Una reflexión filosófica sobre
el problema del lenguaje en Rayuela
por
Sabrina Filippello

En Rayuela, antinovela por excelencia de Julio Cortázar, destaca el problema del lenguaje. Horacio Oliveira nos cuenta de su tormento:

[…] estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan como pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa. ¿Se dice abajo o debajo? Lo mismo te muerden. ¿Por qué, por qué, pourquoi, why, warum, perché este horror a las perras negras? […] En guerra con la palabra, en guerra, todo lo que sea necesario aunque haya que renunciar a la inteligencia, […] Concebir una raza que se expresara por el dibujo, la danza, el macramé o una mímica abstracta. ¿Evitarían las connotaciones, raíz del engaño? Honneur des hommes, etc. Sí, pero un honor que se deshonra a cada frase, como un burdel de vírgenes si la cosa fuera posible. [1]

Su desconfianza en el lenguaje como medio de comunicación y como instrumento para interpretar la realidad engendra su terror. El lenguaje es un doble enemigo para él: un velo que esconde la verdadera realidad de las cosas, y el único instrumento interpretativo que el hombre posee, engañoso por su naturaleza y, por consiguiente, inútil en la búsqueda de la realidad que está más allá de lo que se presenta frente a nuestros ojos.

Por un lado las palabras ocultan su propia esencia, ya que no son nada más que etiquetas heredadas de la tradición, el hombre las acepta sin un esfuerzo activo que pueda explicar el motivo de su uso. Por otro lado, la inutilidad del lenguaje en la empresa que se propone Horacio es debida a la imposibilidad de buscar una realidad revolucionaria respeto al sistema hegemónico, utilizando un instrumento que ha sido creado por aquel sistema, puesto que inevitablemente es impregnado de retórica y tradición. Por esta razón Horacio sabe que hay que limpiar las palabras, y admite «Hace rato que no me acuesto con las palabras. Las sigo usando, como vos y como todos, pero las cepillo muchísimo antes de ponérmelas». [2]

En las conversaciones con los amigos del Club de la Serpiente acude varias veces el tema del lenguaje. Horacio no pierde ocasión para subrayar la falacia y la consiguiente incomunicabilidad a la que todos estamos condenados:

[…] esta realidad no es ninguna garantía para vos o para nadie, salvo que la transformes en concepto, y de ahí en convención, en esquema útil. El solo hecho de que vos estés a mi izquierda y yo a tu derecha hace de la realidad por lo menos dos realidades, y conste que no quiero ir a lo profundo y señalarte que vos y yo somos dos entes absolutamente incomunicables entre sí salvo por medio de los sentidos y la palabra, cosas de las que hay que desconfiar si uno es serio. [3]

Para emprender la búsqueda metafísica de Horacio, hay que desconfiar en el lenguaje; sin embargo no es fácil conseguir en el intento, visto que la Razón y el Lenguaje, juntos, crean una estructura que protege al ser humano y que le ahorra la inquietud de lo desconocido, de lo que está más allá.

La razón segrega a través del lenguaje una arquitectura satisfactoria, como la preciosa, rítmica composición de los cuadros renacentistas, y nos planta en el centro. A pesar de toda su curiosidad y su insatisfacción, la ciencia, es decir la razón, empieza por tranquilizarnos. «Estás aquí, en esta pieza, con tus amigos, frente a esa lámpara. No te asustes, todo va muy bien». [4]

Tampoco el autor Morelli, álter ego de Cortázar, duda en considerar el lenguaje como una máscara de la realidad y de la humanidad: «[…] Morelli condena en el lenguaje el reflejo de una óptica y de un Organum falsos o incompletos, que nos enmascaran la realidad, la humanidad». [5]

Los discursos de Horacio sobre el lenguaje como instrumento que no permite agarrar la esencia de las cosas comparten muchos puntos con la teoría que Friedrich Nietzsche expone en su ensayo Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. [6]

No tenemos muchas pruebas de que Cortázar haya sido un admirador del filósofo alemán, no obstante en La vuelta al día en ochenta mundos escribe: «Nietzsche, que era un cronopio como pocos, dijo que sólo los imbéciles no se contradicen tres veces al día», [7] y dada la especial reputación que tienen los cronopios en el mundo cortazariano, esta cita podría ser prueba suficiente de su aprecio.

