relato por
Eduardo Enrique Pimienta

 

M

e desnudé los ojos cuando estuviste cerca, pero no los viste desnudos, los viste cubiertos de agua, de lluvia, porque miraste sólo sus sedimentos, y alrededor solamente estaban las aves del viento, y me ardieron, porque tú baby no los miraste, y tú no los detallaste, no te diste cuenta de que corrían por mi rostro, y en la noche tú no viniste a ponerlos en su lugar sino que cerraste la puerta para ir a fumar, y me dijiste: Cielo, quiero pan. ¿Y quién carajos pide pan a las dos de la mañana?, aquel día me dijiste que te marchabas y te llevabas hasta el gato, y yo me quedaba con tus libros baratos, esos donde las palabras se acuestan en mi cama y me hacen el amor endemoniado, y yo les entrego mis sabanas, mis tetas morenas y el jugo de mis estrellas, pero tú no me mirabas, y eso terminó por destrozar todas mis quejas. Una vez dijiste que saldríamos por esa puerta y que seriamos ricos, porque habías apostado mucho dinero en una carrera y no me molestaba que te dieras aires de afortunado, que te miraras en el espejo largo rato hasta que tu reflejo te dijera, mira que guapo. Los días de carreras me sacabas a cenar, me llevabas a comer carne y tomar vino tinto, y yo te miraba devorar tu plato de carne semicruda, y tú no me miraste, nunca miraste los charcos de lluvia alrededor de mis pupilas, y me tomabas por tonta, por atrevida porque usaba aquel vestido rosa, con el escote hasta la herida, donde nacen mis mariposas y donde besabas cuando te lo pedía. Anoche me decías que venias de Plutón, pero yo sabía ya que Plutón no era un planeta de donde vienen cosas como tú, entonces supe que me mentías como sueles mentirles a las estrellas, y entonces se me secaron los dedos cuando te tocaba las manos, y sudabas, pero nunca me mirabas, y mierda que me desesperabas, entonces me referías de tu planeta y decías que allí todos eran seres alucinantes, y que su piel era azul con verde, y se confundían con el pasto de los parques y con las nubes cargadas de ego, y me decías que eras un starman del cielo, y que tenías la misión de destruir nuestros sesos, pero te habías endemoniado conmigo, entonces te miré de nuevo, pero tus ojos se escondieron en su concha y no me dejaste verlos.

Te fuiste y yo no estuve cerca ese día, emprendiste un vuelo cósmico alrededor del mundo, entonces supiste que yo sabía de ti, de tu vida, de que no venias de Plutón, de que no volverías, y me partí en dos, y de mí salieron las mariposas que besabas, y volaron contigo, siguieron tu rastro pero tú ya te perdías de mi vista, entonces así, dividida, partida, quebrada, me moví hacia la playa, aquella donde fuimos las últimas vacaciones, donde nos envolvimos en arena amarilla, donde tu boca me llenaba con tu babita, donde tus manos agarraban mis nalguitas, donde sentía que se me iba la vida caminando por entre la Mångata azul hacia la luna, ¿Quién carajos querría ir hacia la luna vacía?, supe no por tu boca, supe no por tus ojos, supe y no por tus manos que te ibas, que venias del cielo y que allí volvías. No creo que sentías mucho por la vida de nuestro planeta, porque los starman jamás nos miran a los ojos, jamás pueden soltar alguna palabra sincera que acaricie los huesos secos que nos acompañan, los starman sólo sienten a través del cosmos, y yo sé que te toqué el cosmos y te saqué las estrellas por tu boca, pero eso a ti te importó un culo, porque dejaste que mi vida se fuera sola por la Mångata azul, y sabias que era peligroso salir a las doce, y no me detuviste, sólo me diste la espalda porque eras un starman del cielo, y porque me ibas a reventar los sesos, y te bañarías con mi sangre, pero los plutonianos no son plutonianos si no se enamoran en la tierra, y tú sólo fusilaste mis sueños, y dejaste que se escaparan mis ojos, dejaste que mi alma saliera tras de ti, y te ahogaste en mis tetas, pero fue en vano, y te hundiste en la arena de mi piel pero ya demasiado tarde, solamente volaste hacia el cielo, y yo tonta, necia, testaruda, bruta, te seguí, pero no miraste atrás, y yo te miraba el culo, pero tú no miraste mis ojos, no viste que desaparecieron contigo, no viste que se hundieron en mi rostro y quedó todo vacío, no viste que fueron tras de ti, porque siempre has sido un muchachito necio y lleno de mentiras.

Supuse lo peor de ti, supuse que te habías ido de aquí, porque habías vendido el mundo, siempre fuiste un negociador, siempre le vendías los cigarros a perros que te seguían, tú y tu sequito de mierda me repugnaba, venían a nuestra casa y se devoraban hasta las cortinas, y tú no decías nada, sólo reías, te emborrachabas con whisky barato, porque a esos perros no les ofrecías nada bueno, y te burlabas de mi cabello en las mañanas, y yo me encerraba en el baño y tras la puerta recibía tus cuchilladas. Un día pateaste la puerta y me tomaste por la espalda y me dijiste que me harías el amor hasta que sintiera que te odiaba, pero te detuviste abruptamente y yo no pude odiarte y quería que siguieras bebiéndome, pero tú te dormías, y quería que siguieras tomándome por el cabello, y tú te morías, y quería que me clavaras tus palabras, tus putas palabras, tus cientos de filosas palabras y me mataras, pero tú eras un perro suicida, me ibas, eras agua de lluvia que corría bajo mis zapatos, y yo quería sentir la hierba en mis pies, pero me ponías sobre el pavimento al medio día. Fuiste un maldito conmigo, fuiste un fugaz aliento de gorila, apestas starman, apestas a pólvora recién encendida, apestas a trinitrotolueno y yo tengo la chispa, y te encenderé la mecha para que vueles por los aires, y te repartas por este vasto mundo que has vendido, para que tus pedazos sean parte del cielo, para que tus ojos sean parte del infierno, y vengan tus amigos los perros y te laman las heridas, Maldito puto de porquería.

Me dejaste ir sola, por la Mångata azul hacia una luna vacía, dejaste que me ahogara en la tenue lucecita que se acuesta conmigo en mi almohada, no existe alguna canción de rock and roll que me glorifique, tampoco que me reivindique, no existes en mis palabras ahora, no existes porque tu tiempo se ha acabado como se te acabaron los cigarros, porque yo los he botado por el inodoro, para que te hundieras en la desesperación, para que te convirtieras en una puta melodía de un músico de esquina, te has hecho bruma, te has hecho sofisma, vuela lejos puto animal, tengo la escopeta cargada y si me hubieras mirado los ojos te hubieras dado cuenta de que a mí no se me escapa nada, ni siquiera las estrellas lejanas. ¡Bang baby!, adiós.

separador relato Eduardo Enrique Pimienta León

 

Eduardo Enrique Pimienta León. Es un joven escritor, radicado en Colombia. Escribe desde muy temprana edad, pero es ahora cuando está publicando las cosas que ha escrito, colaborando en un pequeño blog conocido como Foolers Group.

Contactar con el autor: eddyryam [at] gmail.com

Otros relatos de este autor (en Almiar): El pianista de cartón (El Tato Piano) y La jaula del Otro

 Ilustración relato: Fotografía por Myriams-Fotos / Pixabay [CCO – dominio público]

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Revista Almiarn.º 96 / enero-febrero de 2018MARGEN CERO™Aviso legal

 

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