entrevista por
Ana Somoza

S

u rostro no es desconocido para el público sevillano como tampoco lo es su particular concepto creativo. Inquieto y poco convencional, Antonio Ortega ha asentado las bases de su obra en formas expresivas que huyen de lo previsible, para encontrar acomodo en la insurrección frente a los patrones clásicos. Inverso, último título de su bibliografía, así lo evidencia. Cuarenta y tres composiciones poéticas con las que este indómito escritor saca a la luz la que sin duda es, hasta este momento, su obra más personal.

—Su primer poemario llega en un momento en el que la poesía pasa por horas bajas, ¿qué le ha empujado a publicar este trabajo justo ahora y con una editorial poco dispuesta a doblegarse ante los dictados de la industria del libro?

—La poesía ha estado siempre en horas bajas, es un género artístico de minorías. Si repasamos la historia, pocos poetas fueron célebres y afamados en el tiempo que vivieron. A la mayoría los consagró la muerte y sumaron adeptos cuando sus nombres ya se escribían en el mármol de una lápida. Esta época no es más que una prolongación más del tiempo y de las circunstancias que siempre ha perseguido al género. En cuanto a lo que me pregunta de la editorial, su irreverencia a las imposiciones del mercado dice mucho a favor del compromiso que tiene adquirido Ediciones en Huida con la literatura. No se puede consentir que la empresa que distribuye gane más que el inversor y que el creador.

—Aunque este estreno poético ocupe el quinto lugar en su producción literaria, su interés por las rimas viene desde la infancia, ¿no es así?

—Mi creación poética data de mi niñez más temprana, componía poemas en la mente incluso antes de saber escribir. No sé si soy poeta, pero lo que quiera que esto sea nació conmigo.

—¿Qué es Inverso?

—No lo sé con exactitud. Quizá lo que el lector quiera que sea. Lo que ahí se publica dejó de ser mío en el momento que salió de la intimidad de mi vida. Por principios huyo de las definiciones. Si me apura le diré que Inverso, es sencillamente, un libro de pensamientos, de sensaciones y de sentimientos. Si a todo esto se le pone una catalogación y le llaman poesía, entonces digamos que es lo que dicen.

—Dice en el prólogo de su libro que «estas palabras no le representan», sin embargo, mucho de lo que cuenta en sus poemas está basado en experiencias autobiográficas, ¿no es así?

 «No me ajusto a nada y por condición humana abomino de las normas. Mi aspiración es la libertad siempre, en todo».

—Todo lo que se publica en Inverso lo viví yo, lo respiré yo, lo sufrí y lo gocé yo. Pero no lo recuerdo. Escribí esos textos en el éxtasis y luego me quedé dormido. Es por ello por lo que no me siento representado en conciencia, sí identificado en esencia.

—¿Cuáles son las claves de su poesía?

—Sería muy prematuro y un acto de petulancia hablar de «mí» poesía: no, yo no tengo una poesía propia, y menos con claves, porque no me ajusto a nada y por condición humana abomino de las normas, mi aspiración es la libertad siempre en todo. Voy constantemente en tránsito.

—¿Le aburren las estructuras clásicas?

—No, me aburre lo artificial. Pero es cierto que lo clásico está estructurado y eso encorseta y aboca al poeta a ser un compositor de versos, un malabarista de palabras que encaja rimas, como si el poema fuese un sudoku. Yo voy por donde me lleva el sentido. El clásico se hace, el avieso, nace así. Pero es puro.Antonio Ortega

—Hay quien dice que sus poemas son auténticas fotografías. ¿Se considera un espía de lo cotidiano, un ladrón de instantes?

—No tengo consideración alguna de lo que soy ni de lo que hago, no sé explicar con sencillez mi yo. En cualquier caso, el ladrón se queda con lo que roba, yo sólo lo retrato sin moverlo de donde está, luego lo regalo en un poema.

—¿Hay elementos morales en su poesía?

