poemas por

Diego Cáceres

 


Palabras resbaladas frente al plato

 

me abrazó con los brazos

de sus náufragos recuerdos,

 

sus retazos, los de aquel tiempo,

aturden   aturden   aturden…

 

¡silencio!,

un gélido ángel pasa,

me persuade con sus

grises y germinadas yemas,

 

acrobáticos llamados hago

ante la muralla de su tierna inocencia,

 

se me da imposible

no recordar sus pupilas

observando la delgada y

desnutrida tarde,

 

estresados dedos, los de mis poros,

la buscan entre la plasticidad

de alguna trascendencia,

 

la zumbada tarde y

sus decaídos soles

se me contagian triturados

ante el último paseo

de sus membranas,

 

frente al plato las palabras

se me resbalan,

 

un silencio descalzo

se zambulle entre el castaño atardecer,

me abraza y sus desanimadas alas

emigran hacia otros otoños…

                         ¡un ángel pasa!

 

 

margencero-imgtacitas de carmines moldeados

 

desde la pureza infantil

de sus piernas embriagadoras

al inocente grito

de sus pieles seductoras,

 

entre el pulso de su mirada morada y lágrimas de parras,

 

en la impávida tacita de té

una a una, violáceas palabras se suicidan

en los poros y paros de su carminesencia,

 

entre el vago y divagante suavignon

acaricia la fórmula cuadrática de su ausencia,

arrulla la química analítica de su distancia,

 

introvertido sentir de carmines labios

ciegos,

sordos,

mudos,

 

sólo, dulceabundamente, queda

el letárgico adios de sus taninos moldeados

en el pretérito imperfecto del predestinado amanecer

de un sur (ser) olvido y olvidado.

 

 

entre la merienda y los anteojos
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pero las reglas fueron simples,

de repente, todo se llenó de dudas y mudas,

 

¡chiquilla!

perdiste la palabra

 

(re) buscaste una vez y un par de veces más debajo del mantel,

en el hondo fondo de la tetera que compraste en oferta,

creíste que se escondía en el pulular de las tristes peluzas,

en los remolinos laberínticos de tus rulos, entre los deshilachados almohadones,

en el mutante vientre del ropero           en las huellas del anhelado futón,

en tus apuntes de mattelart, entre los medios y la mediación,

en tus anteojos de alambre azul que ya no te dejaban ver el sonrojado atardecer,

en el vegetal almanaque de días descaontados que terminaron atrapándote,

en todos tus rincones (re) buscaste

 

menos en tu mirada… ¡tu mirada!

 

en la ordinaria merienda entendí cuál era ese (mi) lugar

entre los valles de tu ausencia

¡chiquilla!

 

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DIEGO ALEJANDRO CÁCERES (Santa María, Catamarca, Argentina, 1978). Profesor en Lengua y Literatura y Técnico en Sonorizaciones. Actualmente vive en los Valles Calchaquíes, noroeste argentino. Es innegable que sus vivencias, tanto en el noroeste, como su vida en la Patagonia argentina, el contacto con esos pasajes mezcla de frialdad y magia, y su trabajo de docente, le han marcado una manera, se dirá, particular de ver y percibir la realidad, sus sensaciones e imágenes; experiencias en las que ha (re) encontrado sentidos en las palabras que nos cuentan y catan el día a día de nuestros días. Escribidor (como le gusta decir) desde sus 14 años, con sus anteojos y su libreta, con una literatura que juega a presentar emociones que buscan respuestas. Con su mirada castaña siempre en la búsqueda de (re) nombrar ese mundo que (re) conoce y explora en sus viajes, lo hace suyo y toma prestado pequeños fragmentos de ese mundo.

Contactar con el autor: dondiyoyangelgris [at] hotmail.com


Ilustración poemas: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

 

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Revista Almiarn.º 75 | julio-agosto de 2014MARGEN CERO™ – Aviso legal

 

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