relato por
Eduardo Enrique Pimienta

 

Barranquilla, 2013

 

El presidente ha dicho que este año es un año de paz, y es por eso que adelanta diálogos con la guerrilla que tantos años secuestró y mató a inocentes, la radio anuncia que todo marcha bien, ¡pero qué va!, todo es una vil mentira, el mundo no conoce la paz, el mundo como está se deleita en la inmunda guerra, todo se trata de guerra, así es la sociedad, debes competir con los demás para todo, hasta para lo más básico, cómo hacer una triste fila, estudiar y otras tareas básicas dentro de la misma, todo apostándole a la cultura de guerra. El presidente se equivoca al evocar con tan frío sentido la palabra «paz», esa mierda es una utopía, algo que no llegará y él lo sabe, solo que es mejor vivir engañados y esperanzados que arrojados a una realidad tan cruel que nos consume, siento que eso de la paz, una vez más será una caja vacía, esa misma sensación que tengo ahora, esa es la sensación que me aprisiona el pecho, no es porque esté enfermo, es que han pasado casi cinco años desde que no veo a mi familia, llevo casi toda la vida ausente de lo que es una sonrisa, soy Raymundo Castañeda hijo de la nada, dueño de la inmensidad de mi alma, pero, que no te asuste eso, no estoy muerto, digamos que viajo entre mi maleza espesa tratando de encontrar alguna luz, en el mundo real, me conocen como el «Tato Piano», por mi obsesión con dicho instrumento, soy Raymundo, soy inmundo, soy El Tato Piano, soy un harapiento y sucio, lo que ahora me dedico es a hurgar entre la mierda para encontrar algo que sirva, nada diferente de lo que hago con mi vida, pero, no te alarmes soy sólo un reciclador, amante de la música y en especial de ese instrumento, el piano, mire cómo me erizo al hablar de ello, no se me haga el marica, el piano, la música es lo mejor que me ha pasado.

Sabe, alguna vez escuché que la vida se trataba de momentos en serie y que cada uno de esos momentos son como páginas de una revista, que de vez en cuando te detienes a leer y puedes visualizar cómo ha sido tu vida, a mí me parece estúpido eso, aunque si fuera cierto he hallado lo que quizás sea algo que me destroza la vida, ¿no sabes a qué me refiero?, bueno, supongamos que esa mierda de la revista es cierta, y que yo a veces miro esa revista a diario, a cada momento, no tengo muchas opciones para mantener ocupada la mente, así que por cualquier motivo leo esa revista de mi vida, es algo normal, pero, lo que no te puedes imaginar es lo que yo visualizo, puedes visualizar tú y obtener un punto de vista, pero jamás veras el mío, y mi punto de vista hermano, es que en mi revista yo no veo nada, puedo pasar horas y horas viendo mi revista y no veo nada, no sé qué espero encontrar, la verdad, tengo cuarenta y tantos años sin ver nada, es como buscar teticas rosaditas en una revista evangélica, mi revista está vacía, o más bien odio leer mi revista y prefiero las tetas. ¿Ahora sí me entiende?, no encuentro nada en mí que realmente me haya hecho especial, me haya hecho sentir realmente realizado, tuve mis cosas y preferí la calle, no me arrepiento, a pesar de que alejé a mi familia, aunque me valen huevo, son gente que tienen un peñón por corazón. Pero venga, que no le he contado el día en el que sentí ser especial, no te contaré de mi vida pasada eso es mierda vieja, le contaré desde que yo era un harapiento hijo de la nada, de cuando conocí un sonido que me estremeció, en alguna vieja tienda de empeño, el gran Franz Liszt ejecutaba su Sonata en Si menor, ¿no la ha escuchado, amigo?, no sabe de lo que se pierde, Liszt era un verdadero genio en el piano, esa sonata es muy difícil de ejecutar, exquisita de apreciar, pero, tranquilo amigo, no le diré nada más de Liszt, le seguiré hablando de mí. En todos los años de prestigio de mi vida pasada nunca atendí a tal belleza, la música, es esa belleza escondida, es a veces tan sutil, a veces te golpea, a veces te enamora, es dulce y amarga, es viento suave y huracanado, es el equilibrio de mi ser, si ve por qué estoy loco, no se asuste no muerdo ni nada de eso, mi locura es intelecto, pero hermano, es que si oyeras lo que oigo, quizás no me creerías tan loco, óigame atentamente: se dice que el sonido simplemente son las vibraciones que viajan a través del aire y que pueden ser percibidas por tus oídos cuando estas se encuentran en cierta frecuencia, que entran dentro de nuestro espectro de frecuencias que podemos percibir, pero la verdad, es que encuentro esta definición carente de realismo y exactitud, para mí, el sonido es mucho más que ondas viajantes, vibraciones frecuentes, el sonido representa o tiene un valor enorme en el mundo, nosotros así lo hemos designado, sin el sonido nunca sabrías cuándo está listo tu pan de la tostadora, sin el sonido de una bocina de un automóvil te sería imposible evitar ser arrollado por uno, sin el sonido las comunicaciones entre nosotros serían casi que imposibles, ¿ahora sí me hago entender?, el sonido tiene un valor incalculable en nuestros días, y nosotros aún no nos damos cuenta de ello. Mire usted este otro punto, hablando así con usted sabemos ahora que por el sonido se articulan mis palabras y existe este idioma hablado, por el sonido podrás leer las líneas de un periódico como si te hablaras directamente a la cabeza, puedes oír tu voz ahora mientras te hablo, quizás te dicen, este tipo es un sollado, y sí, es fantástico poder escucharte a ti mismo en la cabeza, pero lo más increíble es poder ser escuchado. La música es uno de esos medios para transmitirse, sin embargo la música es universal, es algo que no necesita ser entendido para transmitir el mensaje, es así de simple, la música es una de las magias de la vida y sé que usted no sabía nada de esto.