En su ensayo, Nietzsche sostiene que las palabras ni representan de manera adecuada las cosas, ni describen su esencia, todo lo que el ser humano construye con el lenguaje, incluso la realidad que lo rodea, es puro engaño:

[Los hombres] Se encuentran profundamente sumergidos en ilusiones y ensueños, sus miradas se limitan a deslizarse sobre la superficie de las cosas y percibir formas, sus sensaciones no conducen en ningún caso a la verdad, sino que se contentan con recibir estímulos y, por así decirlo, jugar un juego de tanteo sobre el dorso de las cosas. [8]

La invitación de Nietzsche y de Cortázar es idéntica: desconfiar de sus propios sentidos y de las palabras, creadores de falsas representaciones. La palabra no es otra cosa sino la descripción de la relación subjetiva que el hombre tiene con la cosa, y no la cosa en sí:

Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve y flores y no poseemos, sin embargo, más que metáforas de las cosas, que no corresponden en absoluto a las esencias primitivas. [9]

Según Nietzsche, el lenguaje es únicamente una creación del hombre que le ha permitido nombrar las cosas y vivir en el cómodo engaño de una realidad comprensible. Luego, por costumbre, el hombre se olvida de ser él mismo el sujeto creador de las metáforas que designan la realidad, y acaba por asumir la realidad como verdadera.

Es esta la que Cortázar define «La violación del hombre por la palabra, la soberbia venganza del verbo contra su padre [que] llenaban de amarga desconfianza toda meditación de Oliveira». [10]

La solución que proponen los personajes del Club de la Serpiente es la de re-vivir el lenguaje:

Lenguaje quiere decir residencia en una realidad, vivencia en una realidad. Aunque sea cierto que el lenguaje que usamos nos traiciona […] no basta con querer liberarlo de sus tabúes. Hay que re-vivirlo, no re-animarlo. […] Lo único claro en todo lo que ha escrito el viejo [Morelli] es que si seguimos utilizando el lenguaje en su clave corriente, con sus finalidades corrientes, nos moriremos sin haber sabido el verdadero nombre del día. [11]

Revivir el lenguaje es imprescindible para encontrar lo que verdaderamente podemos definir real. Utilizar un medio creado por el sistema contra el que queremos rebelarnos, nos llevaría inevitablemente al fracaso:

Morelli parece convencido de que si el escritor sigue sometido al lenguaje que le han vendido junto con la ropa que lleva puesta y el nombre y el bautismo y la nacionalidad, su obra no tendrá otro valor que el estético, valor que el viejo parece despreciar cada vez más. En alguna parte es bastante explícito: según él no se puede denunciar nada si se lo hace dentro del sistema al que pertenece lo denunciado. Escribir en contra del capitalismo con el bagaje mental y el vocabulario que se derivan del capitalismo es perder el tiempo. [12]

Este último concepto que expresa uno de los personajes cortazarianos, nos acerca al pensamiento de Michel Foucault, filósofo francés, activo en París en los años en que ahí vivió Cortázar, en particular a sus teorías sobre la estrecha conexión que existe entre poder y discurso.

Primeramente tenemos que recordar que para llegar al tema de la relación entre discurso y poder, Foucault parte justo desde el lenguaje.

Según su opinión en cada época se determina una diferente estructura del saber, estructura que él llama episteme, dentro de la que es posible usar el lenguaje y construir una representación del mundo. En Las palabras y las cosas, libro publicado en 1966, Foucault individua tres distintas epistemes a lo largo de la historia del hombre: renacentista, clásica y moderna. Son estas estructuras del saber que señalan los límites de lo pensable en cada época. Los tres diversos momentos no son consecuentes uno al otro, no hay una continuidad entre ellos, y además son independientes de la voluntad y de la acción de los hombres que, por ser portadores de un determinado sistema conceptual, no podrían producir otro alternativo. El individuo no produce estructuras como la economía o la sociedad, ellas existen antes que el individuo; el lenguaje es aprendido por el hombre, igual que el saber.

