Reseña de la novela de Carlos Manzano
por
Mari Carmen Moreno

 

 

En ocasiones me he preguntado, qué es exactamente lo que proporciona a una novela esa capacidad de atraer al lector desde la primera hasta la última de sus páginas; supongo que no se trata de una pregunta banal, ya que algunas novelas las devoramos con devoción, mientras que otras se enquistan, hasta el punto de hacernos sentir que estamos fuera, en un mundo paralelo, que nada tiene que ver con el universo pletórico de resonancias y espejos que solemos atravesar sin que ni siquiera se nos hayan ofrecido los trucos, las claves cabalísticas que nos permitan descifrarlo. En realidad, es la propia peripecia o la fuerza narrativa de los personajes lo que nos predispone a leerla, a creernos el universo ficcional que se abre ante nosotros, a penetrar en el laberinto con los ojos abiertos, con el deseo averiguar qué sucede, qué grado de verosimilitud se aproxima a nosotros, ya que, recordemos, una novela nos atrae en cuanto nos sentimos involucrados, en cuanto extraemos de ella, una verdad clarividente de lo que pudo haber sido en un tiempo ajeno a la realidad, pero tan afín a ella, que se difuminan las fronteras.

Lo que le sucede al lector de El silencio resquebrajado es que enseguida confraterniza con el protagonista, un personaje que, llegado a un punto de su vida, decide recluirse en un entorno idílico, un espacio hecho a imagen y semejanza de sus sueños, una bella burbuja artificial, donde el afuera se queda sin palabras y el adentro, las emociones más inocuas e incólumes, afloran gracias a un espacio medido a conciencia, donde tiene cabida el arte con mayúsculas: la música, la literatura, el cine; microcosmos capaces de silenciar lo que un día vivimos, o sufrimos, esas experiencias que forjaron nuestra personalidad y crearon una especie de película, una piel dura, camaleónica, una máscara protectora que borre las pronunciadas arrugas que han marcado nuestra existencia.. Lo cierto es que nada mejor que un entorno idílico, alejado del mundo, donde nadie nos moleste o quiebre esa seguridad ilusoria.

Sin embargo, lo que provoca la peripecia narrativa es siempre una catarsis, una situación incómoda, disonante, que penetra en ese mundo hermético en apariencia y abre una brecha, provocando que los acontecimientos se disparen hacia otros lugares recónditos, adonde el personaje nunca hubiera soñado dirigirse. Y mucho menos Antonio, que cree haber cerrado la puerta a las sorpresas traicioneras de la vida y no espera que los inquilinos con los que va a toparse le ofrezcan un cáliz agridulce de experiencias enmarañadas, tristes y resquebrajadas que ahondan en su propio yo hasta extraer de lo más recóndito de su alma, aquellas experiencias hirientes que formaron, en un tiempo remoto, el caldo de cultivo de su hermética alma.

Cada personaje con el que el que se encuentra va resquebrajando un poco más el silencio que él mismo se había impuesto. Son personajes acotados por obsesiones íntimas: un joven, que anhela vivir al límite, que apenas huele la libertad, se lanza en una carrera contrarreloj, sin importarle lo que digan de él las personas que hasta ahora lo han tenido en una mágica, pero irreal torre de marfil que nada tiene que ver con su mundo, porque ha sido estrangulada de antemano por quienes apelan a su vuelta a la cordura; unos padres, cada uno en un polo extremo del desencanto, vapuleados por las circunstancias y engañados por ese mundo de convencionalismos que ellos mismos intentan romper, viviendo una especie de segunda juventud, ajenos a la realidad, enredados en un sedal que estira de ellos hacia el extrarradio de sus vidas, separándolos cada vez un poco más y sin que exista la posibilidad de diálogo o consenso.

Antonio, el protagonista, asiste, al principio, a esas veleidades desde la cómoda postura del voyeur, un personaje que observa y analiza lo que sucede a su alrededor, sin ninguna pretensión; sin embargo, esa curiosidad innata y afín a las personas, lo aproxima amenazadoramente al mundo exterior, rompe la burbuja de protección y le obliga a inmiscuirse dolorosamente en sus vidas, a sentir sus latigazos hasta que estos violan esa pacífica solitud, enmarañando su cotidianidad, ensuciándola, impidiéndole leer, escuchar música, solazarse en esos placeres minúsculos, pero gratificantes.

Una vez más, la realidad supera a la ficción, una vez más el ser humano tropieza con sus propios errores; errores, heridas que quiso fulminar, volatilizar en el aire, pero que regresan, aparecen de pronto, se enmarañan hasta tal punto que no nos queda más remedio que volver a sentirlos peligrosamente.

Carlos Manzano vuelve a enfrentarnos al ser humano que somos cada uno de nosotros, seres pequeños e insignificantes, magnificados por nuestras convicciones, a los que el destino vapulea, y sin embargo continuamos ahí, intentando seguir el rumbo que nos hemos forjado, intentando que el silencio de nuestros corazones no se llene de errores, de promesas y sueños incumplidos, de caminos infranqueables. Al final, una vez más, son ellos mismos, al igual que nosotros, los que deben coger el timón, quienes deben decidir qué es correcto, qué bifurcación del camino los conducirá al infierno y cuál los solazará y los hará sentir que aún y pese a las dudas o frustraciones siguen siendo seres humanos.

 

Para adquirir esta novela (web del autor):
carlosmanzano.net/El_silencio_resquebrajado.htm

 

reseña El silencio resquebrajado

Mari Carmen Moreno Mozo, Nacida en Torrente, en 1968, siempre supo que su pasión era la literatura. Ya con 12 años, emborronaba poemas o leía hasta altas horas de la noche algunos de los libros que formaban la biblioteca de su padre y entre los que se encontraban obras como Sinuhé, el egipcio o Ana Karenina, primeras lecturas que afianzaron su vocación literaria.
Esta vocación temprana le llevaría a estudiar Filología Hispánica en la Universidad de Valencia y fue allí donde comenzó a escribir en serio, sobre todo poesía. Se trataba de una poesía surgida «de una necesidad», una poesía que fluía para desnudar esa «segunda piel que la oprimía», como ella misma le confesó en una entrevista al editor Javier Pérez-Ayala, después de la publicación de su poemario Esa muñeca a la que diste cuerda donde desglosaba sus primeros amores o el dolor ante la realidad que nos obliga a vivir en un laberinto de espejos, no exento de esperanzas.
Además de este poemario, la autora ha publicado cuentos, poemas y reseñas literarias en diversos medios digitales como la revista Luke, Narrativas, Palabras Diversas, Culturamas o Eclipse, algunos de los cuales aparecen firmados bajo el seudónimo de ‘Aghata’.
Como profesora, la autora, que en su momento trabajó en un gabinete psicopedagógico, ha publicado diversos proyectos relacionados con la creación de materiales curriculares para secundaria, así como artículos o reseñas relacionados con la experimentación didáctica. Fruto de ese espíritu didáctico y de su amor por la literatura, han sido las clases de escritura creativa impartidas en Valencia. Algunos de esos materiales, así como de su trabajo literario o didáctico se pueden consultar en sus blog:

· http://porelsenderodelacreatividad.obolog.com
· http://arlequinesdespiertos.blogspot.com.es/
· http://elarlequindehielo.obolog.com/

 

  

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Reseñas en Margen Cero

Revista Almiar – n.º 67 / enero-febrero de 2013MARGEN CERO™Aviso legal

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