No me preste atención si le incomoda lo que digo, pero quiero aclararle que hay cosas que no me gusta hacer como cualquiera, pero una de ellas es eso de escucharme en la cabeza, prefiero que me oigan, así como estamos ahora, a pesar de ello, no dejo de oír mi voz susurrándole a mi cerebro, esa voz mía, ese tono peculiar, jamás deja de sonar en mi cabeza diciéndome qué debo o no debo hacer, sabe, hace tiempo que las ignoro y no pienso dejar de hacerlo. Mire amigo, que nosotros siempre cargamos con cosas encima, acostumbramos a subir la vida en nuestra espalda, jamás la bajamos de allí, por eso en las noches terminamos con un terrible dolor cervical. No tuve mucho que hacer por mí en esta vida, no tuve oportunidad de escoger sólo seguí el camino que estaba trazado a mis pies, había nacido para tenerlo todo y me mamé de eso, todos los días me jodía un poco más, hasta que termine como un harapiento en las frías calles de esta ciudad, claro que no soy de aquí, vine para que mi familia no me encontrara, me escapé a los dieciocho, usted sabe sólo queriendo un poco de libertad, y luego terminar drogado y borracho en un oscuro callejón sin ropa, así empecé mi travesía, pero eso no importa ahora hermano, lo que le quiero contar es otro cuento.

Mire usted que los sonidos puestos de cierta manera pueden expresar sentimientos, y esa manera de organizar sonidos lo llamamos música. La música es lo único que me calma, de este tiempo que llevo así en este estado no he conocido cosa más perfecta que la melodía de una buena canción, es como si pudiera escuchar las palabras a través de esas notas, la música es algo más que instrumentos, es algo que puede matar y dar vida. La música es un lenguaje del ser humano, pero en sí este es el lenguaje de su alma, por lo tanto es capaz de transmitir mensajes sin siquiera decir nada, el silencio es la música más perfecta, todo es música en sí, los sonidos de las cosas que me rodean son música, es así como puedo escuchar en las noches frías mi corazón junto a mi respiración, de fondo un leve viento, en esos momentos sólo escucho, mis ojos no sirven de nada cuando escuchar a mi alma se trata, la ciudad me sabe a mierda, pero la escucho entre nostalgia y lágrimas mezcladas.

Aún recuerdo que aquel día el sol me levantó porque iluminaba con fuerza desde muy temprano, yo trataba de seguir durmiendo en esa cómoda banca en el parque, pero, ya era cosa difícil, los rayos de sol atravesaban las hojas del inmenso árbol de roble que estaba junto a mí e iban directo a mi rostro, no pude aguantar más y me senté entre mis cartones, miré hacia el árbol y este hacía visos con los rayos del sol. «La vida es bella verdaderamente, aunque la mía es mierda», eso siempre digo al levantarme, tomé mis cosas, recuerdo que aquella vez traía un par de bolsas negras y mis cartones, el vacío en mi estómago no se hizo esperar, en esta ocasión no era por la soledad que me embriagaba, o por lo sombrío y triste que puede ser la ciudad para mí, tenía un hambre tenaz, sentía retorcer las tripas, era hora de vender mis cartones, haciendo cálculos alegres a duras penas me alcanzaba para un pan y un vaso de café, no había conseguido mucho el día anterior, ¿acaso las personas no saben que de su basura vivimos muchos?, deberían botar más cosas. A veces me detengo a pensar si quizás las personas de bien supieran que hay familias mendigando su basura tendrían un poco de piedad, pero creo que el hombre que vive de la desgracia y desperdicios de otros es doblemente desgraciado, míreme a mí y créame soy el doble de desgraciado, recordé la vez de que un pastor de iglesia llegó al barrio, un barrio humilde, y nos dio comida, además hacía jornadas de alfabetización y nos daba esperanzas, evangelizar era su norte el mío siempre fue la comida que traía.

Miré a la esquina y vi que venía un policía, había llegado la hora de retirarme, usted se podrá poner en mis zapatos y me dirá lo desesperante que es la cana hermano, para aquellos días ya me habían encerrado un par de veces en la estación y créanme que es bastante deprimente, los policías aquí entre nos son gente reprimida, gente sádica, bastante que sufrí maltratos, pero a nadie uno puede acudir siendo un indigente, así no se puede hermano, así no se puede. Entonces recogí mis cosas y me perdí de la vista de aquel policía, caminé calle abajo en dirección de la chatarrería de Don Tomás, ese era un viejo amargado al que le vendía las cosas que recogía, siempre un desgraciado sabe, nunca nos daba lo justo, pero se lo vendíamos a él porque era el único por esa zona, no teníamos adonde coger. Este tipo era un maldito avaro, siempre sentado en una mecedora oxidada contando los billetes de a mil y de a dos mil que cargaba, jamás le vi billetes de más valor, según él para que se le viera la plata, seguro que eso lo hacía sentirse importante, por más que me robara no podía decirle nada, ni un reclamo, la vez que le reclamé me metieron preso, no tenía más que venderle y callarme la jeta. El taller de Don Tomás quedaba en medio de una de las más peligrosas calles de la ciudad, no sé si usted sabe de calles, pero yo no sé, sólo le puedo decir que a esa sólo iban las putas y los drogadictos, la policía muy pocas veces entraba, porque salía con el rabo entre las patas. Recuerdo que ese viejo fumando tabaco y el fajo de billetes en la mano, gordo y calvo, era grotesco el viejo ese, si lo viera usted sentiría este mismo asco que me produce a mí, y eso que he visto lo peor, la mierda y yo nos acostamos todos los días.

