poemas por
Millán Cruz Hernández

Pertenezco al oeste,
no hay viento ni alto muro
que me excluya.

Soy de una raza egregia
de recios y robustos soñadores.
No podrá partirme el rayo
ni el hacha de la duda, tampoco 
el filo hiriente de la pluma.

Desde el inicio, lejanamente,
pertenezco al aire limpio y puro
que llena las estancias, domino
todo el ambiente inmenso
entre el este, el norte y el sur.
Soy la hoja perenne de la encina
que no se altera, resiste,
ni cae, ni se adormece.

Pertenezco a un batallón
de aguerridos gladiadores:
No hay lanza ni espada capaz
de abocarme hacia la muerte.
Soy lluvia caída de la nube
que sumisa besa el suelo, asciende
y vuelve hecha tormenta.
No hay desierto bastante
que deseque mi torrente.

Pertenezco a la llama viva
de un fuego rojo inagotable,
no existe noche oscura
que me apague y me consuma.
Soy vigor de la tierra,
no desfallezco fácil
aunque el arado me rasque
y pretenda en vano dividirme.

Pertenezco a las aguas
de torrentes, ríos y océanos.
Soy gota de lluvia transparente
que llena los mares procelosos.
Soy velero de espuma incandescente,
bogando silencioso en lo profundo.

Pertenezco al sol, a los planetas,
a la luna y las estrellas:
Soy luciérnaga animosa
que bebe de su luz, de su energía.
Soy un componente de la vida,
también habité el Jardín del Edén:
Me hicieron del barro primigenio,
no hay manzana que envidie
ni serpiente lisonjera que me engañe.

Pertenezco al alma de los sueños,
los mares de galaxias.
Soy suspiro que calcina las brasas
que con su aliento vital
quisiera inútilmente consumirme.

Pertenezco a los hombres,
soy esencia de la humanidad
que completó el ciclo de la vida.
El dueño del cielo y tierra,
a una raza milenaria pertenezco,
no me dominan palabras esdrújulas
ni cortantes silencios pretenciosos.

Soy rey en el oeste, 
fulgor y antorcha, no hay
un solo dios que me dispute el trono.

Los aires de Jálama

Sopla en Jálama un viento limpio y frío
que inunda el alma
y lava el pensamiento.
Allí fuimos felices hijos de lo oscuro,
nos enseñó a amar la luz del día.
Hablaba de las recias gentes de la zona,
de sus logros y penurias,
de las miradas ausentes de emigrantes.

Ese viento es alma de esta tierra,
aliento en el cansancio, gloria y paz.
Nos acercaba aromas y frescura
bajo los castaños, robles y nogales; animaba
a beber del agua clara del arroyo Cervigona,
y a fundirnos en su cascada luminosa.

El viento, sí, ese que se llevaba
la paz y la cordura; con su voz y su espectro
punzaba y hería el sentimiento, se expresaba
con el lenguaje de la «fala»: Un regalo
de los dioses con siglos de existencia.

Los aires de Xálima nos revelaban
las tristezas y alegrías de la luna.
Despertaban el cielo en el alma dormida
para tornar en dulce paraíso
los infiernos cotidianos que palpitan
bajo luceros y estrellas.
Cuando rugía con fuerza
arrancaba de los pechos bendiciones,
no nos daba tregua ni consuelo
por esperar ansiosos cada día
en el entorno, una renacida primavera.

(1.er Premio Certamen El Bardal, 2023)

La niña de miel

Lloraba el naranjo
en la noche fría,
la luna callada
con pena sufría.

La rosa pensaba;
musitaba el azahar;
le marcaba una estrella
el sendero en el mar.

La niña de miel es aura,
la noche lava su pelo,
al cielo llevan su alma
ángeles en un velero.

El viento eleva su aroma,
robó en silencio su vida;
se llevó sus alegrías,
quedó en el aire una herida.

La niña de azahar
se fue con la brisa;
su rostro brillaba
con tierna sonrisa.
Ya duerme a la niña
en brazos la luna;
los luceros festejan
velan ya su figura.

¡Regresa, niña, regresa,
con tu canto y tu mirada.
Regresa con tu silueta
en corcel de oro montada!

¡Niña de miel y azahar
vuelve cabalgando al viento,
escápate de sus garras
con tu arrojo y sentimiento!

Roto el hechizo de los sueños

Te dije adiós
y tú lo repetiste.
Ya no caminaremos juntos
como antes.,
ni miraremos en la misma dirección.
Tampoco, cada noche,
cruzaremos los abrazos.
No me susurrarás,
ni yo contemplaré tus ojos.
Quizás alguna lágrima
resbale desde el alma.

Juramos vivir eternamente juntos.
Íbamos a morir juntos para siempre.
Me dices adiós
y yo te lo repito.

Mañana,
deambularemos entre otras gentes,
hablaremos de otros temas,
pensaremos otros sueños;
moriremos por otros sufrimientos.
Pensábamos seguir la misma senda,
acabar la vida juntos.

¿Te paraste a pensarlo?:
Adiós es separarse, olvidar el pasado,
cortar el hilo que nos unía.
A partir de hoy,
nos citaremos con otras personas.
El sol te calentará a ti,
a mí, me calará la fría lluvia.

¡Cuántas cosas nos quedan por hacer!
Pero, es momento del adiós.
Sin usar me quedan:
Abrazos para el cuerpo y besos en los labios,
caricias en las manos, palabras en la boca,
pasión en el corazón, aturdimiento.

No se puede luchar contra el destino,
ni siquiera el poeta lo consigue.

Cuando llega el momento del adiós
se abrocha la noche con el suelo,
se rasga el aire, sin hacer ruido
se rompe el hechizo de los sueños.



 

Millán Cruz Hernández
Millán Cruz Hernández
.
Lleva poco más de dos años escribiendo y está preparando un poemario que espera vea pronto la luz.
Se he presentado a algún certamen, siendo finalista en:
– El Certamen Sierra de Francia 2022.
– Certamen Euphoria 2023 (entre más de tres mil participantes).
– Certamen de Tudela 2023.
y ha recibido los siguientes reconocimientos:
– Accésit en certamen Sierra de Francia 2023.
– Ganador I Certamen El Bardal 2023.
📬Contactar con el autor: ruycross21[at]gmail{dot}com

🖼️ Ilustración poemas: Fotografía realizada mediante técnicas IA, a partir de una imagen publicada en Pixabay por Alfons Landsmann.

 * N. del E: En los poemas aquí publicados se ha procurado que las líneas guarden la extensión tal y como los escribió su autor. Para la lectura de esta página en un dispositivo móvil aconsejamos que el aparato se sitúe en posición horizontal.

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