poemas por

Pablo Benavente Bonfante

 

Me encanta la facilidad con la que nos prometemos eternidades

que no compartiremos pero sí veremos juntos,

mano a mano,

codo con codo

y puede que (si me dejases) ombligo contra ombligo.

Creo que moriré de viejo

solo porque siempre quise morir joven

y el karma me debe unas cuantas.

Moriré viejo y solo

pero ya le voy viendo sus puntos fuertes,

tu bailarás salsa con las demás abuelitas,

yo babearé un poco más que el primer día que te vi bailar

(pero ahora con algunas arrugas de más y algún sentimiento de menos)

y seguramente me pondré celoso del viejo verde de mi derecha que me dirá:

«Qué buena está la de la salsa esa, ¿Eh?».

Y con una mezcla de pena, alegría y asintiendo

pensaré cómo decirle que te conozco mejor que nadie,

que a mí no me venga con esas,

que él no te ha visto despertar en su cama

y tampoco ha podido desear que duermas para siempre

solo para poder observarte una eternidad más.

«No me jodas viejo,

llevo aquí más años que tú y nunca sabrás lo que yo sé.

Nunca podrás tenerla en tus brazos,

acurrucada y con una mano en tu tatuaje,

sonriendo por cualquier cosa,

pero dejándome pensar que es por mí.

Y con eso basta, créeme».

Seremos viejecitos en el mismo parque

y yo seguiré con la broma de «¿Ya?» cuando digas «Me voy»

«Si aún ni he empezado —aunque todo esté a punto de terminar—».

Y puede que le tapes los oídos a tu pequeño para que no oiga mis burradas:

(y de paso restarle importancia a ese rosado de tus mejillas arrugadas)

«Nunca cambiarás».

Y sonreiré con una de esas sonrisas tristes de cientos de años queriendo lo mismo:

«¿Cómo voy a cambiar? Sigues existiendo».

 

A cien mil kilómetros de tus besos

 

¿Sabes?

Salvando las salvedades,

tú y yo podríamos ser magia.

No me hagas mucho caso,

se dice que no se piensa nada bueno más allá de las dos de la mañana ¿No?

Pues ya son las cuatro y media casi

y estoy aquí,

desnudo,

pero sin tu sonrisa de anuncio ni tu escote de infarto,

sintiéndome como el que estuvo a un paso de sortear la suerte,

pero al final lo pillaron

y le tocó quedarla.

Igual debería ir anotando con una cruz

(pequeña,

para que quepan muchas)

cada vez que fantaseo contigo

y que cada una valga un beso

a cambio de cada puto kilómetro

que separa mi pecho del tuyo

y mi lengua de tu ombligo.

Que eso de la lucha de poder

o las peleas para ver quién manda

(en la cama)

o quién (no) lleva los pantalones

a mí no me suena tan mal,

ni lo veo un problema.

Incluso las echo de menos.

Porque sí pequeña,

por absurdo que te suene,

te echo en falta.

Ahora hazme un favor,

y no me vengas con esas de «es imposible, idiota»

que sabes que me gusta que me insultes,

tan bien como sabes que no me van las leyes

y que en tu caso solo respetaré las físicas.

Que te sueño tanto,

que ya es rutina despertarme empalmando tu último orgasmo

con el pito de recreo del colegio de enfrente.

Que te encerraría en el baño de tu bar favorito

para esnifarnos esas cuatro letras en fila india,

y demostrarte que las llevo dentro de verdad.

Que tú y yo

(y sé bien de lo que hablo)

nos bastamos,

pero no nos sobramos.

 

Hacer(te)lo bien

 

Mira que me han dicho mil veces que cambie,

que no soy bueno,

que puedo ser menos malo,

que no lo he hecho bien

y me entra por el ventrículo derecho y me sale por el izquierdo,

que ni a derechas lo entiendo.

Pero luego estas tú

que pareces sacada de una santa realidad paralela

donde mierdas como yo nunca han existido,

ni llegarán a existir,

gracias a ti seguramente.

Que te dejaste caer en modo «salto de ángel»

pero te posaste en el suelo como si el cielo tirase de ti hacia arriba,

para que no te hicieses daño.

Que vas por ahí derrochando mil ilusiones,

regalando besos como si fuesen promesas inocentes

y disparando sonrisas de calibre .50 a quemarropa

como si todos fuésemos de hormigón

y fuéramos a recibirlas como si nada,

como si no pudiéramos enamorarnos también

o no fuéramos a echarte de menos

si algún día decides volver a ese paraíso del que saliste.

Que no te intento convencer de nada,

fijo que tu mundo es mejor que este,

estabas tú.

Pero

¿ves todos esos nubarrones de ahí delante?

No te mentiré,

todo está lleno de dragones,

y puede que no sea tan bonito,

ni que estemos a salvo ni siquiera cogidos fuerte de la mano,

pero te puedo prometer,

que para hacerte daño tendrán que pasar sobre mí,

mi cadáver,

mis maldades

y mis historias,

que contigo todas quieren hacerse «de los buenos»,

conquistar(te) el mundo

y hacer que te sientas como en el paraíso,

como en tu casa.

 

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pablo-benavente-autorPablo Benavente Bonfante. (La Línea de la Concepción; Cádiz; España; 1989). Es Licenciado en Derecho por la Universidad de Cádiz (Algeciras), cursando en la actualidad el Grado de Historia en la Universidad de Granada. Durante su época de bachillerato publicaba historias cortas y poemas en la revista del instituto. Fue Cuarto finalista en el concurso de bloggers de la revista 20minutos, en el año 2009; Decimotercer finalista en el concurso Bitacoras2010 y ganó un premio de poesía en la Universidad de Sevilla, en el 2009. Actualmente recita eventualmente en La Tertulia (Granada).
Contactar con el autor: pablostinson [at] gmail.com
Blog: Vía de escape por Amor al Arte (http://estenoesmivasodebatman.blogspot.com.es/)

  Ilustración poemas: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

 

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