relato por
Jon Alderiz

 

En los confines de la tierra y el tiempo, habitó una vez la tribu de los altinas, cuyo pueblo se hallaba ubicado en medio de un frondoso bosque atravesado por un río caudaloso de aguas cristalinas. Transcurría la vida de los altinas en paz hasta que una mañana apareció en medio del poblado una esfera. Sobre el tamaño de la misteriosa esfera podría decirse que cabía dentro un altina adulto, de pie y con los brazos en cruz. El material del que estaba hecho la esfera es lo que más desconcertó a los altinas, pues era un material que jamás ningún altina había visto o tocado antes. Pero el detalle que suscitó la disputa entre los altinas fue que la esfera presentaba numerosos agujeritos a lo largo de su superficie, y todos los altinas pretendían apropiarse de un agujero para ver lo que había dentro de la esfera. Este primer conflicto remitió una vez que los altinas comprobaron que curiosamente había tantos agujeros como altinas adultos y procedieron entonces a repartir los agujeros. Todos los altinas, uno a uno, marcaron su agujero con un símbolo, convirtiéndose desde ese momento cada agujero en una suerte de tabú personal e intransferible, y una vez que la repartición concluyó, con avidez todos los altinas miraron por su agujero, todos excepto uno, el altina más anciano de la tribu, que se limitó a observar a los observadores.

Los días fueron pasando y entre los altinas solo se hablaba de la esfera y la cosa que contenía, surgieron opiniones encontradas, unos decían que la cosa era de color anaranjado, otros que azul, unos decían que la cosa tenía forma como de plátano, otros que forma como de pera. Harto de discusiones, el anciano reunió en conclave a los altinas y se dirigió a ellos en los siguientes términos: «Es obvio que lo que veis no es sino una parte de la cosa, cuando uno de ustedes mira por su agujero no ve sino una parte de la cosa y no la cosa entera, de ahí las discusiones… la solución es sencilla, cada uno hace un dibujo de lo que ve por su agujero, luego unís los dibujos y así obtendréis una imagen de la cosa en su totalidad, pero para obtener una imagen real de lo que hay dentro de la esfera debéis ser sinceros, he observado un curioso fenómeno, y es que muchos de vosotros habéis cambiado la descripción de los que veis a través del agujero a lo largo de estos días, algunos por timidez, otros simplemente por agradar a hermanos, amigos o padres, y algunos otros convencidos por la oratoria de los más avispados cambiaron su descripción de un día para otro… si de verdad queréis obtener una imagen real de lo que hay dentro de la esfera tenéis que dibujar lo que veis y no lo que decís que veis».

Siguiendo el consejo del anciano, los altinas crearon un método con el cual unir todas los dibujos según la disposición de los agujeros que dio como resultado un objeto absurdo, entonces los altinas se dividieron en dos grupos, por un lado estaban los que descontentos con el método y el resultado decidieron crear un nuevo método más fiable, y por otro lado estaban los que confiados con el método pensaban que solo había que perfeccionarlo. Continuaron las pruebas y cada prueba daba un resultado tan absurdo como el anterior, y al cabo de un tiempo pululaban cinco métodos y cinco facciones dentro de la tribu de los altinas. El más anciano entre los altinas, de nuevo hastiado entre tantas disputas, llamó otra vez al orden a los altinas y dijo de modo que todos pudieran escuchar lo que decía: «Ninguno de los métodos funciona porque a todos les falta una pieza, ha llegado la hora de que yo mire por mi agujero… dibujaré lo que vea por mi agujero según los cinco métodos y así obtendréis la solución al problema».

Tal y como había prometido, el viejo hizo cinco dibujos según los cinco métodos y por fin llegó el día en el que las cinco facciones mostraron los nuevos resultados. Los cinco métodos, tan dispares entre ellos, produjeron idénticos objetos, un objeto absurdo, aunque a diferencia de los anteriores, en este objeto todas las piezas encajaban a la perfección. Con toda la tribu reunida en cónclave, el anciano se puso en pie y dijo en voz alta: «Bueno, está claro que los cinco métodos son correctos ya que los cinco han producido el mismo objeto, un objeto sinsentido, una gran tontería, creo que ha llegado la hora de deshacernos de la inútil y molesta esfera, propongo que la tiremos por el barranco de la muerte». Entonces una altina interrumpió diciendo: «Pero si la tiramos nunca sabremos qué es la esfera o de dónde vino», y el viejo le respondió: «Yo creo que el cielo lo mismo que produce agua o nieve, produce también estas esferas, solo que a diferencia de la lluvia y la nieve, estas esferas las produce muy de tarde en tarde… y no hay más»; dicho esto, los altinos llevaron la esfera hasta el barranco de la muerte y la despeñaron.

 

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Jon Alderiz. Autor natural de Sevilla. Es diplomado en relaciones laborales.


Contactar con el autor: karsdam [at] hotmail.com

 Ilustración relato: Vista de un cráneo, dibujo por Leonardo da Vinci [public domain], via Wikimedia Commons.

 Biblioteca relato Jon Alderiz

TRES RELATOS SORPRESA (traídos aquí desde nuestra biblioteca)

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margencero-img En el río, por Pedro Lluch. En Margen Cero (2009)
margencero-img Moscú y la Revolución, por Javier Claure. En Margen Cero (2008)

Revista Almiar n.º 70 | septiembre-octubre 2013
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