—A ver Tato, ¿qué traes para hoy?

—Don Tomás, traje estas bolsas de periódicos, y estos cartones.

—Bueno veamos cuánto pesan, al parecer que me vas a dejar pobre hoy.

—La idea no es dejarlo pobre a nadie, la idea es que me pague lo justo.

—Como siempre lo he hecho, y más te vale que no andes hablando mierda de mí, porque sabes bien que soy el único que te compra esta basura.

—Como sea, ¿cuánto por los periódicos?

—Aquí hay como unos veinte mil pesos, ¿y esos cartones también?

—Si estos también, pero déme más que traigo bastantes.

—Siempre lo hago, a mí no me joda o no le compro nada, ¿son todos estos?

—Este no.

Saqué de entre todos los cartones uno alargado.

—¿Y por qué guardas ese cartón?, ¿la carta a una loquita por allí o qué?, ahora de poeta maricón.

Se burlaba el grasiento hijo de puta, si ve porque me caía mal, era despreciable, su personalidad chocaba contra el aire que respirábamos.

—No, no es ningún poema, es mi piano.

—Perdón, ¿tú qué?

—Mi piano.

—Mierda ahora sí que te rayaste. Yo si tengo que tratar con unos personajes, y qué, ¿cómo suena ese piano?

—No creo que pueda escucharlo, mínimo usted debe ser capaz de tener consigo un poco de locura en su mente, y además este piano sólo suena en mi cabeza.

—¿Locura en mi mente?, ¿que suena en tu cabeza?, definitivamente estás chiflado, toma veinticinco mil pesos por todo, y no me reclames porque te doy solo veinte, lárgate de aquí me espantas la clientela.

—Coma mierda.

Sí, así le dije y casi que me mete la mano el desgraciado, salí corriendo y me salvé, veinticinco mil pesos, qué miserable el viejo ese, obvio que no estaba conforme con la paga, por lo menos esperaba treinta mil en papel, y diez mil en cartones, pero no podía decir nada, si no tomaba lo que me daba me dejaba jodido para el día. Si ve, es que Don Tomás ese me recuerda mucho al gobierno, que sólo les importa dar migajas al pueblo, otorgando una miserable propina llamada «salario mínimo», igualito, nada que envidiarle, de tal palo tal astilla.

Pero escuche amigo, ese día, caminé en dirección al único lugar donde me aceptaban con harapos, una viejecita que vendía desayunos en la puerta, debería probar el café que hace esa señora, espumoso y calientico, tal como me gusta, mi presupuesto diario era cinco mil pesos, el resto lo guardaba en mi tanquecito de la casita roja, sí, esa que dan en los bancos, me encontré una en la basura y ahorraba mi dinero allí, la verdad no sé cómo sobrevivía con sólo cinco mil pesos diarios, así que no me pregunte. Sin decirle mentiras ya tenía unos trescientos mil pesos, quería dormir en una pieza, y quería comprarme un piano, sí, ya sabe amigo, yo estoy completamente loco, amo los pianos. Seguí caminando por las calles de la ciudad recogiendo pedazos de mi vida, había comprado bolsas negras para llevar conmigo todo lo que encontraba y me servía para vender, sabe que, si por mi fuera le vendería mi alma al diablo por un piano, pero ni el mismo satanás se acerca, mi desgracia es conmigo vil, trato de no saborear la amarga miel de su agonía, pero no puedo, siempre termina en mis labios y pasa entre mis tripas, provocando lágrimas, amargas lágrimas mi hermano, esto de ser esclavo de la nada a veces es duro, muy duro.

La vida es una desgraciada a veces sabe, no me vea rayado, es así, ¿recuerda ese pastor que nos daba comida y esperanzas, ese que nos evangelizaba?, el que le conté hace un rato, aquel pastor a los dos años de ayudarnos a sacarnos de la miseria, lo mataron por quitarle sus zapatos, me da un pesar de que maten a las buenas personas, era un buen tipo, siempre me decía que Dios estaba conmigo y que él tenía un propósito para mí, aunque me burlo de aquello, ni Dios, ni Satán, ninguno se encuentra en la mierda conmigo, el primero es muy poderoso y vive en el cielo, rodeado de paz y tranquilidad, mientras que el segundo vive quién sabe en dónde rodeado de mujeres hermosas teniendo sexo a reventar, el diablo sabe que nosotros los hombres somos lo suficientemente estúpidos como para matarnos solos, para revolcarnos en el lodo y la inmundicia de nuestras almas, ¿para qué desvelarse por algo que funciona solito?, no tiene sentido perder el tiempo en ello, y el Diablo lo sabe, créame que estos dos están en su propio cuento, y nosotros matándonos por ser de uno o por ser del otro, en vez de aceptar que somos humanos y que sin importar qué pensemos o cómo somos terminaremos muertos. Mire que ni Dios, ni Diablo evangelizan en las calles, para eso estamos nosotros los idiotas, los seres humanos, les hacemos publicidad gratis.

