artículo por
Salomé Guadalupe Ingelmo

 

Hace muy poco, el 30 de agosto de 2015, celebrábamos el nacimiento de Mary Shelley. Pero Mary, de alguna forma, creía vivir bajo un signo de muerte que había de acabar por arrebatarle a todos los que amaba: su madre, su esposo, sus hijos… Una obsesión que supo reflejar muy bien Gonzalo Suárez en el guión de Remando al viento, adaptación cinematográfica de la vida de la escritora, donde el monstruo que catapultó a Mary a la fama no deja de ser también una alegoría de la muerte. Mary no puede huir de su sino como un autor no puede escapar de los hijos que, para bien o para mal, ha traído al mundo con su imaginación. De ahí el título de mi relato Vendrá la muerte y tendrá tu rostro, mi particular homenaje a Mary Shelley que verá la luz en breve bajo el sello Saco de Huesos, en una antología —Siglo de sombras— sobre la literatura de terror decimonónica. Vendrá la muerte y tendrá tu rostro, por otro lado, parafrasea el famoso verso de Pavese: «Vendrá la muerte y tendrá tus ojos». «Muerte que nos acompaña de la mañana a la noche, insomne», afirmaba acertadamente el poeta italiano, y la vida de Mary es el mejor ejemplo.

La suya no era una obsesión gratuita. Ciertamente Mary tuvo sobrados motivos para sentirse así desde su mismo nacimiento: su madre murió al traerla al mundo. Gozó de una vida plena y poco común para una mujer de su tiempo en el plano intelectual, pero a la vez su existencia se puede considerar trágica: el rechazo de su padre y de la sociedad en general por unirse, con tan sólo diecisiete años, a un hombre casado —con quien curiosamente empezó a encontrarse a escondidas junto a la tumba de su madre, quien tras una intensa vida amorosa que había incluido a hombres casados, había dado a luz a su primera hija, la hermana mayor de Mary, fuera del matrimonio—, el desarraigo y la precariedad económica, los devaneos de Shelley… Finalmente, más tarde, la propia muerte de su amigo Byron.

Mary, en cierto modo, comenzó una nueva vida en la madurez; con la pérdida de sus seres queridos se convirtió en una mujer emancipada. Quiso mantenerse independiente y, aunque tuvo pretendientes, no se unió en matrimonio a ninguno de ellos. Siguió trabajando en la literatura, como escritora y editora, hasta el final, inmune a las habladurías que habían atribuido sus primeras obras al talento de su padre o de Shelley.

En la sombra, un personaje tan discreto como ella si exceptuamos el escándalo que supuso su huida con un hombre casado, dio una lección sobre lo que una mujer podía llegar a hacer. No abanderó la causa de la emancipación femenina ni fue un icono de la lucha por los derechos de las mujeres; sin embargo dio un ejemplo práctico de que el respeto y la razón se ganan más con los hechos que con las palabras, de que no hay verdadera lucha si no hay acción. Como se suele decir, el movimiento se demuestra caminando. Personalmente siempre he creído que han hecho mucho más por la causa de la igualdad de género esas mujeres que de forma temprana defendieron su derecho a vivir como estimaban oportuno, aunque esa forma de vida no agradase a la sociedad de sus tiempos, que aquellas que se entregaron a la tarea de decirles al resto cómo habían de vivir. No desprecio movimientos sociales como el sufragista, por ejemplo; sencillamente creo que nada convence más al otro de lo que realmente eres, es decir un igual, que el que tú te sientas realmente un igual y actúes en consecuencia. Uno no se convierte en algo por mucho repetir que lo es; simplemente se es y se sabe que se es, sin más.

Mary, bastante moderada, no abandera ideas socialmente radicales: no pretende dinamitar el sistema sino remodelarlo desde su interior. Así, por ejemplo, en sus obras a menudo sostiene que es la actividad de las mujeres desde dentro del núcleo familiar, como dispensadoras de compasión y solidaridad, lo que logrará reformar la sociedad en su conjunto.

