poema por

Juan M. Solís

 

 

De ti, hoy sólo me queda tu recuerdo,
un recuerdo impreso en mi piel
con amor indeleble;
esa piel que nunca recorrió la tuya,
que nunca sintió el calor
de tus manos
ni la dulzura de tu deseo.

Esa piel mía,
tan seca como un desierto,
tan dura como una roca,
tan solitaria como tu recuerdo.

De ti, hoy sólo me queda la tristeza,
esa tristeza que se cansó
de deambular por valles y montañas,
que se mojaba los pies
en un triste río de sueños congelados
y recostaba su triste cabeza
en un triste sol
que de cansado
derramaba sobre el cielo
la triste acuarela del ocaso.

 

De ti, hoy sólo me queda la soledad,
la soledad que tanto amo,
la soledad por la que vivo,
por la que muero,
por la que existo
y desaparezco.

Esa soledad que bebo
como vino seco
para emborracharme de ti,
para llenar los cuatro puntos cardinales
con tu nombre;
sólo tu nombre.

Sólo mi soledad,
que es tu nombre,
sólo tu nombre
que es mi soledad,
tan oscura y sola,
tan gris como el invierno.

Esa soledad
que se precipita
en aguaceros de melancolía,
que inunda mi pecho,
que arrasa con mi cordura,
que ahoga mi paciencia.

 

De ti ya no me queda nada
de lo que nunca tuve,
más que dos recuerdos,
en uno guardo tu sonrisa,
sonrisa con sabor a distancia
con el cabello recogido.

Sonrisa de dientes blancos,
de labios prohibidos.

Esa sonrisa tuya,
tan parecida a la mañana,
impregnada de rocío
y con olor a brisa de verano.

 

En el otro conservo tu mirada,
esa mirada angelical
que se suelta el cabello
para que el viento
la bese con ternura,
esa mirada que hiela mi sangre
y erupciona en mis sentidos,
mirada de volcán,
de selva virgen,
mirada de jardín,
ojos de arcoíris,
iris en el aire,
aire de pestañas
vueltas al amor.

De lo que nunca fue,
de lo que nunca tuve
ya no me queda nada,
aunque a veces me parece
que el eco de tu voz
anda rondando
junto a mi tumba;
tu voz que se volvía suspiro
cuando estabas junto a mí
y ahora susurra un adiós
que destroza mi vientre,
que se acumula en mi tórax,
que despedaza mis oídos.

Tu voz fue lo primero
que alejaste de mí
y lo último que me abandonará;
la llevaré siempre
como una sinfonía del silencio,
como un réquiem de la esperanza,
como la daga que cortará mis venas
en el sacrificio de tu partida.

De ti ya sólo me quedas tú…
y a ti, de mí,
sólo habrá de quedarte… el olvido.

 

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Juan Manuel Solís es un autor guatemalteco.

📩 Contactar con el autor: labclinsf [at] hotmail.com

 

Ilustración poema: Pintura (detalle) por Agustín García-Espina Martínez ©
(de su muestra en Almiar: ver exposición)

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