Como nunca, me pasó lo que siempre evitaba, si se acuerda de que yo evitaba la cana, esta vez no me metí en ningún problema, el problema vino a mí vestido de verde monte, con acento paisa, y arrogante, olía el perfume de hijueputa desde lo lejos. Mire le cuento, estaba sentado en la acera, había caminado mucho y el inclemente sol azotaba la ciudad, así como ahora hermano, el calor era impresionante, puse las bolsas a un costado de mí, recuerdo que miraba al suelo, cerraba los ojos y hasta rezaba, hermano le sigo diciendo que esto de ser de la nada es duro, durísimo, miré a mi izquierda y alcancé a divisar una de las esquinas de mi piano de cartón, ¿que cómo así piano de cartón?, deje y le explico, desde que escuché a Liszt pasé por muchísimos intérpretes de dicho instrumento, desde lo más clásico hasta lo más jazz, me encanta el sonido de las teclas, ¿recuerda el predicador que nos ayudaba con comida?, sí, ese que mataron por robarle los zapatos, ese tipo me explicaba sobre la música, de cierta forma yo sabía algo, en el colegio me daban flauta, pero en sí, no me interesaba como ahora, y vaya qué desperdicio de vida. Me sentaba con el predicador que me dibujaba las cosas básicas que él sabía con ladrillo en el suelo, hasta un día me regaló un piano de esos de pilas como el que le dan a los niños de navidad, pero en una redada en la calle donde solíamos dormir, los sapos de verde monte, nos arrebataron y destrozaron todo lo que nosotros teníamos, sí hermano, ese día fue horrible, todo fue quemado, nos sacaron de los cambuches y quemaron todo, esos verdes son unos hijueputas con todo y ropa. Cuando me quedé sin piano, sin donde practicar, mi música y mis melodías, esas que se me vienen a la cabeza y revolotean como mariposas enjauladas, así como cuando uno se enamora, hermano, pero en vez de barriga, mis melodías están en mi cabeza, no me distraiga y preste atención, mire que le decía que a raíz de que me arrebataron mi piano de juguete, aquella noche de viernes, no podía dejar de practicar, y escribir mis melodías, no se burle hermano, tengo mis melodías escritas, no sabe usted que el hombre tiene una mente liviana y así como piensa tantas cosas, todo se esfuma como bruma, debe anotarlo todo, mire que llevo mis notas conmigo, las escondo muy bien bajo mi ropa, es la manera de preservar mi pensamiento, mi sentimiento, es una manera de preservarse uno mismo, pero, si ve usted me distrae mucho, déjeme hablar y después me pregunta lo que quiera, mire, por esa razón es que yo me dibujé mi propio piano, y por las nochecitas o cuando tengo un tiempo de descanso, sigo escribiendo mi música, y claro que sé de música hermano, no le dije que había estudiado en un prestigioso colegio del país y que además el pastor que lo mataron por quitarle los zapatos me enseñó, sé un poco de música en cierta forma, sé de las notas y acordes, aunque jamás he tocado alguno, ahora sí que lo puse en contexto ya sabe porqué tengo un piano dibujado en cartón, y que me pongo a tocarlo y escribir, si, ya sé que estoy loco, déjeme continuar con la historia hermano.

Le decía que miraba exhausto al suelo, que hasta rezaba, y que miraba a mi izquierda y veía la punta de mi piano de cartón, en esos instantes, justo me dieron ganas de hacer música, se me encendieron las ideas, saque mi piano a imaginar su sonido, y escribir mis melodías. Pero ya se venía encima el sapo lambón vestido de monte, yo sumergido en la melodía de mi mente, se paró frente a mí y se burló, no me había dado cuenta hasta que me dio unos golpecitos con su bota.

—¿Qué hace allí mierda?, lárgate loco fastidioso.

—Ya, ya me voy, pero déjeme de patear por favor.

—Y por qué loco de mierda, cállese la jeta, y pilas los vecinos se andan quejando.

—Pero déjeme yo no he hecho nada.

—Por lo mismo muévase lo vi o le doy más duro.

Ese huevón no dejaba de patearme, hice lo que pude para levantarme, hermano, me llené de rabia, apreté los puños, pero era la autoridad, el policía aun me daba golpes con el bolillo.

—Quiubo a ver, muévase que no tengo todo el día.

Le digo que me mamé de ese sapo, y al menor descuido del tipo, lo empujé hacia la calle, el tipo de verde cayó de culo en un charco de agua, hubiera visto la cara que puso, salí corriendo como alma que se la lleva el diablo, lógico, que el policía me siguió, yo no podía dejar que me alcanzara hermano, si ese tipo me alcanzaba me daba una paliza que no me levantaba en días, dejé todas mis cosas tiradas, por no dejarme alcanzar de ese huevón. Si hermano, dejé todo tirado, hasta mi alcancía roja, eso me dolió más, dejé mi plata en la acera, pero mire usted que no conté con que los sapos andan en grupo, y el tipo llamó a sus amigos, pronto me vi rodeado por motos de Policía, todos con el propósito de pegarme la paliza de mi vida, ¿qué más le puedo decir de eso?, estuve unos meses en un hospital por múltiples heridas, costillas rotas, órganos perforados, hemorragia interna y la cara hecha pedazos, hermano, fue muy duro eso, me quedé sin nada de nuevo, no tenía ni un solo peso, eso es como para pegarse un tiro ¿no?, pero ni para eso me alcanzaba, esto de ser de la nada es muy duro hermano, muy duro. No recuerdo mucho de cuando estuve internado, es que a decir verdad me parecieron todos los días iguales, ¿no le pasa esto?, por lo menos a mí me daba igual estar despierto o dormido, pasaban los días y yo no me daba cuenta, dijeron que fueron no sé cuántos meses, no lo sé, lo único que me importaba era que no iba a pagar la cuenta yo, como me hizo falta mi piano en aquellos días, sonaban las mariposas en mi mente y se me iban, qué vaina tan jodida hermano. Pero eso no es todo, deje que viene la mejor parte, luego de quedar otra vez sin nada, ni periódicos tenía para taparme, estaba bien jodido, ¿qué hice?, hermano lo que toca, me senté a pedir limosna, para recuperar un poco, en dos días logré juntar dinero suficiente para comenzar el reciclaje de nuevo, dos días hermano no comí ni mierda, pero lo que no nos cuesta que no nos sobre. Si le contara esto a mi familia no me creerían, pero esos desgraciados no merecen ni mi lástima, puede usted creer que jamás me buscaron, jamás, lo sé porque llamé un par de veces, cuando cumplía mi Tío, y cuando recién me volé, pasaba a ratos a espiar la casa y todo normal, para esa gente no existo, igual ellos para mí.

