusa.

Qué hacer entonces salvo

esperar la conjura de algún necio,

o montar un sincero psicodrama

que nos exima por fin de ser hombre,

para vivir la muerte

como una madre alumbra un nuevo ser.

 

Ensayo general
poemas Tic-Tac


Amanece, y no es poco.

La luz entra triste en la habitación

y alguien duerme en la cama.

Los periódicos anuncian primeras

planas insustituibles,

si bien la gente aún

entrecierra los ojos.

 

Quizás el día llega antes que el alba,

sin descanso o entreacto posible,

y por eso los fármacos

se difunden por la mesa de noche.

 

Hoy el despertador no sonará

a la hora señalada

y no habrá tregua para los sonámbulos,

así que acércate más a mis muslos

y háblame de la vida y el amor,

de esas cosas que pasan y no vemos,

dame una explicación irrefutable

que aclare la emoción

precisa de este instante.

 

Yo espero solamente

volver a verte otro día, quizá

una mañana distinta a la de hoy,

pero igualmente cierta,

con pantalones y medias colgados

de perchas muy lejanas,

y horarios soterrados

por los primeros niños del colegio.

 

Recibe ahora este beso cautivo

en el pecho, y relájate

exprimiendo insomnios de mandarina,

que el telonero duerme.

La representación

ha sido cancelada.

 

greca poemas David Roca Vergara

David Roca Vergara vive en un pueblecito de la provincia de A Coruña llamado Valdoviño, donde nació en el año 1979. Cursó estudios de filología hispánica durante un año, y su vida ha sido y es bastante caótica. Los poemas aquí publicados forman parte de una obra titulada Huellas de la vida, su primer poemario, inédito en la actualidad.

 Contactar con el autor: darover [at] outlook.es

 

Ilustración poemas: Time, By LetsgomusicStyle (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons.

 

Mar de poesías Huellas de vida

Más poemas en Margen Cero

Revista Almiarn.º 78 | enero-febrero de 2015 MARGEN CERO™

 

(84 lecturas, 1 vistas recientes)

Web revisada el