poesía:
Viviana Abnur
fotografía:
Alejandro Montini
a cambio
quebrada en dos como una naranja espero el tiempo del jugo de la pulpa su milagro ácido espero bañada y perfumada de pie como esperaba a mi padre los fines de semana en la estación en tanto en la ciudad por tu ventana entra la vida el viento se zambulle húmedo y el verano aturde con sus tacones de murga más arriba las telas nos ocultan edificios inacabados la bella perfección del hueco su vacío cada obrero en cada andamio lo conoce por eso las desliza suavemente y espía maravilla de la creación sobre el gris de la vereda rueda mi cáscara y sus semillas vigorosas
construcción
oí decir que el problema está en el cielo o en la fragilidad de unas palabras lisas y chatas como platos superpuestos perduro ahí donde reposa el camalote su flor que mira al sol y flota blanca aferrada a la carne
factores de fe
en el capricho o en al amor como la casa de Gaudí abriéndose paso entre la maleza perfidia perdurar así centímetros arriba del cimiento una vida entera entróncame empálame recibe de mí mi lengua madre común como una higuera primera y póstuma
poetas en el fin del mundo
vuelan tejas vidrios jaulas procesiones de zapatos viejos que colgaban de los cables bocas que besaron bocas por besar todo vuela y nadie logra vaticinar lo que trae el viento lo que es del viento se va se vuela alguien lo lleva fósforos tragados por la noche de un suspiro como húmedas constelaciones por el mar
nocturno de cabras con peatones
circunscripto al centro de la ballena al hueco de sangre y agua desde siempre desde que tiene memoria un círculo acotado en oro y tripa bien guardados en un cofre circunciso privado de la mitad de sí refugiado en la ciudad —en un campo de maniobras— montado al tambor del general golpea fuerte mete ruido hacia arriba hacia el cielo por donde todavía se deslizan las franjas lúcidas del humo hacia atrás la calva señalando el lugar de la partida la vertiente misma el incendio la canción en estado bruto las manos enrojecidas
biblioteca de la memoria
ojo por ojo te voy a enterrar vivo hay un pozo que te espera en mi jardín ahí donde habitó la enredadera la margarita que regabas ojo por ojo vas a volver a la fuerza la mirada hacia esa madriguera que preparo cuidadosa para los dos sé que pronto llegarás con tu rictus familiar y mi costilla izquierda quebrada entre las manos
así habló Zaratustra
sola
circunscripta a la línea de batalla la línea blanca a la fugacidad del duelo
Revista Almiar – n.º 69 | mayo-junio de 2013 – 👨💻 PmmC · MARGEN CERO™
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