Oiga, ¿sí se acuerda el escándalo de los sobornos que metieron preso a un poco de políticos y los juzgaban por robo?, sí, esa misma hermano, en esa época yo estaba de nuevo en las calles, recogiendo basura como siempre, ya me había levantado poco a poco y sobrevivía, en aquellos días le cuento, conocí a un amigo, si hermano, un amigo que me ayudaba como el predicador ese, se llamaba Guillermo, pero aquí todos lo conocían por el Guille, el tipo vendía tintos, a mí me los daba gratis. Guille era menor que yo, podía tener como veintisiete, veintiocho años, siempre andaba con camisetas de fútbol y una gorra blanca y chupaba un bombón, ese era todo un personaje, era el que se levantaba de la silla en la fiesta y se la gozaba toda, era el que se ponía a tirar pases de salsa en medio de la sala y todos le hacían ronda y aplaudían, se hacía notar bastante, y hasta me atrevo a decir que casi toda la ciudad lo conocía, yo lo vine a conocer un día que llovía, no llovía tan fuerte, más bien era un sereno apenas, trataba de refugiarme en un paradero, allí estaba el Guille refugiándose del sereno, se veía venir un tremendo aguacero.

—Hasta que llueve en este infierno.

Seguí sin pronunciar palabra alguna.

—Es bastante jodido vivir con tremendo sol en la cara, a ver si refresca o hace más calor ahora. Oye, viejo, ¿quieres un cafecito?

Por supuesto que quería tinto, me había mojado poquito, pero empezaba a soplar una brisa con ese sereno y la ropa que llevaba mojada me daba algo de frío, así sin más se lo acepté hermano, necesitaba ese tinto.

—Viejo, un placer, me llamo Luis Guillermo pero me dicen el Guille, llámame como desees.

—Bueno Guille, yo soy Raymundo, dime Tato Piano.

—¿Tato Piano?

—Sí, así. Es que me gustan mucho los pianos, y tengo uno.

—¿Tienes un piano?

—Sí, tengo uno, está en mi cabeza.

—Cada loco con su tema hermano. Bueno me voy a camellar, un placer Tato, pásate por la calle de las vacas a las once, allí me pongo todos los días, menos domingos y festivos, pásate y te doy tu tinto y tu pan.

—Gracias hermano.

¿Qué hice luego?, fui todos los días a la calle de las vacas y desayunaba donde el Guille, me llevó una vez a la mujer y a los hijos, le conocí toda su familia, hasta sus novias, eran tres, no sé cómo le alcanzaba la plata para emborracharse, sacar a las novias y luego para darle de comer a su esposa y a sus hijos, siempre dije que Guille era un mago de las finanzas, o que era un torcido, a la final salió que era lo segundo. Sí, hermano, es la primera vez que le cuento de algún amigo, a la hora de la verdad nunca tuve, recuerdo, eso sí, que hice algunos amigos de los cuales sólo recuerdo sus nombres, nada de rostros o de dónde eran, eso no recuerdo, recuerdo nombres que por alguna razón extraña eran fáciles de saber, o a quien se le olvida un tal: Willie, o un Terry, o un Mike, eran fácil pronunciar, bueno cuando se es niño todo es fácil, y todo tiene su porqué, ¿tuve yo algún nombre fácil de recordar?, ¿cada uno de ellos aún recuerda mi nombre?, porque si llegasen a hacerlo que me lo digan, hoy en día no me reconozco, no sé quién soy, ni usted que me habla sabe, no me diga nada y deje que le cuente que se viene lo bueno.

Me enteré para aquellos días que el presidente de mi patria había decidido hacer un viaje hacia no sé dónde, y que había ordenado desde su cómoda suite cinco estrellas una nueva redada en las calles más peligrosas de la ciudad, en esos días hermano la cuidad estaba muy insegura, los robos y asesinatos subieron, los perjudicados seríamos los de la nada, se repetiría de nuevo lo de la vez pasada, qué horrible experiencia, esa mierda te marca de por vida viejo, por eso abandoné la calle antes de que llegaran los sapos vestidos de verde monte, estaba ahora de nuevo sin hogar, si en la calle de la nada, como la llamábamos, se dormía un poco bien, afuera era el mismísimo infierno, allá en la calle hacíamos fogatas y compartíamos cartones, periódicos y sábanas; afuera nada de nada, afuera estaba completamente solo, ser hijo de la nada es duro hermano, durísimo.

Acababa de amanecer, era lunes recuerdo, aún con los ojos pegados caminé un par de calles abajo buscando a Guille, lo oía a lo lejos, le gustaba cantar jalando su carrito de tintos, no le tomo el pelo, Guille cantaba cuando vendía los tintos, ¿qué diablos lo hacía tan feliz?, no lo sé hermano, esa era su locura me imagino, mire que recuerdo cómo cantaba el hombre a todo pulmón: «Señorita y señora, trabajador que no se incomoda, tómese un tintico que le ayuda para hacer sus cosas, no le da sueñito y lo pone en la nota, tú sabes, en la nota, ¡uy!, sonaron de nuevo. Señorita y señora…», y así en cada calle, cantaba y gritaba tan duro que se podía escuchar desde muy lejos. Nos sentamos en la acera de la calle a hablar de bobadas, Guille era buenísimo con los cuentos, se sabía cientos, es que le digo que este Guille era todo un personaje sacado de una película, me hacía olvidar mucho la hostilidad de la calle, era un mago del entretenimiento en sí.

