poemas por

Lorena Arana

 

 

Oye, tú, lunática,
cara de maniática,
belleza loca y automática;
tus pecas me van a enloquecer.

Oye, tú, maldita ingrata.
Tu alma bandida de gata,
que de cualquier cuerda se desata
¿acaso se deja leer?

Oye, tú, rompe-corazones;
siempre alerta, como tus pezones,
¿a cuántos les has dedicado canciones,
cuando te empiezan a querer?

La gata que maúlla
esa libertad tuya
y después me arrulla,
tiende a desaparecer.

Oye, cosita rica,
tu sensualidad me pica
el corazón por la mitad.

Oye, demente sin causa,
haz una pequeña pausa
en tu sensual pedalear.

Oye ¿es que no has visto
cómo yo a ti te desvisto
con mi mente, al parpadear?

Oye, eres muy chiquita
para tanta dinamita
que tienes al caminar.

Cuando te miran por detrás,
como a un ave de alcatraz.

Y no quiero decir que valgas
tan solo ese par de nalgas,
que más bien parecen algas,
a donde quiera que vas.

Son también esas piernas,
que se asemejan a linternas,
iluminándome al azar.

Oye, pelirroja,
que con la lluvia se moja
¿dónde aprendiste a ganar?

Horror,
cuando tus ojos me miran
y las pupilas se te estiran,
mientras las mías deliran
por ti en cada despertar.

Dolor,
cuando de nuevo me olvidas,
me robas un par de vidas
y otra vez te vas.

Misterio.
Nunca tomas nada en serio
y yo queriéndote descifrar.

Hermosa.
Eres maravillosa,
en medio de tu malestar.

Fenomenal,
incluso tan excepcional,
que te veo y, de repente, todo está mal.

Desplantes,
sin ningún suavizante,
inventas desde antes
de que los sepa manejar.

Placer,
es lo que sabes hacer
y hasta después dejar creer
que acaso algo es de verdad.

Libre.
Eres como el jengibre
cuando, de repente, empieza a picar.

Fugaz.
Eres falsa paz.
Nunca quieres más
y, por eso mismo, voy a terminar.

 

 

Vete al siguiente renglón

 

Sí, soy yo.
De cabello corto, ocho piercings y miedo a las alturas.
Adicta a la rumba y a la calle, pero no a las aventuras.

Me gusta la farra, pero soy abstemia.

Feliz y optimista, pero poetisa.
De camisas cortadas, pero por la modista.

Moralista,
pero fumadora.

Look agresivo, pero siempre rezo
y casi no me gusta comer queso.

Miro rayado, siendo buena gente.
Escribo mucho, leyendo miserablemente.

¿Entonces qué soy?

Una paradoja, una contradicción, una descarada.
Respetaba al amor, pero hoy más a una empanada.

No creía en el karma, ahora sí.
Estudiaba otra cosa y me cambié.
No sabía manejar, pero aprendí.

Evolución.

Evolucioné cuando me dejaron,
cuando me encontraron,
cuando murió mi padre,
al quedar con mi madre.

Evolucioné con el primer poema,
al igual que con cada pena.

Evolucioné al llamarme Lorena.

Una sola mascota en la vida.
Ninguna idea suicida.
En cambio, una historia divertida
y pervertida.

Sanamente corrompida.

Este es mi mal:
ser anormal
y un poco bandida.

¡Ah! Y esta poesía «aberrida».

¿Qué pasa?
Me siento como una masa,
víctima de una pasión.

Solo rimando, doy paz a mi corazón.
¿Ya lo sabes? Entonces, vete al siguiente renglón.

 

 

Bienvenido

 

Bienvenido, querido cibernauta en busca de la ciudad perdida.
Bienvenido, sufrido ser humano con el alma herida.

Bienvenido, afortunado que encuentra lo que no andaba buscando
y ahora lo está encontrando,
sin esfuerzo y sin estar sudando;
solo caminando
la vida como es.

Bienvenido, colega poeta amante de la verborrea,
esa enfermedad que pica el alma el doble que una gonorrea
y hace que vomite todo lo que siente en un papel.

Al que la sufre, a él,
le salen letreritos
de los coditos
y en momentos, explota,
en palabras, como pelota.

Bienvenido, soñador.
Sí, usted, señor;
el que cree que pasará;
que, realmente, todo cambiará.

Ella volverá.
Él revivirá.
Cada vez que usted lo sueña,
se hace realidad
en otra dimensión,
con el poder de su imaginación.

