Reseña sobre el poemario de Gregorio Muelas
por
José A. Olmedo López-Amor

 

L

a carrera literaria de Gregorio Muelas Bermúdez (Sagunto, 1977), ha pasado de ser prometedora a constatarse como un valor seguro. Su escritura, como trasunto de la vida, engloba sus debilidades, su pensamiento, pero sobre todo, la honda preocupación por ese estigma que sobre todos nosotros esculpe el Tiempo, la condición en fuga de estar vivo y saber que la Muerte se aproxima. Gregorio Muelas, vehicula este poemario con el criterio y orden musical de una sinfonía; la concepción de su poética está suscrita a un germen musical, germen que durante el poemario se escenifica minoritariamente en rimas consonantes y mayoritariamente en rimas asonantes.

El poeta valenciano Rafael Coloma, redacta un prólogo notable en el que disecciona la estructura del poemario y a la vez confiesa encontrar un existencialismo latente que hilvana los diferentes bloques que conforman esta obra, un existencialismo que siempre subyace, vigoroso y reflexivo, en los tres temas principales del poemario: la Música, el Tiempo y la Naturaleza; no por nada, Coloma titula su prólogo de la siguiente manera: Música y paisaje.

En el año 2002, el escritor argentino Héctor A. Piccoli, publica un libro titulado Manifiesto fractal, en el cual propone a la comunidad literaria mundial, rescatar el ritmo y la musicalidad en la poesía para contrarrestar esa prosificación o versolibrismo prevalente, que tanto daño ha hecho a los contemporáneos amantes de la poesía clásica desde finales del siglo XX hasta la actualidad. Gregorio Muelas se suma a ese llamamiento abanderado por Piccoli y cultiva, entre otros formatos de su repertorio: la métrica en forma de soneto blanco o clásico, la rima jotabé, el heptasílabo, el verso libre y la asonancia.

Gregorio Muelas Bermúdez

El poemario comienza con un poema titulado Preludio que inaugura el discurso poético con la palabra «nada», curiosamente, podría considerarse a este poema una bisagra que ensambla todo su simbolismo con el último poema del libro, titulado Nada, formando un final-principio recursivo y eviterno, constituyendo un viaje desde la Nada al Todo, localizaciones donde la mirada del poeta revela su enamoramiento por la Vida y su fascinación por su efímero milagro: Pero sé que todo es final,/ que todo acaba,/ que sólo existen los instantes,/ y que cada instante,/ cíngulo del tiempo,/ es un fragmento de eternidad.

El primer  bloque,  titulado  Aurora  y  agonía,  se  compone  de  dos sonetos —blanco y clásico respectivamente— que narran, casi en tono bíblico, la «aurora» de la formación del Universo, cuna y morada de la Música; y la «agonía» de la auto-coronación de Luzbel, siniestro Ángel Caído, como Señor de la Nada. Ambos momentos, tienen una importancia capital en la memoria del poeta, ya que, de esa culminación, nace su percepción de la Vida como un curso dual y binario de fuerzas complementarias, visión que vertebra el segundo bloque del poemario, Música en la oscuridad, pasaje que comienza con estos esclarecedores versos: Toda nota tiene su silencio./ También toda luz tiene su sombra.

El yo lírico de Gregorio Muelas se ubica en diferentes tribunas para pronunciar su alocución. En los sonetos: Música callada y Olas al fondo, utiliza la primera persona como ente presente y exclamativo, mientras que en los poemas: Adagio, Bruckner y Schubert Park, el foco emisor de su poesía es un narrador omnipresente. Los magmas de su mundo interior buscan, en todo momento, la forma más propicia para manifestarse. Ese ejercicio de adecuación, aderezado con el poder magnético de algunos arcaísmos que revelan un culturalismo, o relativismo posmoderno, denota una vasta formación y vocación en un autor que ama, respeta y cree en el valor de la palabra.

El cuarto bloque lleva por título El peso de los días, una alusión a la obra poética del poeta Blas Muñoz Pizarro, referente y amigo del autor, poeta al que además va dedicado uno de los poemas del bloque, Otro cielo. Pero también el título alude a ese agónico proceso de erosión que sufre el habitante citadino de las grandes y caóticas urbes, la soledad, la deshumanización, la prisa, una desazón reflejada perfectamente en poemas como Hoy: …entonces entonan vítores los televisores/ y vuelan altivos los sueños/ de los vivos murientes,/ aquellos para los que el ayer no es más/ que una borrosa instantánea,/ una sonrisa congelada,/ y el día a día un futuro sin presente.

En el cuarto bloque, además de la sombra del tiempo, incide argumentalmente una preocupación humanista, las descripciones del mundo y sus pobladores dibujan un panorama descorazonador, donde los seres humanos viven hastiados y llenos de carencias en un mundo desgastado y posmodernista. El poeta encuentra únicamente en las alturas de la poesía, pero no de una poesía cualquiera, sino de una poesía verdadera, auténtica,  porque es forma de vida; una escalera hacia la belleza, ese axis mundi desde el que puede disertar sin ser juzgado, un lugar donde su alma de artista y su conciencia de hombre pueden dialogar armónicamente y de esa eufonía mística emerge su poemario, un poemario al que podríamos llamar exegético.

En el poema Refutación a Adorno, la palabra poética es para Gregorio Muelas un arma para luchar contra la injusticia y el olvido, un acto de civilización contra la sumisión y la barbarie, un elemento clave para defender, legar, constatar, vivir.

En el poema Pessoana, el amor nos dice que siempre ha estado ahí y se revela como otra luz que conquistar, otro arma que defender.