—¿Y qué hermano, cómo anda la calle?

—Tú sabes cómo es, estamos jodidos, ¿qué más podría suceder?

—Pero lo veo bajo de nota hermano.

—Si supiste que van a hacer redada en la calle de nuevo, nos van a sacar de allí, los verdes gusanos desgraciados, van a revolcar todo, se nos llevan la vida siempre que hacen esas redadas.

—Si eso oí en las noticias, allí están pintados los malparidos esos, como no son ellos los que andan muertos de hambre.

—La otra vez, me pegaron una pateada, parecía balón de fútbol, no quiero que eso se repita de nuevo.

—Pero entonces, ¿qué va a hacer, ahora sin donde quedarse?

—No sé, no se me ocurre nada, debo empezar el recorrido para reciclar o no consigo para el almuerzo.

—Venga viejo, vayamos a mi casa, Yulays entenderá, te puedo sacar una hamaca en el patio, hará un poco de frío pero será mejor que el cemento.

—Amigo, tú sí que eres uno de los buenos.

Qué va, ese Guille era un aprovechado, por supuesto que me iba a ayudar, pero a cambio de algo, en esta vida amigo, nada es gratis, nada, hasta por el aire pagas, pagas por vivir, pagas por morir, la vida del ser humano es pagar por lo que hace y deja de hacer, dejémonos de vainas raras y déjeme seguir hermano. Guille me llevó a su casa después de caer la tarde, vivía en una humilde casa al sur como lo esperaba, su esposa al verme me torció los ojos, era obvio que no era bien recibido, claro, usted no recibiría a un loco harapiento, oliendo a meaos en su casa, jamás lo haría, yo tampoco, pero, esa vez Guille me acomodó una hamaca en el patio, me dio jabón, ropa limpia y puso a mi disposición la manguera que tenían por ducha. La verdad es que me daba mucha vergüenza con el hombre, me ayudaba y ahora la esposa no le hablaba, pero me dijo que él se ocupaba de su tatacoa, que me acomodara tranquilo, y así hice. No le miento hermano pero ese Guille era un mago no sé cómo la convenció y encima tuve que aguantarme los golpecitos de amor y gritos nocturnos de la parejita, usted me entiende, era eso o la calle, la música del amor es la música de la vida, dormía tranquilo en esa hamaca, sabroso, y lo que viene después es lo interesante del asunto, y ahí sí conocí las verdaderas intenciones de Guille, claro hermano, me llevó con un propósito, no porque quería ser el buen samaritano. Después de dos noches en su casa, me dijo todos sus planes, en medio de un par de cervezas, así como se cuentan las vainas entre hombres, usted sabe hermano, estaba yo sentado en la hamaca, escribiendo melodías como buen loco que soy, Guille salía de su cuarto con un par de cervezas en la mano, había estado apaciguando el fuego candente de su esposa las últimas noches, y necesitaba un descanso, usted sabe, se sentó en el tierrero del patio, así justo frente a mí, y me ofreció una cerveza.

—Tome mijo, para que refresque la garganta.

—Gracias hermano, veo que tiene domada a la fiera.

—Tú sabes, mi hermano, así se mantiene calladita y mansita.

—Gracias por todo, en serio no sé cómo voy a pagarte tanto.

—Hermano, y si le digo que hay una forma.

En ese punto supe que la relación de amistad que podría haber existido entre los dos llegó a su punto de quiebre, en la vida, hermano, no puedes pretender que tus amigos de negocios sean tus amigos de aventuras, esa mierda no es lo mismo, si son lo uno, jamás serán lo otro, y si se traslapa a cualquiera de los dos lados, hermano se te puede complicar la vida, siga aquí conmigo y verá cómo diablos uno mismo se complica la vida.

—Bueno, ¿cómo sería eso, entonces?

—Esto que le diré no lo sabe nadie, que quede entre tú y yo.

—Ya me empiezas a asustar, cuenta qué es de una vez.

Guille se levantó del suelo y se empinó la botella de cerveza hasta acabarla, miró al cielo, como buscando que la virgen y el divino niño le susurraran las palabras que debía decirme sin que me alarmara tanto.

—Mire hermano, para tener plata en esta vida hay que irse por la fácil, jamás tendrás plata siendo honesto, los pobres son los honestos, los bobos, en la vida si quieres alcanzar lo grande, hay que ser torcido, entre más mejor, apréndase esto hermano.

—Por alguna razón somos pobres, somos honestos.

De alguna u otra forma, Guille tenía razón sabe, los pobres son los honestos, los bobos, mírese usted, ¿cuánto tiene en el bolsillo?, ahora vea a ese hombre de traje, ¿cuánto cree que tiene él?, ¿cuántas personas tuvo que pisotear para llegar donde está?, ¿cuántos hombres y mujeres dejó sin trabajo, sin hogar?, si lo mira bien, él es un desgraciado, más que usted, más que yo, pero en definitiva hermano de cierta forma somos un poco desgraciados. Yo pensaba en las palabras de Guille que en ese momento me confundían, no sabía qué diablos me iba a decir, aunque ya sospechaba que era algo ilegal.

—Hermano le digo esta carreta para proponerle algo que nos sacará de pobres y miserables.

—Pero, dígame qué es.

—Hermano —se inclinó hacia mí—, robemos una casa.

—¿Qué?

—Que robemos una casa, tengo a la víctima, es una mujer solitaria, fácil de robar, sólo es entrar y salir, hermano ese robo es breve.

—¿Sabe que podríamos ir presos?

—¿Quién va a saber que somos nosotros?, tomemos nuestras precauciones, observemos y planeemos, esa vieja tiene plata, se ve que tiene mucha, estoy seguro.