El de Mary fue un mundo machista, y éste es otro de los temas que aborda el relato con el que he pretendido rendirle homenaje. Durante el diálogo con su criatura que se desarrolla en Vendrá la muerte y tendrá tu rostro, ésta le recuerda cómo ha tenido que soportar que sus obras se atribuyesen a los hombres más importantes de su vida, su padre y su esposo. Pues, obviamente, en su tiempo se suponía que una mujer no podía tener el talento suficiente para ser la responsable de su autoría. Además Mary era, no debemos olvidarlo, muy joven cuando comenzó a escribir Frankenstein. Tan sólo diecinueve años, lo que hace que la novela resulte aun más admirable si cabe. Por otro lado la figura de Shelley debió de pesar mucho sobre ella: el compartir su vida con alguien tan admirado, cuya obra ella misma se ocupó de difundir una vez muerto el poeta, no debió de resultar fácil. De hecho también su padre, el filósofo, político y escritor William Godwin, era un hombre muy respetado en los círculos culturales de su tiempo.

Puede que a la sombra de esos dos grandes iconos, Mary, una mujer en apariencia esencialmente discreta y dócil, incluso se sintiese secretamente culpable por desear el éxito profesional en su carrera literaria a título personal. Ello, al margen del amor que a todas luces sintió por Shelley, podría explicar los grandes esfuerzos que dedicó hasta el final de sus días por difundir la obra de su marido, y que le granjearon la enorme notoriedad que el poeta alcanzó ya antes de la prematura muerte de su viuda. Ese sentimiento, si de verdad existió, podría encontrarse en el origen del principal dilema que acucia al doctor Víctor Frankenstein: su soberbia, su ambición por destacar como brillante científico y lograr el reconocimiento público, le acarrea la pérdida de cuantos seres ama. Víctor Frankenstein, que antepone el éxito profesional a la familia, podría haber sido un reflejo de la propia Mary. Quizá, en su fuero interno, Mary se culpase por no haber sido suficientemente diligente, por no haberse conformado sólo con su papel de esposa y madre, recluida en el ámbito de lo doméstico; como si sus inquietudes intelectuales hubiesen podido ser responsables de las muertes que la rodearon.

No habría resultado extraño que en una sociedad como la victoriana, a pesar de haber sido criada Mary en un ambiente inusualmente liberal, una mujer en sus circunstancias, que en absoluto respondía al modelo femenino propugnado, afrontase el difícil trance del luto continuado culpándose de la desgracia y considerándose una egoísta ingrata por no anularse totalmente en favor de la vida familiar. Lo que en absoluto significa que Mary hubiese descuidado realmente a los suyos, pues todos sus hijos y también su sobrina murieron a causa de diversas enfermedades de las que ella no fue responsable. De hecho, tras enviudar, sólo vivió para la literatura y para su único hijo superviviente. Y, si lo analizamos bien, Mary se sacrificó una y otra vez por su esposo.

Su madre, que también fue escritora profesional, de alguna forma asentó las bases del feminismo moderno con su obra Vindicación de los derechos de la mujer, donde sostiene que la inferioridad de la mujer no es de orden natural sino generada por una educación en la desigualdad. Esa figura materna fuerte, a la que en realidad nunca conoció más que a través de sus escritos, debió de marcar a la joven Mary. Ella había trabajado ya como institutriz, y cuando comenzó su carrera de escritora, para sobrevivir, también desempeñó labores como traductora y escribió reseñas literarias. Fue una mujer libre, además, en lo referente a sus relaciones amorosas, que no siempre se sometieron a las reglas sociales establecidas.

Pero si algo debió de pesar en la psique de Mary por encima de cualquier otro yugo hubo de ser el sentimiento de culpabilidad. Algo que en el fondo da paso a un profundo pesimismo vital. Todo ello se manifiesta en su obra más conocida. Frankenstein es una historia de muerte: de cómo el hombre descubre que no puede escapar de ella por mucho que se lo proponga. Como tampoco puede escapar de la soledad que acompaña al monstruo: el hombre no puede esperar comprensión ni consuelo del otro, que en realidad nunca se advierte del todo como su semejante. El monstruo, que nace de la muerte, de los pedazos de cadáveres de convictos, a su vez da la muerte a su propio creador. Igual que Mary dio la muerte a su madre al nacer. Mary es el monstruo: una vez más, como tan a menudo sucede, protagonista y autor se funden sin que sea posible asegurar hasta dónde llega la ficción. Lo más admirable es que la autora, al tiempo, consigue dar forma a una obra universal. Porque con el monstruo nos identificamos también cada uno de nosotros, y por eso con él empalizamos tan fuertemente a pesar de la desgracia y el horror que extiende a su alrededor. El hombre no puede revelarse contra su destino, o contra Dios si se prefiere, pues no debemos olvidar que la obra también se tituló El moderno Prometeo.