Ya en el quinto bloque, Apuntes de paisaje, como su propio nombre indica, es la Naturaleza quien inspira unos versos contemplativos, evocadores, que describen la belleza de un paisaje, el vuelo de un pájaro o un atardecer, al tiempo que inunda su poesía de pensamiento, de dolor, de nostalgia. En estos breves poemas el autor imprime siempre un ápice de esperanza; sus agrestes pinceladas dibujan  una posible primavera en pleno otoño, un camino alternativo que podemos transitar sin pesadumbre.

En definitiva, Un fragmento de eternidad es un poemario atípico por su pluralidad de formatos poéticos, valiente por su apuesta literaria —tan formal como conciliadora— y un ensayo rico e ilustrador sobre el ser humano moderno y sus preocupaciones. Una excusa perfecta para reflexionar sobre nosotros mismos y nuestro entorno en este efímero lapso que es la vida. Su mensaje es un proyectil lanzado en dos direcciones, al conocimiento y al corazón, un mensaje que sin duda encontrará su destino en el amor y comprensión de los lectores.

 

poemario fragmento eternidad

 

José Antonio Olmedo López-Amor. Nacido el 24 de julio de 1977 en Valencia (España). Titulado en audiovisuales. En la actualidad es empresario del sector servicios.
Amadrinado en las letras en primera instancia por Encarna Beltrán-Huertas, ex-directora del Círculo de Bellas Artes de Valencia, escritora y compositora de música clásica entre otras muchas cosas y alumno de María Teresa Espasa en la actualidad. Colaborador y socio de la asociación Poesía del Mediterráneo durante
varios años, así como redactor de su revista (Corazón de papel), actualmente ha sido finalista en el II, III y IV certamen literario organizado por el mismo Ateneo Blasco Ibáñez, de Valencia, en la sección de Poesía.
Pertenece a la agrupación literaria Ateneo Blasco Ibáñez, de Valencia y a la asociación de escritores valencianos: Tertulia la Buhardilla Es miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES) y de la red internacional de escritores por la tierra (RIET). Ha colaborado con las revistas digitales: Palabras Diversas; Literaturas.com; Xilote; www.escritores.org; Ariadna; El Desván; Sede; Culturamas y es colaborador y miembro del consejo editorial de la revista Todo literatura.es,  corresponsal en Valencia de la revista digital Absenta en la que publica diversos escritos; artículos, crónicas, poemas, críticas de cine y literatura… etc.
José Antonio Olmedo López-AmorSocio cofundador junto a su tío Juan Antonio López-Amor Martínez de la asociación artístico-solidaria Arkanos. En dicha asociación es el responsable del Aula de Poesía que organiza eventos como: recitales, tertulias, entrevistas, programas de radio… etc. Socio cofundador del grupo poético Alquimia y Verso, acompañado por Gregorio Muelas Bermúdez, grupo que está en activo y realiza recitales, conferencias, tertulias…
Publicó el 1 de diciembre de 2011 Luces de Antimonio, una antología poética junto con su tío citado anteriormente, un libro de 417 páginas prologado por Isabel Oliver y con ilustraciones realizadas por los autores (Editorial Ateneo Blasco Ibáñez – Colección Algo que decir, volumen XI. El día 19 de enero de 2012 publicó un poema de catorce páginas llamado Anaranjado de metilo en la misma editorial y en un libro de 20 autores perteneciente a la misma colección (volumen XII) que fue presentado en el ámbito cultural de El Corte Inglés, de Valencia. En 2012 participó en la antología del Ateneo Blasco Ibáñez Latidos contra la violencia de género con un texto ensayístico que denuncia la violación de los derechos humanos.
Ganador del primer premio del III certamen literario del Ateneo Blasco Ibáñez en la sección de Narrativa con el relato El Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Ganador del tercer premio del I Certamen de poesía Rima Jotabé con la obra Las Ocho virtudes capitales que ya ha sido publicado en un libro por la editorial Publiberia. Ganador del primer premio del II Certamen de poesía Rima Jotabé con la obra ¿Acaso no es amor haber querido? Ganador de una mención honorífica en el certamen de la primavera 2013 de la asociación castellonense Amigos de la Poesía (ALCAP) por su poema «Noche» perteneciente al poemario inédito Sinfonía alpina. Tiene dos poemarios inéditos Diario de lo humano y lo divino y Cuaderno íntimo y un libro de relatos inédito en coautoría con Juan Antonio López-Amor llamado Epilogonías. Un libro de haiku, senryu y tanka inédito titulado La soledad encendida, escrito a cuatro manos con Gregorio Muelas Bermúdez verá la luz en breve. También ha publicado recientemente en la última antología de 24 autores, que acaba de editar el Ateneo Blasco Ibáñez en su colección Algo que decir, N.º XXI —que ha sido prologada por el escritor valenciano «Ricardo Bellveser» y cuenta con la participación en la sección Tribuna del catedrático valenciano Francisco Brines— un poema con 288 versos distribuidos en doce páginas, escrito en endecasílabos blancos, llamado El Nacimiento de la Música.
Recientemente ha sido distinguido con el título de embajador de la Rima Jotabé por sus méritos obtenidos en su escritura así como por su divulgación.

 

reseña José Antonio Olmedo


tapa poemario Un fragmento de eternidad

Un fragmento de eternidad – Gregorio Muelas Bermúdez
Editorial Germanía (Colección Viaje al Parnaso) – ISBN: 978-84-16044-33-7

 

🖼️ Ilustraciones: (inicio) fotografía por Pedro Martínez © ▫ (en el texto) Portada del libro y fotografía de Gregorio Muelas remitidas por el autor de la reseña.

 

reseña poemario Un fragmento de eternidad

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