—No sé hermano.

—Hágale y así quedamos a mano con lo de la dormida, vea que necesito un socio, y qué mejor socio que usted que es mi amigo.

Las palabras me zumbaban en los oídos como una mosca fastidiosa, pensé toda la noche mientras miraba el cielo, ¿y si lo hacemos mal?, ¿y si la mujer nos agarra?, tendríamos que matarla, hermano, yo pensé mucho si quería o no hacerlo, pero me venció el hambre y las ganas que la honestidad y las buenas costumbres, a la mañana siguiente estaba buscando a Guille para empezar a planear el robo, vendí mi alma por centavos y aquí me tienen, podrido y encerrado, y eso no es nada hermano, deje que le termine la historia y verá.

 

LA MUJER

 

Mujer de eternas primaveras, largos otoños e interminables inviernos, el verano no toca tu puerta, acababa el tiempo de dar la vuelta al reloj y cientos de veces yacías tendida en tu eterno sofá, esperando, ¿qué esperabas?, a la esperanza, a la bondad, mujer que tenía fuego en la mirada, esta es tu triste levedad, compadeces al necesitado, y tú necesitada estás, mueres a canas, mientras tus ojos cansados te ven pasar, dejaste de sonreír, dejaste de disimular, te hundiste en tu pasado en busca de sólo amar, Rodolfo Almario, el joven soldado, ese que viste partir por tu ventana, ese que te decía: —Mi amor, mi amada, vuelvo pronto y serás mi almohada, cada noche, cada día, serás eterna en todas mis vidas—, le entregaste tu alma, le entregaste tu vida, para que tristemente lloraras su partida. Destellos refulgentes, ánima de la noche acuchillada, te encerraste, te enclaustraste en tu alcoba encantada, llorabas, dormías, y cuando recordabas, llorabas de nuevo, el dolor ahora es tu cama, y tus sábanas son tus lágrimas, recuerda bien, cuando eras una dama, te sentabas entre sinfonías y sonrisas dulcemente mezcladas, recuerda bien cuando eras influyente, una ejecutante de una música sorprendente, te sentabas delante de tu gran pasión, ¿no recuerdas?, ese enorme monstruo pardo con dientes blancos y negros, ese que cantaba cuando lo acariciabas. Por el sonido de tu alma, tu amado acudió a ti, lo llamabas sin saberlo, lo amabas sin conocerlo, ¿qué me dices?, ¿aún no recuerdas nada?, es la tristeza de tu alma la que ciega tus sueños, ¡ay mujer!, duele verte abandonada, sufres en silencio las punzadas de una soledad enajenada. Por un instante cierra tus ojos y siente el mundo, tu sonido te abandona, como te abandonaste en las manos de los tiempos sin memoria.

 

Un mes estuvimos vigilando a la mujer, observábamos de cerca, sabe bien que debíamos conocerla, conocer sus rutinas y eso, para darle un golpe certero, si me arriesgaba debía por lo menos asegurar de que no nos cogerían, claro que soy un tipo pilas, era una chispa de pequeño, me puede usted preguntar y yo le contesto casi que cualquier cosa, como una enciclopedia hermano, sé muchas cosas, aunque no parezca, en mi casa era clave tener metidos los libros en el coco, así fue cómo me metieron libros no sólo por el coco, hasta por el culo, era una cosa bárbara y de todo eso no aprendí nada, lo mío era la vida chévere, bueno, eso hasta que me aburriera y me desgraciara la vida, si no me cree pregúntele al señor José Eustasio Avello, el imponente concejal, ese señor encopetado era mi tío, era porque desde que soy de la calle hijo, me quitaron hasta el apellido, pero no me distraiga hermano, que la cosa se pone buena. Fíjese que para el Guille y para mí era nuestra rutina diaria sólo observar a la mujer, el Guille se me desesperaba a ratos, pero yo lo controlaba.

—Cálmese hermano, así las vainas no se hacen.

—Déjeme solucionarlo de una, esto de la vigilancia ya me la suda.

—Deje el alboroto y paciencia, no me voy a meter en esto así a las malas, las vainas se planean para que salgan bien.

—Suerte hermano siga usted yo me largo.

 

