artículo por

José A. Morejón Sardiñas

 

La cuestión del trabajo frente a la propuesta de sobrevivencia o sentido de existir resulta un tema que interesa, preocupa y se dificulta entre quienes día a día se muestran frente a la disyuntiva de cuál es su verdadera necesidad. Remuneración ideal o manera de alimentar el espíritu ¿realmente pueden coexistir en nuestra sociedad actual?

En principio, ninguna etapa de la historia de la humanidad recoge en sus páginas la unidad de este sentido laboral. Los tiempos han cambiado y, actualmente, sobre la base de este discernimiento continúa configurándose, aún más, la proporción de priorizar y asegurar las necesidades materiales apremiantes de cada ser humano.

No hay demasiado problema en admitir que el Trabajo fijó la clave para el origen del lenguaje articulado y consagró las vidas de las personas al establecerse como instrumento iniciativo o red de relaciones. Aunque la palabra  utilizada  para  referirse  a  esta práctica  humana  en  su  sentido preciso —y trivial— procede del latín tripaliare: torturar, se comprende este esfuerzo en sí como un nivel de realidad y espiritualización de lo físico.

Varias ideologías: el marxismo o anarquismo, creen enteramente en los valores de esta práctica de mortales, y otras, conservadoras, apoyan leyes sobre la capacidad laboral e incluso una más radical: el trotskismo, establece una revolución permanente. Ninguna de estas concepciones ideológicas se opone al esfuerzo de las masas pero no encuentran un balance ideal pues solo lo definen y otros lo realizan. Aun en la progresista Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948, artículo 23, los cuatro puntos teorizan y priorizan el derecho al Trabajo como sobrevivencia.

Conviene reparar en algo que resulta decisivo: la mentalidad económica de la nueva época materialista. Esta reduce al trabajador a su rendimiento, y éste, a su valor monetario: el salario. El eje estructural de esta tendencia es dar importancia primordial a los intereses del jornal y convertir al asalariado en un simple miembro de una complicada técnica de inversiones y rendimientos, pérdidas y ganancias, activos y pasivos. Si los sistemas mundiales dominantes no ofrecen una perspectiva esperanzadora en cuanto resolver las amplias crisis sociales o ecológicas a que se enfrenta hoy la humanidad mucho menos lo harán en la vertiente del plano laboral. La elevación del esfuerzo humano a la categoría de subsistencia constituye un producto de la transfiguración de un sistema o una nueva sociedad.

Entretanto, la psicología considera el trabajo no solo como la vía de cubrir las necesidades humanas sino también un hecho para satisfacer el desarrollo individual de autorrealización. Un diagnóstico de estrés o de monotonía son síntomas de la reacción entre la necesidad de solvencia económica y la motivación personal, aunque la propia psicología reconozca una reacción constante del ser humano, positiva o negativa, ante el medio laboral como hecho significativo realizado en un momento de la vida.

En efecto, la mayoría de las respuestas se estructuran de forma negativa o positiva. Cuando se experimente un rechazo puede que el trabajador no se identifique con la labor que realice. Por un lado, en la mayoría de los casos el origen de este rechazo es ocasionado por el comportamiento individual ante la situación económica. Y por otro, ante un alto grado de identificación o de responsabilidades con el medio profesional. En su totalidad esta última condición guarda cierta relación con las reacciones de Trabajo basadas en el sentido de existencia. Bajo situaciones extremas se cree interpretar ambos modos de concebir el Trabajo, pero la contestación siempre estará desequilibrada. Por estas razones, en gran medida, se ha convertido el estrés en la pandemia del siglo XXI debido al deslinde laboral del mundo moderno y la competitividad.

Para responder a estos trastornos provocados por escenarios agobiantes o tensiones acumuladas, grandes empresas destinan áreas con la finalidad de bajar o eliminar los niveles de estas de tensiones laborales, en aras de disminuir el estrés del empleado. Existen un centenar de programas destinados a los ingresos y equipos de psicólogos dedicados a la observación y evaluación de los trabajadores.

Pero, ¿acaso este estado ideal, donde el trabajador cubriría sus necesidades elementales y al mismo tiempo tendría realización personal, está al alcance de todos en un mundo dominado por la crisis? Algunas de las posibles consecuencias de la opción del Trabajo como sostén económico pueden tener las bases en el rápido crecimiento de la población global donde las necesidades primordiales del hombre no se cubren por el actual nivel y alto grado de interdependencia económica y social entre varias naciones del mundo.

La gran mayoría reclama tiempo para disfrutar de una inactividad de la cual no se dispone con independencia de ingresos. Y la frase: «Mejor tener ‘cualquier’ trabajo que no tener ninguno» se ha convertido en una profesión de fe exigida de modo general, de conjunto con: «¡El que no trabaja, no come!». Estos fundamentos, ahora más que nunca, se vuelven desesperadamente una moda. No se comprende la diversidad del Trabajo, y por muy insignificante que parezca alguno, constituye el respaldo de la infraestructura de cualquier sociedad. Las consecuencias de una mala base de esta infraestructura repercuten en la conciencia social, reflejo del ser social.

Los valores culturales e ideológicos refuerzan la asignación de patrones preestablecidos y diferenciados, a nivel mundial, en la esfera del Trabajo. No es un par de zapatos que no se pueda mantener unido, en el sentido de esa metáfora, a pesar de sus diferencias estructurales. Pero la situación es, en efecto, complicada si se entiende como dos sistemas ocupacionales respectivamente bien diferenciados cuando se emplea aproximadamente más de un tercio de la vida en realizar, en su totalidad, esta actividad humana. La urgencia que imponen el presente y el futuro no deben de favorecer al desequilibrio laboral, solo el optimismo de carácter personal aportará verdaderas soluciones a tan discrepante dilema.

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José Ángel Morejón Sardiñas
(Universidad Central «Marta Abreu» de las Villas, Cuba)

· Contactar con el autor: joseangelms[at]uclv.cu

 

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Ilustración artículo: Ritmo de trabajo, fotografía por Daniel Mercado ©
(Obra premiada con un accésit en la 1.ª Muestra de fotografía Almiar, 2002)

 

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