Pero Frankenstein es al tiempo la crónica de un nacimiento malogrado, una historia en la que no podemos evitar advertir ecos de la propia biografía de su autora: de sus remordimientos por haber causado la muerte de su madre durante el parto y por no haber podido evitar la muerte de sus hijos o su postrer aborto. Curiosamente Frankenstein es la historia de una «maternidad» frustrada, una maternidad en la que no encontramos intervención femenina: en la que la soberbia masculina, que toma forma en la experimentación científica, pretende rivalizar con la naturaleza femenina y con la divina para suplantar a la mujer y al propio Dios. La ciencia y la tecnología empujan al hombre hacia la hybris en esta obra precursora del género Steamgoth que bastó a su autora para convertirse en una de las mayores figuras del género de terror de todos los tiempos.

Huyendo de la racionalidad dogmática e infecunda, también Vendrá la muerte y tendrá tu rostro reclama para la imaginación y la fantasía, para figuras como la del monstruo creado por Mary, el espacio que legítimamente les pertenece y que resulta tan difícil preservar en el mundo contemporáneo.

 

 

línea división artículo Mary Shelley

Salomé Guadalupe IngelmoGUADALUPE INGELMO, SALOMÉ (Madrid, España, 1973). Formada en la Universidad Complutense de Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, Università degli Studi di Pisa, Universita della Sapienza di Roma y Pontificio Istituto Biblico de Roma, se doctora en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. Miembro del Instituto para el Estudio del Oriente Próximo de la UAM, desde 2006 imparte cursos sobre lenguas y culturas mesopotámicas en dicha Universidad.
Ha recibido premios literarios nacionales e internacionales. Sus textos de narrativa y dramaturgia han aparecido en numerosas antologías. En la última década ha sido jurado permanente del Concurso Literario Internacional «Ángel Ganivet» (Asociación de Países Amigos, Helsinki, Finlandia) y jurado del VIII Concurso Literario Bonaventuriano (Universidad San Buenaventura de Cali, Colombia).
Publica asiduamente ensayos literarios, tanto académicos como de divulgación, en diversas revistas culturales y medios digitales nacionales e internacionales. De entre los últimos: Literatura testimonial: justificación personal o voluntad de utilidad histórica. Dos testimonios de Sonderkommando en Auschwitz, en Revista Destiempos (México) n.º 42, Estudios y Ensayos, Diciembre 2014-Enero 2015, p. 50-86; Casi once años sin Terenci Moix: la herida de la esfinge no cicatriza, en Luz Cultural (24 de enero de 2014); Dorian Gray ayer y hoy: Retrato del seductor sin edad, en Revista Almiar – Margen Cero III Época n.º 74 / mayo-junio 2014, 14/05/2014… Sus críticas de cine suelen aparecer en la revista digital Luz Cultural y en el diario Luz de Levante. Prologó El Retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde (Editorial Nemira, 2009).
Desde 2009 colabora ininterrumpidamente con la revista digital bimestral miNatura: Revista de lo breve y lo fantástico, en la que han visto la luz sus microtextos de género fantástico, de ciencia ficción y terror. Ha sido incluida en Tiempos Oscuros: Una Visión del Fantástico Internacional n.º 3 (especial monográfico sobre el estado actual del género en España) y en varias antologías de la editorial Saco de Huesos. Un compendio de sus obras narrativas pertenecientes a los géneros de terror y ciencia ficción puede consultarse en la Biblioteca Tercera Fundación. Más información sobre el resto de su producción literaria en:
https://sites.google.com/site/salomeguadalupeingelmo https://salomeguadalupeingelmo.blogspot.com.es.

 

 Ilustración artículo: Mary Shelley, (commons.wikimedia.org/wiki/File:Mary_Shelley.jpeg) por Richard Rothwell [Public domain], via Wikimedia Commons.

 

Índice artículo Salomé Guadalupe Ingelmo

Artículos en Margen Cero

Revista Almiarn.º 82 | septiembre-octubre de 2015MARGEN CERO™Aviso legal

 

(210 lecturas, 1 vistas recientes)
Siguiente publicación
relato por Axel Blanco Castillo   -D ebes comenzar tú,…