presentación del libro de

David Morán & Luis Amézaga

 

 

Dos mundos, doce capas… una sola liberación

El Reloj de Arena es el dietario epistolar de dos escritores  y a pesar de ello amigos— que, separados por el extenso Atlántico, confiesan  las batallas personales que cada uno libra mes a mes. Entre ambos comparten reseñas literarias, experiencias personales, reflexiones íntimas, crónicas políticas y escenas cotidianas. Amézaga, el español, es reflexivo, descarnado, sagaz escritor de letra refinada; en cambio Morán, el hondureño, es más descriptivo, narrador anárquico de toscas pulsaciones.

Alternado cada aporte literario, como diminutos granos de arena, cubren el ciclo temporal  que plasma un fragmento de sus vidas, donde el tiempo, la intriga de dios, la muerte y las crisis sociopolíticas en las que se retuercen sus respectivos países son constantes en toda la obra. Temas que les obligan a refugiarse en un melancólico bar de fantasía (Google docs), donde decidieron grabar esas memorias que les han perturbado casi hasta la extenuación. 

 

Extracto del libro inédito Reloj de Arena,
para revista Almiar-Margen Cero

 

 

Morán

La novela es el peso pesado en literatura. Un pugilato entre el escritor y el tiempo sobre el ring de probabilidad invidente. En semejante evento sólo existe el noqueo como única victoria reconocible, y no vale en absoluto tirar una toalla ensangrentada sobre la lona. El creativo se mantiene contra las cuerdas, huérfano de entrenador y desprovisto de un réferi que mantenga la riña sobre ley. No hay campana, es a un asalto único que puede durar meses. Si la fantasía se sobrepone, tirando al suelo el tiempo y sus risibles fantasmas de alcantarilla, es posible que no exista fuera del cuadrilátero vítores para un triunfador patético,  en especial al cundir ese silencio que sólo produce la incomprensión, amalgamado, por qué no decirlo, con mediocridad, pues la lucha se erige sobre una bilocación cognitiva del yo. Si caes puede que no te levantes, aunque  existe la esperanza: droga de fe para ciegos y desamparados. De triunfar sobre el tiempo la imaginación se baña en palabras, se viste elegante para una cita a ciegas con el lector imprudente. El tiempo se levantará otra vez, para volver a luchar con ayuda de sus acólitos. Siempre.

 

Amézaga

* Para Borges, sin Poe es inconcebible la literatura actual. Inconcebible es la literatura actual con o sin Edgar Allan Poe. Inconcebible es la literatura como hecho que aspira a ser real a costa de la irrealidad. El escritor de Boston tenía fama de llevar una vida atormentada y misérrima. Un tipo libertino y mujeriego, falsario, alcohólico, poeta y jugador. Ahí es nada el muchacho. Fijémonos en el hecho de incluir el término poeta entre el serial de virtudes. Y es que algunos escritores tienen bula, en nombre de la genialidad se pueden permitir el lujo de ser unos cantamañanas. Cualquier comportamiento infantil, déspota o depravado, tiene explicación si el individuo en cuestión es un fenómeno en el arte de juntar palabras. Todo se le perdona e incluso se aplaude si va acompañado de relatos bien armados que entretienen al público carente de imaginación. A Poe lo encontraron moribundo en una taberna, pero antes de ese momento había escrito cuentos relacionados con la muerte y los hechos macabros, tan atractivos. La vida va por delante y por detrás de la escritura. Pero la vida tiene fecha de caducidad y la escritura, por desgracia, no. Sobreviven los cuentos. Muere la vida. Poe fue trasladado a un hospital. El médico residente John Moran manifestó después: permaneció «sin darse cuenta de su estado» hasta las primeras horas del día siguiente. A un recién estupor le sucedió entonces un «temblor de los miembros», así como un delirio con «incesante e inane conversación con objetos espectrales e imaginarios en las paredes». La vida volvía a vengarse de su imaginación narrada en diferentes relatos. El doctor Moran declaró que sus últimas palabras antes de expirar fueron: «Que dios se apiade de mi pobre alma». Para dios el alma (pobre), para los hombres la literatura (ella que se considera tan rica). A dios lo que es de dios, y al César lo que es del César. Me tomo la licencia de escribirle la última frase a Edgar, la que no pudo escribir: «recibí un trato exquisito en la morgue».

 

Morán

* Soñé algo rico, pero dejé correr la sensación sin darle importancia. Aquello parece tan distante. Ahora son las 4:30 de la madrugada en la luz de mi reloj que apenas dibuja penumbras. Este es el problema de no poseer una buena mujer al lado y, en su ausencia, se olvida la práctica higiénica del placer egoísta. El organismo acaba por expulsar el excedente que recuerda la inutilidad de la vida, y la soledad, que carga con la miseria, embellece el cutis de la barriga con una hedionda mascarilla de atún milenario.

 
Amézaga

* Me he despertado con la veleta señalando al norte. Sin libido en la mente, el apéndice se reivindica exultante. Algunos le ponen nombre al cacho carne porque mantienen una relación muy íntima con él, de tú a tú. La infrautilización lo alza en rebeldía. Sé que mis circunstancias lo han relegado a un plano accesorio y en ocasiones molesto. Le explico que no encuentro un lugar para él, que eso son cosas que ocurren con el beneplácito de una mujer que no aparece. Pero no se conforma. Sigue en su posición altanera, desafiante. Albergaba la ilusión de que con los años tendiera a bajar la cabeza, pero me ha salido orgulloso. Y puesto que no se realiza, he pensado en utilizarlo para buscar pozos de agua como el zahorí maneja su varilla, o quizá como puntero digital, o bien de periscopio lunar. La luna siempre tiene el color de los ahorcados. Me temo que ya enterrado, siga dando de qué hablar. Por eso he pensado en escribir un epitafio parafraseando al archiconocido perdonen que no me levante. Sería algo así: «Perdonen si aún se me levanta».

 

arabesco libro Reloj de arena

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separador vídeo reloj arena


David Morán
. Tegucigalpa (Honduras). Estudió psicología en la Universidad Autónoma de Honduras. Escritor de oficio sin beneficio y poeta por necesidad, ha colaborado en diferentes publicaciones y su último trabajo publicado es La Conspiración de la Sirena. Escribe en su blog Neurocosmos y actualmente está trabajando en una novela para su posible publicación.

* * * *

Luis Amézaga. Vitoria (España). Ha escrito numerosos artículos y colaborado en diferentes revistas literarias. Entre lecturas y escritos concibe la medida del tiempo. Escribe en su blog El Búnker travestido y su último libro publicado es Una semana de arresto domiciliario, que se puede leer en Almiar-Margen Cero.

 

Blog de la obra: Libro-Dietario Reloj de arena

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Revista Almiar – nº 64 / mayo-junio 2012MARGEN CERO™
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