relato por
Juan J. Ríos Guevara

 

Llegaron temprano. Casi siempre acostumbraban llegar antes a los lugares donde salían juntos. Él la abrazaba y sonreía; ella bajaba su mirada, cerraba sus ojos y se perdía en sus brazos mientras caminaban lentamente por el poco iluminado pasillo. Hacía un frío que solo ellos lo sentían, ya que no era por ausencia de calor (todos los visitantes de ese lugar lo sienten por algún motivo).

Era de noche, había luna llena, y su luz entraba por una de las ventanas que acompañaban su recorrido. Se detuvieron ahí. La contemplaron. No dijeron ninguna palabra (no hacía falta decirla), solo la miraron en silencio, dejaron que sus miradas chocaran en la luna; porque sabían que al menos en ese momento, eran incapaces de chocar entre sí. Y continuaron su camino.

Llegaron a la habitación. Cerraron la puerta. Se sentaron sobre la sábana blanca que cubría la cama. Estaban nerviosos, como dos adolescentes (era su primera vez). Él la tomó de las manos, y sintió que estaban tan frías como el hielo. O como el hielo mezclado con el viento. O como su alma en ese momento. Ella temblaba.

—Todo estará bien, amor —le dijo, para tranquilizarla.

—Después de esto, seré inútil para ti… ya no seré esa de la que te enamoraste, la que despertaba esa pasión un tanto bestial en ti, la que deseas, la que te mereces… Después de esto seré otra. Ya estoy sintiendo el dolor inmenso de sentirme vacía, de no sentirme mujer, de sentirme… ¡Nada!…

—¿Lo dices por…?

—Sí.

Él sonrió. La abrazó muy fuerte como para asegurarse de que nada la apartara de sus brazos. Le habló al oído:

—¿Crees que esto me hará olvidar lo mucho que las disfruté?

—Pero no volverás a hacerlo más…

Él se acercó a su pecho.

—Escucha —le dijo— el latido de tu corazón es el sonido más maravilloso que existe en el mundo, aquí también puedo escuchar el ritmo de tu respiración; mientras escuche eso, tendré frente a mí al ser más extraordinario que existe, a la mujer más exquisita. Lo demás, amor, es solo ropa que cubre la hermosura. Pero la belleza no está en la ropa; sino en la desnudez.

Le dio un beso en su cabeza calva.

—Estás hermosa mi amor y lo estarás siempre —afirmó con tanta seguridad, con la que cualquier persona lo haría al decir que necesita el aire para respirar. Ella sonrió.

Alguien abrió la puerta:

—Joven, necesito que salga. Daremos inicio con la mastectomía.

Él salió de la sala.

Entró cuatro horas después.

—¡Estás hermosa, mi amor! — le dijo. Y la abrazó. Entre sábanas blancas.

 

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Juan José Ríos Guevara

Juan José Ríos Guevara. Nació en la ciudad de San Miguel, El Salvador, el 7 de julio de 1993. Es profesor en Matemáticas, graduado por la Universidad de El Salvador. Ganador del II Certamen Internacional de Poesía «Desde el corazón» con el poema Tengo una pregunta para ti (Barcelona, España. Mayo de 2013) y finalista en el Certamen Internacional de Poesía «Homenaje a Federico García Lorca» organizado por la editorial Artgerust, e incluido en dicha antología, con el poema Esperando a que regreses (Madrid, España. Junio de 2013).

Contactar con el autor: juanjoseriosguevara[at]hotmail.com

 

Ilustración relato: Minimalism (4376091413), By Randi Hausken from Bærum, Norway (Minimalism Uploaded by russavia) [CC-BY-SA-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons.

 

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Revista Almiarn.º 76 / septiembre-octubre 2014
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