relato por
Alfredo Castro Fernández

 

I

 

L

a mañana, aunque gris, no había despertado de nubes tupida y el delgado estrato que cubría liviano el cielo se antojaba bien efímero, como en mañanas anteriores ya había acontecido.

Mochila a la espalda, tan ligera que no parecía reposar en su espalda, sino más bien surgir levemente de ella, se había aventurado en la senda que un par de horas o tres más adelante y en suave ascenso, le ubicaría al pie de las buitreras, desde donde podría recoger con una mirada panorámica todo lo caminado y las predecibles vistas acuñadas en la ruta al llegar, tomando luego un buen reposo en esa algo elevada falda de montaña, y así tumbado esperar callada y pacientemente, el surgir y regresar sucesivo de los buitres, y quizás a algunos detenerse en ese hipnótico vuelo circular, con sus ascensos y descensos, cuando creen divisar y se disponen a acudir al carroñero banquete, como una ceremonia preparatoria para el festín.

El camino, aún pedregoso, no se manifestaba escurridizo a pesar de cierta llovizna de un par de días atrás al caer la tarde. Pocos árboles y no frondosos, permitían que el aire fresco de la mañana en forma de brisa intermitente aliviara el poco sudor que nacía tras algún punto más imbricado por una sucesión de aplanadas rocas, las cuales en su forma y en su hallarse salpicadas por montículos repartidos de arena, obedecían a su cercanía a un paso fluvial paralelo al camino que, cuando llegó a alcanzar algún que otro risco, ya más avanzado, dibujaba pequeñas gargantas de río entre aguas saltarinas que ya iban liberando el creciente reflejo de un sol que caminaba hacia su cenit del mediodía.

 

II

 

A pie ya de la ladera, miró atrás echando cuenta de lo caminado. No le dolían los pies, casi ni los sentía, quizá efecto de lo amortiguador de sus botas de travesía, ni apenas sudaba, como si el movimiento hubiera sido caloríficamente vano. Más bien notaba algo de frío, quizá la brisa era de esa que cala sin sentirse como una lluvia casi imperceptible pero sin agua. Tomó asiento y le apeteció echar un rato su cuerpo en un pequeño claro de hierba rala y seca. Fue a desembarazarse de la mochila, sin embargo no le obedecían los brazos y notó cómo también sus manos habían palidecido, probablemente por el calado de esa brisa compañera de su aventura.

Un intempestivo vuelco le colocó de lado, frente a la misma ventana de cada nueva, o mejor igual, mañana y el idéntico paisaje gris sin apenas cielo que le pintaba. Mientras, como cada día y sin interrupción, lavaban y frotaban la espalda, brazos y piernas de lo que, pensaba él, fue su cuerpo. Se preguntaba el porqué hallarse obligado día tras día al interior de una insensible y atenazadora coraza, esa en que se había convertido su ahora ajeno organismo. Una lágrima aparecía por el ángulo de su ojo hasta alcanzar la almohada. Lo poco que aún llegaba a funcionar y sin su voluntad era reflejo de su profunda e incurable tristeza. Porque eso era una mente en un cuerpo inmóvil: Una masa gris profundamente triste.

 

III

 

Terminada su tarea, las enfermeras devolvieron aquel cuerpo sin voluntad a una posición ajena a la ventana donde los ojos, también quietos, adivinaban un techo opresor y creaban un tan asiduo como asfixiante ambiente de ataúd.

Los párpados fueron cayendo, lentos y como un velo que no termina de caer. Fue sumergiéndose de nuevo en un dormir o quizá sólo un estupor, pero al fin y al cabo un estado de sopor paliativo que le introdujo en un sueño donde una cascada de agua nueva, límpida y cristalina, como agua de roca, penetraba a través de sus venas dulce, refrescante, sedante e hipnótica y, como en un bautizo, le permitía al fin nacer al gozo de la muerte, esa ilusionante muerte que era ya toda su vida.

Despertó de nuevo. El gotero, la cascada, se había detenido. Alguien había entrado a cambiarlo.

 

 

separador relato Alfredo Castro Fernández

Alfredo Castro Fernández. Nacido en Madrid en 1959. Licenciado en Medicina en 1982. Profesor de Instituto (Formación Profesional Sanitaria) desde 1992 hasta la actualidad.
Premios literarios:
– IV Certamen Real Club de Golf de Sevilla. 2013. Modalidad Poesía. Ganador.
– Certamen Homenaje a Antonio Machado. 2014. Editorial Artgerust. 3.er Premio. Poesía.
– III Concurso de poesía «Versos en el aire». 2014. Grupo Diversidad Literaria. Seleccionado para Antología Poética.
– II Certamen Literario de la Revista Pandora Magazine. 2014. Pandora Magazine. Primer Finalista (Clasificación Especial). Modalidad Relato.
– I Certamen Mundial Excelencia Literaria M.P. Literary Edition (Seattle, EE.UU.). Premio como finalista.

Se le puede seguir en su web:
Mis coordenadas (https://miscoordenadas.wordpress.com/).

 

📸 Ilustración relato: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

 

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Revista Almiarn.º 83 / noviembre-diciembre de 2015MARGEN CERO™Aviso legal

 

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