poemas por
Pablo Soldevilla

En mi familia, todas mis tías tienen perro.
Está Vizo, Blas y Nela.
Pienso en mis tías y visualizo a sus perros:
Vizo, Blas y Nela.

Vizo es un perro de caza frustrado en un piso con una viuda
Blas es un chihuahua que se creé Sansón
Nela es una hija de mil perros.

Cuando se juntan los tres, compiten por atención
humana.
Cada uno juega sus cartas
para ser premiados con afecto
humano.
Es su droga.

El ganador, es llamado y recibe su premio.
Unas caricias.
Pronuncias su nombre y se acerca a ti,
moviendo el rabo,
los otros dos ni se inmutan.

Es curioso
saben identificar perfectamente su nombre,
pero escuchan el nombre de un primo perruno suyo
y les invade la indiferencia.

Me pregunto si realmente Vifo
sabe quién es Nela y Blas, y viceversa.
No como perros, sino como nombre
que identifica a un individuo.
Vifo es Vifo,
Blas es Blas
y Nela es Nela.

Quizás, los perros, después de tantos milenios juntos a los humanos
han adquirido sus idiosincrasias:
pensar solo en ellos y que se la suden los demás.


                 La puerta del cielo

Solía pasear por los jardines escondidos,
cabizbajo,
cuando pretendía olvidar que no tenía forma de escapar
en el Portacoeli.
Fumaba un poco de hachís bajo los pinos,
rodeado por centenares de caracoles blancos.

Destacaban entre hierbajos verdes y gotas de rocío,
insignificantes,
iguales a los enfermos vestidos con batas blancas.
Caparazones que evocaban... que las horas...
muy despacio...
pasaban...

Cuando termina de fumar volvía con los otros.
Me preguntaba subiendo los escalones empedrados
cuánta vida inútil restaban antes de la gran patada.
Manchando pañales, en el monte recluidos,
silenciados sus lamentos por el follaje.

Atravesaba, decepcionado, el portón anodino.
No entraba al cielo, rebosaba sufrimiento.
Sus paredes blancas y frías
helaban el ambiente.
Tampoco era el infierno,
tan solo el purgatorio porque apestaba a hospital.


                 Cuarenta años

Tengo un amigo que se ha acostado
con decenas, centenares de mujeres,
pero previo pago.

Nunca se la ha jugado con una mirada
lasciva,
siempre le han faltados huevos.

Por eso jamás ha experimentado
la sensación de sentir a una mujer
contraerse de placer carnal sincero,
ni ha escuchado sus gemidos
mientras le clavaba las uñas.

Tengo un amigo que tiene cuarenta años
y sigue siendo virgen.

 

       Banderas
Banderas en los balcones,
banderas en los relojes,
banderas en las mascarillas,
banderas rojas y amarillas,
banderas rojas, amarillas y moradas,
banderas esteladas,
banderas enfrentadas.

Banderas en llaveros,
banderas en mecheros,
banderas pintadas en brazos,
banderas adornadas con lazos,
banderas anudadas en las caderas,
banderas que ocultan las posaderas;
banderas, banderas, banderas y más banderas.

La única bandera que me gusta
es la bandera pirata
porque ninguna bandera paga mis facturas
pero algunos viven muy bien a costa de las banderas.
 

                 Mens sana in corpore sano

Mi dentista
me ha recomendado
dejar de fumar.

En mi último chequeo,
la médico
me ha aconsejado
dejar de fumar.

Mi psiquiatra
y mi psicóloga
coinciden
en que no es el momento
de dejar de fumar.

Todos los caminos no llevan a Roma.

 


 

Pablo Soldevilla Bocanegra: «… a veces voy, a veces vengo pero nunca me quedo. Ah, me gusta la cerveza y las bravas».

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Ilustración: Imagen generada por AI (en Pixabay).

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N. del E: Se ha procurado que la edición de los poemas aquí publicados guarde la anchura de las líneas tal y como las escribió su autor. Para leerlo en un dispositivo móvil aconsejamos que el aparato se sitúe en posición horizontal.

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