—Muchos, pero no son intencionados. Yo no escribí los textos que forman parte de Inverso para ser publicado, atienden más a esos momentos de imperiosa necesidad de expulsar el aire contaminado que a todos los seres humanos nos asfixia en momentos concretos de nuestras vidas, y aunque lo que en ellos cuento no son cosas tan privadas que no se puedan contar, sí que se trata de sensaciones muy íntimas que escribí sólo para mí. Finalmente han visto la luz, pero no sé siquiera por qué he aceptado compartirlos. Será porque soy un ser contradictorio, un ser inverso…

—¿La poesía debe tener un componente subversivo?

—La poesía deber ser libre, sea cual sea los componentes que la formen.

—En sus poemas confluyen los grandes temas universales como el amor, la muerte, la soledad… ¿trata con ello de enfrentar a sus lectores con las grandes disyuntivas existenciales?

—No, no pretendo nada porque esos poemas no nacieron con intención de ponerlos en manos del lector. Si ahora que así es provoca esas reacciones es pura casualidad.

—Hay autores que publican sus poemas tal y como salieron de su pluma mientras que otros prefieren corregirlos y retocarlos tiempo después. ¿No es ese un ejercicio de desnaturalización de la poesía?

—A mí así me lo parece, pero comprendo al poeta que corrige y retoca. Yo prefiero su originalidad aunque no sea una maravilla de poema literariamente escrito. Me encanta la perfección de lo imperfecto.

—¿Es usted de esos autores que siempre se sienten insatisfechos con lo escrito?

—La escritura es una maldición para el creador, un vicio siempre insatisfecho. A mí no me gusta nada de lo que escribo y esa condena me martiriza.

—¿Cree que los lectores se equivocan con esa eterna tendencia a traducir las intenciones del poeta al escribir determinados versos en lugar de hacer su propia lectura?

—La poesía no es para comprenderla, sino para sentirla. Si el lector traduce un verso en algo diferente a la intención con la que fue escrito es porque así es la naturaleza que conecta al que escribe y al que lee.

—¿Le han sorprendido alguna vez con interpretaciones de sus composiciones que nada tienen que ver con la realidad?

—Claro…, la cabeza de cada cual es un mundo propio. No es honesto pedirle al lector que capte lo que el creador pretende, que puede ser incluso indescifrable. Pienso que tiene tanto derecho a fabular y dejar que su imaginación vuele como el propio autor.

—Todo escritor tiene referentes pero, en su caso, ¿podemos hablar de influencias concretas?

—Mis escritores irrenunciables son tantos… Me apasionan Cortázar (el que más), Juan Rulfo, García Márquez, Nicanor Parra, José Luis Martín Descalzo, Baudelaire, Vasco Pratolini, Poe, Oscar Wilde, Miguel Hernández, Manuel Machado, Víctor Hugo, Graham Greene, Flaubert…Y cien más. Pero no creo que de sus excelencias se me haya pegado nada.

—Para Nicanor Parra «toda pregunta es una impertinencia», ¿lo ha sido esta entrevista para usted?

—Su oficio es preguntar y el mío también, los dos somos periodistas que vivimos con el veneno de esta profesión en las venas: llevo toda la entrevista con ganas de preguntarle yo a usted por qué me pregunta esas cosas, pero no he querido ser impertinente…

 

DESPIECE

Curro Romero, La Farruca, Pepa Montes, Ricardo Miño, Andrés Marín, Lola Valderrama, Esperanza Fernández o Pedro El Granaíno, fueron algunos de los nombres populares que se dieron cita en la trianera Sala El Cachorro el pasado 28 de octubre, para asistir a la puesta de largo del primer poemario de Antonio Ortega. Los periodistas Cristóbal Cervantes y Patricia García Mahamud se encargaron de conducir un acto al que asistieron más de un centenar de personas, y es que este peculiar autor arrastra a un público fiel que siempre respalda sus propuestas con entusiasmo.

Curro Romero y amigos

 

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 Inverso (Ediciones en Huida, 2014) – ISBN: 978-84-943077-2-0
Para adquirir este libro: https://www.edicionesenhuida.es/producto/inverso/

 Imágenes en el artículo: Fotografías por la autora de la entrevista (somozaflamenco [at] gmail.com) ©

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Revista Almiarn.º 77 | noviembre-diciembre de 2014
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