poemas por

María Teresa Muñoz

 

Fuera llueve,
y he salido sin paraguas.

¿Para qué?
Pues apenas me protegen
frente a las salpicaduras
de tus translúcidos charcos,
ni me cubren
de las gotas
que, a traición,
caen de forma oblicua sobre
mis vaqueros.

Pero ahora,
tengo frío.

Fuera llueve,
y he salido sin paraguas.

Has calado mis sinapsis.

 

Naufragio

 

Soy un barco a la deriva.
Tus manos abiertas,
mi océano.
Navego perdida
dando vueltas en círculo
alrededor de tu ombligo.
Juego con tus peces,
me siguen,
me atrapan,
me entretienen,
y después se alejan
sin dejar una huella,
sin dejar un rastro.
Juego con ellos, nada más,
pues no me alimentan.
Tu intenso olor a vida,
tan embriagador,
me aturde y me marea.
Tus olas
me proporcionan un agradable balanceo
que me hace vomitar.
La sal de tu agua me salpica
y reseca mis labios.
Y cada noche rezo
mirando al horizonte
de esta soledad compartida,
sabiendo que más allá de él
solo hay más mar.
Pidiendo encontrar
un lugar donde atracar,
o, en su defecto,
la fuerza que mis brazos necesitan
para llevarme lejos,
a otra
nueva
isla.

 

Princesas

 

La fina lluvia
repiqueteaba en el cristal.
Olor a gasas.
Un grito hizo la luz.
«Es una niña», dijo el médico.
Empieza tu vida entre algodones;
la princesa de la casa.
Vestidos, muñecas. Puedes hacer ballet.
Te enseñarán a hablar en silencio,
a correr siempre detrás.
Pronto, miradas hipnóticas
encorvarán tu espalda.
Descubrirás la simbiosis entre deseo y repulsión.
Que la distancia entre tus piernas
mide tu respetabilidad.
Te dirán que eres débil y necesitas protección,
y abrirás tu fortaleza
a un caballo con corbata.
Derramarás sangre rosa
y gotas invisibles en el interior de tu ventana.
Progresiva penumbra.
Otra vez invierno.
Tu garganta emanará un relámpago
como último destello
de tu vida entre algodones.

 

Dormitar

 

Como todas las noches, el mismo retumbo
empuja el silencio.

«Pum pum… pum pum….».

Todos duermen.

«Pum pum… pum pum….».

La ciudad se eleva sobre una nebulosa
que no se abre paso ante ningún cuerpo.
Tan solo el chirrido de un grillo
rivaliza con este espantoso martilleo.

«Pum pum… pum pum….».

¿Cómo pueden todos descansar?
Alargo el brazo y tomo un bisturí.
Ahí está.
Sigo viva.

 

línea transparente poema Llueve

María Teresa Muñoz ValeraMaría Teresa Muñoz Valera. Es natural de Madrid y médico de profesión. Es aficionada a la poesía desde pequeña, tanto a su lectura como escritura. Ha participado en algunos recitales en Madrid, y está a la espera de la publicación de algunos poemas en otras revistas y la resolución de varios concursos.

 

Contactar con la autora: teresa_munnoz [at] hotmail.es


Ilustración poemas: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

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