relato por
RaVen

 

E

l anciano apartó con delicadeza la mano de la niña, alejándola de la pequeña cajita de madera oscura que reposaba en la repisa de la chimenea.

—Pero, abuelo, ¿qué hay dentro?

El hombre se rascó el mentón, pensativo. Sujetó a la pequeña de la cintura y la llevó hasta el sofá de piel que, de forma extraña, quedaba de cara al fuego en vez de a la ancha televisión.

La sentó encima de sus piernas, de manera que los ojos de la chiquilla pudieran observar con claridad la caja de madera.

—Esa cajita la dejó alguien muy especial, justo antes de marcharse…

—Pero, ¿qué puso dentro abuelito? ¿Qué hay?

—Los pedazos, pequeña, los pedazos.  

La niña le miró confundida. A pesar de no entender lo que acababa de decir el anciano, algo le decía, muy dentro de ella, que en aquella cajita tenía que haber algo importante. Y ese algo ponía muy triste a su abuelo. No le gustaba verlo triste.

Con aire ausente, el viejo salió del cuarto, dejando a la muchachita de 7 años sola en el sillón. Sonriendo al ver que nadie se lo impediría esta vez, se sujetó con una mano a la repisa, y poniéndose de puntillas, cogió con las puntas de los dedos la cajita de madera que antes no había logrado mirar.

Cuando la abrió, una sonrisa como solo puede tenerla una niña, se pintó en sus labios ante el descubrimiento. Aquello era lo que ponía triste a su abuelito, porque lo que le había dejado en la caja aquella persona tan importante para él, estaba roto en pequeños fragmentos que se apilaban en una esquina.

No le gustaba ver triste al abuelito.

Vació la pequeña caja en el sofá, desparramando los pedazos de papel que contenía. De un cajón del armario extrajo la cinta adhesiva con la que había visto tantas veces arreglar miles de cosas a su abuelo. Por ejemplo, uno de sus dibujos que se había roto por accidente. 

Con cuidado extremo, se puso manos a la obra, y comenzó a reconstruir el puzzle.

Pasaron horas, aunque a la pequeña le parecieron poco más que minutos. Corriendo, fue en busca del anciano, que aún descansaba en el balcón.

—¡Mira, abuelo! ¡Pude arreglarlos! 

 

En sus manitas rechonchas, cubierto de celo y mal pegado, sostenía un pequeño corazón de papel, el mismo que, tiempo atrás, había estado en la cajita roto en mil pedazos.

imagen separadora relato cajita

RaVen. Es el seudónimo con el que firma sus publicaciones esta autora de 22 años. Apasionada de la lectura y de la escritura, se dedica a inventar relatos fantásticos desde su portátil aunque reconoce que prefería cuando los libros eran de papel.

Lleva escribiendo desde hace años, aunque como hobby, y solo recientemente ha intentado que algunas revistas o editoriales lean su trabajo con el fin de editar. Desde el año 2009 mantiene el blog: Cementerio de muñecas rotas (http://mipozosinfondo.blogspot.com/).

 Ilustración relato: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

 

biblioteca relato La cajita

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Revista Almiar – n.º 60 | septiembre-octubre 2011
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