En Microfísica del poder, publicado en 1977, el filósofo analiza la conexión entre poder y saber: el saber no es otra cosa sino el instrumento y el efecto del poder, y lo mismo vale por el lenguaje. Se trata de microsistemas de poder que controlan y moldean al hombre, que, a su vez, cree ser el creador de una realidad de la que es simplemente el producto.

Así que el poder es reticular, es impersonal y omnipresente, es un conjunto de relaciones de fuerza, y en estas características reside su potencia, ya que contra un poder fácilmente individuable y represor sería más simple rebelarse. Los microsistemas del poder, entre los que Cortázar pondría también el lenguaje, actúan alterando la percepción que el individuo tiene de sí mismo, y de esta manera hacen más complicada la toma de conciencia.

La revolución es para Foucault exactamente una toma de conciencia que debe tener su centro en el sujeto, y Cortázar en sus Textos políticos afirma que hay:

revoluciones que fracasan, que se estancan, que se convierten en burocracias, porque el hombre no ha cambiado. Por el contrario se ha vuelto más mediocre. Y con un hombre mediocre puede hacerse un ejército, pero no una revolución. [13]

Entre los primeros deberes del individuo que progresa hacia la conciencia y quiere huir del engaño creado por la «Gran – Infatuación – Idealista – Realista – Espiritualista – Materialista del Occidente, S.R.L.», [14] está el de buscar instrumentos alternativos y de abandonar el lenguaje, peligroso instrumento del Poder.

Juego de la rayuela

Bibliografía

– Cortázar, Julio, [1963] Rayuela (ed. de Andrés Amorós), Madrid, Eds. Cátedra, 2007.

– Cortázar, Julio, [1967] La vuelta al día en ochenta mundos, Buenos Aires, Siglo XXI, 1968.

– Cortázar, Julio, [1985] Textos políticos, Esplugues de Llobregat Barcelona, Plaza & Janes, 1985.

– Foucault, Michel, [1966] Las palabras y las cosas, Buenos Aires, Siglo XXI, 1997.

– Foucault, Michel, [1977] Microfísica del poder, Madrid, Eds. La Piqueta, 1993.

– Nietzsche, Friedrich, [1873] Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, disponible en línea en http://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/verdadymentira.pdf (última consulta: 08/10/2014).

 

NOTAS:

[1] Julio Cortázar, Rayuela, Ed. de Andrés Amorós, Madrid, Cátedra, 2007, pp. 593-594.

[2] ibíd., p. 233.

[3] ibíd., p. 310.

[4] ibíd., p. 312.

[5] ibíd., p. 611.

[6] Friedrich Nietzsche, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Disponible en línea en http://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/verdadymentira.pdf (fecha de última consulta: 08/10/2014).

[7] Julio Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos, Buenos Aires, Siglo XXI, 1968, p. 210.

[8] Friedrich Nietzsche, op. cit, p. 4.

[9] ibíd., p. 5.

[10] Julio Cortázar, Rayuela, ed. cit., p. 216.

[11] ibíd., pp. 613-614.

[12] ibíd., p. 619.

[13] Julio Cortázar, Textos políticos, Esplugues de Llobregat Barcelona, Plaza & Janes, 1985, p. 10.

[14] Julio Cortázar, Rayuela, ed. cit., p. 620.

 

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Sabrina Filippello. Nació en Sicilia en 1982. Desde hace 15 años vive en Bolonia. Ahí se graduó en Lenguas y Literaturas extranjeras, y prosiguió sus estudios hasta terminar una Maestría en Literaturas Comparadas y Postcoloniales con calificación cum laude, dedicando su tesis final a una análisis de la prosa poética de Julio Cortázar. Durante su carrera, tuvo la oportunidad de estudiar en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid y de trabajar como asistente de idiomas en Gotemburgo. Le encanta viajar y hacer fotografías, ocupaciones que la obligan a buscar lo bello. Desde que ha descubierto su amor por los gatos y ha conocido a Cortázar, está más a gusto en este planeta...

Contactar con la autora: sabrinafilippello [at] libero.it

 

ILUSTRACIONES: (Cabecera) Cortázar, Por Sara Facio [Public domain undefined Public domain], undefined, via Wikimedia Commons | (En el texto) Metropole Zlicin – skakaci panakBy Matěj Baťha (own work / vlastní dílo) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)],
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