Bienvenido, al que piensa todo de más;
se llame Pedro, Juan o Tomás.

Bienvenido, al que se pierde en el punto de fuga de un dibujo;
seguro adivina todo, aunque no sea brujo
y tiene paz en su cabeza
y no le pesa
y es lo único que necesita
para que la vida sea exquisita:
saborearla desde adentro.

Ahí, en el centro,
está todo:
el letrero del codo,
el sueño,
el amor,
la felicidad.

Lo que te negaron, tú te lo das,
tú mismo.

Bienvenido, altruismo,
budismo, judaísmo.

Bienvenido, ser humano, al planeta Tierra;
que a algunos aterra
y a otros no,
como tú y como yo.

Bienvenido a la vida,
a la muerte,
a lo que se nos muestre.
Pues, tal vez, no sepamos a que hemos venido,
si alguien no nos dice «bienvenido».

 

 

Soy

 

Soy.
Soy un intento de poetisa,
al que le tocó el tablero a tiza
y que a veces no va a misa,
solo cuando la mamá le avisa.

¿Te da mucha risa
mi camisa manga sisa?
¿Te parece guisa?

Soy
¿Quién soy?
¿Qué soy?
Un intento de cowboy,
de «tomboy»,
que te dice «Me voy.
Hoy ya no estoy,
solo soy»
y no tengo un sexual toy,
ni nada parecido.
Todo lo que sé, lo he aprendido,
incluso antes de haber nacido.
¿Qué habías creído?

Si alguna vez has leído
algo que haya compartido,
sabrás mi secreto:
que no tengo partido.

Atrevido el que lo tenga.
Atrevido el que mantenga
hablando de más
de los demás.

¿Vos también remás
cuando te dicen «no más»?
Pues no lo hagás
porque está de más.
Además,
te quemás por dentro,
en todo el centro.
Te volvés tu propio epicentro
y ahí sí que ni yo te encuentro.

Tú sí que me conoces,
aunque no me roces,
ni nos oigamos las voces.
Sin embargo,
tú me conoces porque toses
cuando escuchas mi voz.

Vos.
Vos sos.
Vos sos S.O.S.
Ese o ese lado,
ese o ese crucificado
y siempre lo has hallado,
pero nunca encontrado.
Tenés el corazón callado,
violado,
en tu mundo inundado,
creado,
mitificado.
¿Sí te das cuenta de lo que has dado
y de lo que has quitado,
robado y
burlado?

Esta es la oferta:
despierta.
Ponte alerta
porque ¿eres la experta o la inexperta?

Mira, sí es curioso:
escribir me da oso.
Me quiero tirar a un pozo
si alguien escucha que, con un lapicero, el papel rozo.
Como a un mozo,
al que lo aman, pero lo ocultan,
lo insultan,
lo abultan,
lo multan con desprecio,
como si tuviera que pagar un precio
por ser amado:
el ser también maltratado,
vulnerado
valientemente,
cobardemente.

Mujer poco prudente,
tal vez demente
y en ocasiones, indecente.

Finalmente,
hemos dado la vuelta rápidamente
a un montón de cosas dichas incoherentemente.
¿Sabes por qué? Porque eternamente
será complejo decir lo que nos dicta la mente.
Descifrarnos,
encontrarnos
y después delatarnos.
Lo más importante: sin equivocarnos,
ni engañarnos.

Yo no sé, yo ya me voy,
pero tú ¿sabes quién soy?

 

divisor poemas Lorena

Lorena AranaLorena Arana: Soy Comunicadora social. Me gradué en octubre de 2014 de la Universidad Autónoma de Occidente (UAO) – Cali, Colombia. Realicé mi práctica profesional hace un año en el diario El país. Estuve en las secciones Entorno y Tierra. Trabajo desde 2010 en radio en Internet. Fui jefe de redacción de la revista 3Deseos. Presento el programa On Queens, de la discoteca Queens. En 2012 y 2013, participé en el certamen Escritores Autónomos, que organiza la universidad, ganando la mención especial y el segundo puesto de «Poesía en español». Igualmente, obtuve el primer lugar de Cuento en el concurso que realizó La Terminal de Transportes de Cali, por su aniversario 40, en agosto. Acabo de terminar el taller «El cuento de contar», del Ministerio de Cultura, el cual fue dirigido durante ocho meses por el maestro José Zuleta.

Contactar con la autora: arana36[at]hotmail.com

 

Ilustración poemas: Imagen digital por Javier Velasco ©,
de su exposición en Almiar (Ver muestra).

 

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