poemas por
Eduardo Escalante

 

 

                           (a la Habitación de Arles de Van Gogh)

No vaya a ser que vengas.

Hoy me pondré esos zapatos viejos,
muy viejos
que me regaló mi hermano
en aquellos tiempos difíciles.
También los calzoncillos largos
que me han cuidado en tantas jornadas
y por supuesto,
el traje con el que alguna vez imaginé casarme,
pero por las cosas de la vida…
Me cortaré el pelo un poco
con esas tijeras que no sé de dónde vinieron.
Limpiaré las sillas, ordenaré la cama
y en la mesa colocaré esas viejas fotos
colgaré algunas en la pared,
también una de Japón que alguien me regaló
y una botella de vino tinto por si acaso.

No vaya a ser que vengas.

Al techo se le ha caído un ala
pero aún resiste,
para mí se ve bien
porque tiene claraboya y en la noche sueño
con las estrellas.
La ventana está descuadrada
pero aún no entra el agua.
La puerta aún detiene a los intrusos.
¡Todo está bien!

No vaya a ser que vengas.

Prepararé el té
con pan calientito y mantequilla
para conversar de esas cosas pendientes
y miremos juntos por la claraboya.

No vaya a ser que vengas

Aquí yace, en la dura tierra del cementerio de Auvers-sur-Oise.
El que al otro espera
.

 

Lo posible y lo imposible de lo posible

un alud desbarrancó lo posible
volaron plumas
se desmembró el ala de lo imposible
cien sueños quedaron colgados de unas ramas
diez sueños se abrazan contra la gravedad
tres sueños y un mosquetero
a palazo limpio con el aire
sobreviven
en el fondo
ocho sueños quedan disgregados
pueden ser los círculos de Dante
el mosquetero quedó intacto
camina hacia una cabaña
que queda en la calle de nombre «lo posible»
golpea la puerta,
los moradores le conceden habitación
entré en ella
sólo una cama, una mesa y un cuadro
en el cuadro Víctor Jara
cantando lo imposible.

 

Estaciones dispares

El árbol en silencio degusta sabia,
su bombilla se rebalsa, el día ha estado negro.

Allí, un árbol con fatiga,
una última hoja que cuelga de una rama.

No. Un pájaro va iniciar su vuelo. 

Cuando, de repente, cuando de repente
primavera, verano. Eso será:
rotundamente con alegría
para todo y para nada.

Será a cielo abierto. Los pájaros
como los hombres, mirarán de reojo
con insolencia,
por allí andan esas luces seductoras,
colorizadas. Aceptan reverencias  

(miradas se escapan.
aroma de enamorados
dispuestos al ritual).

Este día de caminar. Esta taza de té.
Esta copa de vino. Este cielo amarillo.
El sol queda amarrado a una roca

(se destruye cualquier oscuridad).

Todo lento venir viniendo.
Ya no se prueba ninguna tristeza.
Ningún derrumbe prematuro.

 

Sueños y realidad

Cuando logro salir de escribir poemas
es como cuando regreso de la orilla de la playa
cuántas calles lleva la nave que recorre
mis venas con sueños en sus habitaciones. Hay que despertar.
He quedado lleno de lo que se nombra asimismo: 

«Una nube tiene patas largas, por ella se suben transeúntes,
a esconderse».

En esa nave hay palabras que nacieron sin perfume,
a las diez diez nació una que estaba muerta antes de nacer,
traía una mentira a cuesta. Pero también trae una verdad,
una rosa se demoró cien años en ser rosa. 

Ya despierto uno lee y lee,
hay palabras de las que uno no puede ser pasajero
por más que corra tras ellas. 

Este otoño que no estaba destinado a significar nada,
levantó un muro de anuncios que no esperaba
detienen lo que había pensado
siento que me toca con mano pesada
claro que con disfraz de ondas suaves 

aquí pronuncio palabras con los ojos y la boca
algunas nunca se definen a sí mismas
pocos entienden que su oxígeno son tormentas
a menudo uno va ciego sin refugio nada parece tener límites
la casa no es tan perfecta
y las ventanas quedaron agarradas a un pasado
que nunca fue pasado.

 

Resucitado

Qué lástima que los niños no conozcan a Walt Whitman.
De quién es la culpa, vaya a saber uno.
Quizás ni siquiera importe. Lo que vale, digo:
cielo, paraíso, serenidad, amor.
Hago: una rotura en mi bolsillo
para que salga un puñado de pena.
Coso: cada letra de pequeña derrota
o amargo triunfo.
Abro la ventana, buena noticia:
sopla amor, las rocas giran allá,
se han limpiado de infortunios y tribulaciones,
se disuelven los momentos remando con un solo remo
(perdí el otro)

(algunos se escondieron detrás de una pared de nubes).

Una sensación única en medio,
la temperatura del cuerpo y el espacio se entrelazan.

Entre lo cotidiano y no cotidiano:
preparo mi voz.

Un ligero encuentro
en el bosque que duerme.

Si lees estas palabras,
cuando ya ido, ido
sabrás que me habrás resucitado.
Sí, mira: las rocas allá giran 

(la muerte nunca una humillación ni un final).

Aquí, en otro lugar sentado y bien amparado,
de mis mangas se desprende la luz de la luna,
todo con calma escribir escribiendo.

¿Cómo morí mi vida pasada?
Avancé mil, diez mil, cien mil pasos por el camino
en la frente el más allá, sin noche, sin día.
Aprendí a ser tierra natal para mí mismo.
Cuarenta cielos pintados con mi tejido cerebral.

No fui un tigre que se devoró sus propias patas.
Ni carta de baraja de un dios sin hijo.
En varias esquinas me planté con siete
y media miradas de enojo.
Si la confusión era signo de los tiempos,
era parte de la ecuación. Miserable confeso.
Como estaba al lado de la Cruz,
agua de perdón me inundó.

Un día cualquiera simplemente me planté.
No alcancé a explicarme el porqué la calle
no era tan derecha.

Ahora, mi alma girando como el sol en su eterna órbita.

 

Eduardo Escalante (Chile, 1942). Poeta chileno. Licenciado en Lingüística y Literatura por la Universidad de Chile, es Magister en Ciencias Sociales, por la Universidad de Gales e investigador por la Universidad Juan Agustín Maza de Mendoza, Argentina. Ha publicado diversos artículos científicos en revistas de Chile, Argentina, Perú, Colombia, México, Nicaragua y España. Ha escrito cientos de poemas inéditos. Ha sido finalista en los concursos de «Letras como espada», de Toledo, España; del Certamen de Poesía San Isidro Labrador, del Certamen de Poesía Tiempo Nuevo y del Certamen de Haikus Jorge Luis Borges.

Contactar con el autor: escalante.gomez [ at ] gmail.com
Ilustración poemas: Scarpe, Vincent van Gogh [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons.

 

 

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Revista Almiarn.º 91 | marzo-abril de 2017MARGEN CERO™ – Aviso legal

 

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