relato por
Carlos Aymí

 

E

l primer cadáver que nos trajo la marea apenas si llegó a ocupar un pequeño espacio en la prensa local, y es que, quién iba a pensar hace apenas un año todo lo que el mar estaba por escupir.

El segundo tampoco llamó demasiado la atención, salvo por el hecho de que apareció a la misma hora, en el mismo lugar, y del mismo modo, desnudo y sin estar ahogado. Los médicos certificaron para ambos casos parada cardiorespiratoria, y por tanto, tan sólo los salvaban de haber muerto ahogados o por causas físicas violentas. El misterio crecía por el hecho de no haber encontrado patera alguna, ni un mar embravecido en los últimos días. Que nadie reclamara los cuerpos aparentemente de inmigrantes, no llamó la atención de nadie.

El tercer día, y en las mismas condiciones, el mar regalaba a los bañistas su tercer cadáver. Muerto y desnudo como los otros, hizo sin embargo saltar todas las alarmas por ser blanco. La única teoría plausible, la de los ilegales, parecía desvanecerse. La prensa se frotó las manos y para el cuarto día, periodistas y público en general parecían ya una marea apostada contra otra.

Nadie se sintió defraudado a partir de entonces. Cada día y con puntualidad, ha ido apareciendo como de la nada y sin que nadie sepa explicar cómo, un cadáver no ahogado y desnudo en el mismo punto del mar, a unos 25 metros de la orilla. Al principio los cuerpos tuvieron tiempo para llegarse a varar en tierra firme, pero desde la segunda semana, cuando ya eran todo un hito, se les recoge en una barca policial en cuanto aparecen como fantasmas hechos carne.

Los hay negros, blancos, amarillos. Los hay de mediana edad, y jóvenes y niños. Hay hombres y hay mujeres. Y todos estaban sin identificar hasta que apareció el número 97, y complejizó el misterio todavía más.

Todas las teorías extravagantes y conspiranoicas habían crecido como una espuma que se conseguía contener a duras penas, pero éstas se desbordaron definitivamente con el 97, cuando su cadáver fue identificado por él mismo. Se quiere decir, un vivo se reconoció en el muerto, y no hubo manera de negarlo, todas las pruebas dijeron que ambos eran física y genéticamente iguales. Y no se trataba sólo de la misma edad, del mismo aspecto, y ni siquiera del mismo ADN, sino también de los mismos lunares, el mismo corte de pelo y hasta las mismas cicatrices.

Para entonces, todos los gobiernos, pero especialmente como no podía ser de otra manera, los que mandan, metían mano y expertos en el berenjenal, pero con nulos resultados. Era cosa digna de  ver  cómo  los  locos  y  visionarios  se  frotaban  las manos con sus discursos apocalípticos, condenatorios, extraterrestres, pseudocientíficos. Se puede uno imaginar la teoría más descabellada, pero con seguridad, ya ha sido antes metodológicamente trazada por ellos.

Pero lo importante no son las teorías, lo que cuenta es que desde entonces, desde el número 97, todos los cadáveres encontraron su réplica en vida, y los anteriores, la hallaron con carácter retroactivo. Sin embargo aún quedaba más pues el cuerpo número 297 todavía no había hecho acto de presencia.

Cuando éste llegó, cuando el mar nos trajo la réplica del gran presidente, quedó claro que había que montar una guerra, fuese a quien fuese, fuese como fuese, pues tal afrenta no se podía dejar sin respuesta. El cadáver del presidente hizo que éste se pusiera definitivamente nervioso, se hartara de los científicos aún más o menos serios, y que escuchara toda posibilidad que conllevara hacer algo, por estrafalaria que resultara.

Ayer por fin se hizo algo. Tras más de dos meses desde el 297, y con el goteo puntual de cuerpos de fondo, murió el primer voluntario. Es verdad que los hay a miles, pero costó que llegara el primero en condiciones, pues hay que morirse de forma natural, y esto no resulta tan sencillo. Su nombre pasará a la historia, quede la que quede, y sabemos que su familia se siente la mar de orgullosa. Ser el primero, casi da igual en qué, genera ese tipo de euforia.

El caso es que tras morir, se le desnudó, se le llevó al punto del mar que nos trae de cabeza, y se le arrojó 12 horas antes de la llegada prevista para el siguiente cuerpo.

Nadie sabe muy bien qué resultado esperar, pero el experimento fue inmediatamente un éxito, pues se ha comprobado que el mar no sólo trae, sino que también lleva. Y aunque los localizadores y microchips que al cuerpo elegido se le habían implantado, dejaron de funcionar, se piensa que tras ser tragado por el mar con la misma dosis de misterio con la que nos son enviados los otros, nuestro cuerpo ha llegado al lugar de donde nos los envían.

Ahora estamos a punto de llegar a la hora y minuto exacto del cuerpo 376, y todo el mundo contiene el aliento a la espera de una respuesta, nunca había visto a tanta gente tan expectante, en el agua o en tierra, y sólo el mar aguarda en calma, indiferente.

 

arabesco separador relato El mar de los otros

 

Carlos Aymí

Carlos Aymí. Licenciado en Filosofía por la UCM 2001-2005. Máster de Comunicación escrita y creativa (IVCH). Perteneció al club madrileño de escritura el Club de la Serpiente. Ha publicado relatos en las revistas literarias Narrativas (números 24 y 25), Almiar (número 63) y en Entropía (número 7, aún por publicar). La mayor parte de sus escritos y reflexiones se pueden seguir en su blog Pandemonium (http://www.carlosaymi.blogspot.com.es/).

 

Ilustración del relato: Fotografía por Pedro M. Martínez

 

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Revista Almiar – n.º 63 / marzo-abril de 2012MARGEN CERO™Aviso legal

 

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