poemas por
Camila Charry Noriega

 

6.

Olas sobre el ojo abierto de la gaviota abatida
en la arena de la playa.
Difícil saber cuál murió primero.
La ola en la costa que revienta y se divide perdiendo la unidad;
la gaviota muerta en cuyos ojos de agua
se fragmenta el mar.

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12.

Respira hondo el toro herido
y su hocico dilatado es como la noche.
Todo es sed en él
su bramido
su pesado paso entre fantasmas
sus brillantes ojos
calcinados por el aire que sale de su boca.
Como la noche
su hocico sangra sobre la verde hierba.

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14.

Sin órganos calientes
la araña
come sobre hilos brillantes
la carcasa de la mariposa.
Sin embargo todo sigue siendo la vida
bajo la lengua fría del hambre.

20.

Se abre la tarde; un río.
En su hondura vacilan mis ojos
que temen la entraña de la tierra
su lengua que lamerá mi vientre
y me vaciará de memoria.

 



22.

La casa se desploma a las seis de la tarde.
Bajo una luz rojiza recogemos la mesa;
no iré a misa
no me casaré.
No saldrán de mi vientre
nada más que culpas.

 

 

linea-gris-small24.

Crece la raíz de una flor
en medio de la noche.
Palpita el corazón
palpita a la sombra de mi nombre.
Mi perro me ha dejado
tras un haz de luz se ha ido
a lamer otras manos que no lo amarán como yo.
Tengo el vientre cuarteado y solo hasta siempre
y las manos negras por borrar de la ceniza las palabras.
Sé de una voz que desde ahora
me anuncia el nombre lejano de mis padres
sus ojos imposibles.
A tientas busco mi lengua
y arrancó su raíz
para que no crezcan más latidos.

 

36.

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Murió, la semana pasada, mi perro.
Lo simple reconoce en el espíritu su morada.
Pasan los días y sus noches, le oigo aullar desde su paz.
Desde mis manos, la ausencia de su hocico
cubre el sitio donde durmió.
Bajo la lluvia todo parece menos cierto
y a veces un temblor en mi puerta
me obliga a creer que me sigue
que olfatea mi tristeza y busca mi mano
para lamerla otra vez.
Eso quiero creer
porque la bondad del mundo no puede ser tan poca
porque reconozco su vida, la que fue
como una señal cierta y firme
de una voluntad que acerca, definitivamente,
lo poco del mundo que de verdad nos premia.

 

                              38.

Todavía el hueso sostiene la mejilla caliente del animal,
la crispación de la carne sostiene
la desgarradura y el tajo abierto que libera otra extraña desnudez.
Arden junto al fuego el cuchillo, la lámpara que inició el calor
y algunas de las sílabas que la noche luego del rito devora.
Sobre la mesa los libros derraman hojas secas
que el viento arranca y lleva y eleva
como un carnaval de fantasmas enardecidos.
El hueso arde y se cuartea
la carne, los tendones silban y todo huele a pan.
Tras el cristal de la ventana danzan libres
sobre la cuerda tendida en algún remoto patio
una falda húmeda, un pantalón y unos calzones
que luchan contra la ingravidez;
presencias de lo humano, de la carne que se persigue y se olvida.
Con una cuchara se revuelven las cenizas
y se disponen como frescas legumbres en los platos junto al pan,
el espejo refleja un reloj de pared
que avisa como siempre que la mesa está servida
no hay mantel
en su lugar una sábana cubre la madera y un cuchillo
corta la lengua para que haya silencio
y brille solo entre el fuego
el animal desterrado
que cubre todos nuestros huesos.

 

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43.

Tú dices que no es solo la luz
la que me hace hermosa desde la ventana
por la que me observas encender el fuego
y entretener a los perros.
Dices que aún en este cuerpo que envejece
ves la piel que tu lengua ha herido tantas noches.
Ya no tengo veinte años
ni los ojos impasibles ni el capricho de la palabra cruel.
Aun así, tengo ahora, dices
esta sangre
que se juega en cada beso su final.

 

45.

Profunda y perversamente
desde las entrañas
y la convulsión de las heridas,
como se quiere el terror
yo te quería.

 

Camila Charry NoriegaCamila Charry Noriega. Es profesional en estudios literarios y profesora de literatura. Ha publicado los libros Detrás de la bruma (Común presencia editores, Bogotá, Colombia), El día de hoy (Garcín editores, Duitama, Colombia), Otros ojos (Elángel editor, Quito, Ecuador) —al que pertenecen los poemas aquí publicados— y El sol y la carne (Ediciones Torremozas, Madrid, España). Ha participado en diversos encuentros de poesía en Europa y América. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, francés y rumano.
Contactar con la autora: camilacharry[at]hotmail.com 

🖼️ Ilustración poemas: Pintura (detalle) por Mónica Vila ©,
de su exposición en Almiar (Ver muestra).

 

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