poemas por
Tatiana Medina

 

Inenarrable

la línea borrosa,

que escondemos bajo la almohada

por encima de las pesadillas.

Si yo fuese palabra

sería anhelo,

si vos fueses sensación

serías sed,

y si esto pudiese volar

se caería por el peso de tantos sueños inacabados.

Se escucha lejos,

el crepitar producido por tus ojos pestañeando

rítmicos, armoniosos,

como el sonido que producís vos

al mojarme el borde de los labios

cuando me dan ganas de robarte la boca

con las palabras todavía adentro.

Adentro, arriba

escondiendo(nos)

las horas que sobornamos

con la intención de desnudarnos

del recuerdo,

de las mañanas que no pudieron ser,

de la incapacidad para abrazarnos.

Y después de haber dejado el mensaje

envuelto en tinta efímera,

como cada roce y cada paso que damos

en dirección opuesta/nebulosa,

yo me animo a tirar —de— la mano,

esconder la piedra,

y pedir por favor

que los golpes que me doy en la cabeza

contra el vidrio de la ventana del colectivo,

(cuando lloro y voy pensando en vos)

duelan menos

que la enajenación

provocada por el sonido

de tu voz.

 

Reto a la ignición

 

Ni aun permaneciendo sentado junto al fuego de su hogar
puede el hombre escapar a la sentencia de su destino.

Esquilo de Eleusis

 

Arden los costados, las casas, los barcos ebrios de su lujuria,
estrellas, calles, los fuegos artificiales del carnaval roto…

Arden las venas, el sexo, un átomo no identificado escapa del fisionador y arde.

Arden Roma, Alejandría, Babel, Egipto, Washington D.C…

Arde la boca roja de risa forzada y Rock and Roll.

Arde la música en la voz de Elvis Presley,

se acaban los acordes, dioses, metal, gritos, guitarras…

Arde todo, Helvetia, el saxo, el corazón y el miedo.

Arde Duel & Cloudscapes en el reproductor.

Mi mundo gris es el humo que crepita en lo oscuro de las lágrimas inertes por el caos, y arde

consumido su núcleo en afasia de carbonizado papel, junto a mis pensamientos, ya sin sentido, de tribulación premeditada.

Tal vez los cautivos de Sodoma y Gomorra se han convertido en sombras que habitan mi mente.

Con las manos abiertas espero el fuego sin perjuicio. Mientras el mundo se desvanece, nace un niño.

Antes de la ignición final quiero los pechos desnudos de Simone y la prueba cruzada de mi pecado.

Siento que mis sentidos se pierden en la voz del silencio,

retórica de sus redes que van cayendo lentamente sobre mí.

En otoño, el profundo deseo de los barcos de llegar al muelle me supera con sus espejos mudos.

En esta luz, lluvia, vidrios rotos, el incendio primordial…

Lluvia antigua del universo que se quema a la luz del atardecer

destrozando el cristal del mundo como miembros de un rompecabezas.

 

Ángel negro
en el desierto

 

Me atraviesa tu desprecio
Como flecha que al venado
Tan noble y desamparado
Lo priva de vida el necio
Cazador que pone precio
A su piel después de muerto
Pues fue tanto el desacierto
Que troqué la piedra en oro
Oyendo el triste canoro
De ángel negro en el desierto.

 

Las rosas
decapitadas

 

Las rosas decapitadas
La cadena al pie del yugo
El látigo y el verdugo
Lágrimas cristalizadas
Las palabras subyugadas
Por un silencio tan seco
Mas si marcho siempre peco
Y ante tu prisión me inmolo
Pues no puede latir solo
Mi corazón, oye su eco.


arabesco poemas Gretchen Kerr Aderson

Gretchen Kerr Aderson utiliza el seudónimo de Tatiana Medina. Es una escritora independiente, de 19 años, residente en Cuba. Escribe poemas, narrativa y novelas de ciencia ficción del genero steampunk.

Contactar con la autora: tatianabmedina2.6 [at] gmail.com

 Ilustración poemas: Fotografía por annekroiss / Pixabay [dominio público]

 

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Revista Almiar – n.º 98 / mayo-junio de 2018 – MARGEN CERO™Aviso legal

 

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