Terminaba la jornada de trabajo para el tintero, con su tumbao de galancito pobre, ese Guille era cosa seria. Yo, Tato Piano, como me apodan, era un buen vigía, observaba a la mujer con cara lavada y blusa colorada, iba todos los días al supermercado, parecía siempre como ida, como cuando usted hace una cosa y está pensando en otra, así como cuando encendemos el piloto automático de nuestra vida y nosotros pensamos cómo le entra el agua al coco, si fue primero el huevo o la gallina, así esa mujer miraba, con la cabeza en otro sitio, era una mujer rara, siempre estaba sola, en todo el tiempo que la observé, jamás recibió una carta, o una visita, si sabe usted que las mujeres para amistarse son muy buenas, demasiado comunicativas, pero esta no tenía ni una amiga o conocida, tenía una mecedora en donde se dedicaba a tejer, nunca terminaba lo que tejía, la vi varias veces desatar cuando ya estaba acabando, hacía y descosía, hacía y descosía, como si quisiera eternizarse en cada hebra de hilo, en las tardes se preparaba café, y poco antes de seis empezaba lo mejor. No me mal interprete hermano, no es lo que piensa, aunque aquí entre nos, le confieso que la vi desnuda varias veces y se conservaba hermosa, la mujer tendría un poco más de los cuarenta, pero se lo juro, se le veía una piel suavecita, no sé si eran cremas o su aceite natural, pero la veía como mantequilla, los años no le pasaban, era como si estar encerrada en aquella casa le ayudaba en algo la conservaba, hermano, se lo juro, no se le veía defecto en su cuerpo, era una figura bien marcada de caderas acentuadas, una mujer que guardaba su magia, la hubiera visto hermano, se me eriza la piel, la veía mientras se bañaba, sólo una hendija de la ventana me dejaba seguir sus pisadas, recuerdo que le seguía la línea de la espalda, esa que termina cuando comienzan las nalgas, hermano si la hubiera visto me entendiera mucho mejor, era un poco flácida, pero eso no le restaba nada, empezaba a notársele unas cuantas canas, pero eso tampoco le restaba, era como si la belleza y la senilidad estuvieran peleadas en su cuerpo, la senilidad abandonó sus días, sabe qué, ese comportamiento errático de la mujer denotaba que ella quería abandonarse, pero a pesar de ello, no le miento cuando le digo que esa mujer estaba hermosa y conservada. Pero si ve hermano, no me distraiga, y menos con viejas que me ponen es malo. Lo que quería relatarle era que cuando iban un poco más de las seis pasaba algo sumamente especial, recuerdo que la primera vez que pasó, estaba sentado en una banca del parque, estaba muy cansado, ese día había estado más tiempo y Guille no me trajo el almuerzo como siempre acordábamos, se había enredado con una de sus mujeres que se había encontrado en el camino, ese Guille sí era cosa seria. Estaba cansadísimo y el sueño me atrapó en una de mis carreras por huir de él, mientras me deleitaba en sus brazos, empecé a escuchar un dulce sonido, una suave melodía, sonaba y la buscaba, pero de mis sueños no provenía, no sé, me desesperé hermano ya le voy a decir, abrí los ojos y el sonido me conducía, miraba de un lado al otro buscando, todo estaba solitario, era miércoles y los miércoles nadie sale a nada, los miércoles son aburridos, se te pegan en la piel sabe, si por algo los lunes son tristes, son el día ideal para cortarse las venas y tragarse el veneno, los martes son el día de consuelos, lloras lo que no lloraste en la semana y te dices a ti mismo que todo irá bien, aunque sea mentira, los miércoles son blanco y negros en sí, son el día de los vacíos, no tienes lágrimas que llorar porque las has consolado el martes, no tienes por qué alegrarte pues nada ha pasado, mi hermano el miércoles para mí es el peor de los días, odio los miércoles no se diga más, todos los días tienen su propósito, pero, ¿qué carajos haces un maldito miércoles?, si tuviera los huevos para matarme lo haría un miércoles en un acto de solemne rebeldía con la vida, así le digo mi hermano, era un miércoles vacío como siempre y oía una melodía, identifique inmediatamente ese sonido, era un piano y muy bien ejecutado, sí hermano, escuchaba un piano, era una suave melodía que me atraía, qué sonido tan placentero le digo, seguí el sonido como en las caricaturas, usted sabe, el típico gato hambriento a las afueras de un restaurante, de repente de la cocina empieza a salir el olor de la deliciosa comida, llega a la nariz del gato y como si tuviera alas, el gato llega a la ventana seducido por el exquisito olor, así estaba yo, hambriento de esa música, sonaba triste y acongojada, ¿Quién carajos es tan rebelde como yo y destruye el vacío del miércoles para tocar algo tan triste?, si usted me comprende hermano, la mujer.

La mujer era nada más y nada menos que Amelia Pierini, una italiana radicada en la ciudad, había venido con sus padres cuando tenía aproximadamente unos ocho años de edad, una niña hermosa, sus padres se habían dedicado al negocio de los restaurantes y les había ido muy bien, Piccola Italia, fue el mejor restaurante de la ciudad en su época, un lugar exclusivo, donde entraba solamente gente adinerada, Pierini y su cocina eran famosos alrededor de toda la ciudad, se lo digo yo, recuerda que tenía una vida antes de ser gamín, haciendo memoria hermano a esa mujer la había visto antes, claro que ella tenía unos veinte años y yo como diez. No sabe usted que Amelia Pierini fue una de las mejores pianistas del país en su época, solía tocar en el restaurante de su padre, y sólo por eso conglomeraba a miles de curiosos riquillos a oír sus piezas favoritas de Chopin, Mozart, y algo de jazz. Mire usted que esa mujer tenía su historia, según lo que pude averiguar la mujer a los veintitrés se fue de gira por el país, en una de aquellas ciudades había conocido a un joven soldado, era hijo de un militar de la capital, los dos se enamoraron hasta los tuétanos y se fueron a vivir juntos, desafortunadamente ella tuvo que devolverse a Barranquilla, su padre el señor Pierini estaba muy enfermo, y quería ver a su hija, cuando volvió todo había cambiado, el restaurante fracasó, no era lo mismo sin el encanto de la mujer pianista, el señor Pierini cayó en una profunda decepción que lo enfermó, los médicos nunca supieron qué fue, se le fue la fortuna en averiguarlo, ella nunca salió de la ciudad, pero sí le escribía a su soldado, una vez dicen que él vino a proponerle matrimonio, pero con tan mala suerte que en el país se desató un ataque masivo de guerrillas, por lo que fue llamado a realizar unos operativos en la selva, él le juró que regresaría para casarse, y ella le creyó, ya el resto creo que usted ya lo ha oído, hermano, el soldado no volvió a casarse, lo mataron en el monte, y ella se quedó esperándolo, así de simple con razón la mujer estaba como ida con esa vida.

 

EL ROBO

 

Recuerdo haberme levantado con ganas de no ir y hacerme el enfermo, pero Guille se me adelantó y fue tempranito a mi hamaca a ver si me había levantado.

—Quiubo hermano levántese, empaque que nos vamos.

—¿Ahora?, ¿tan temprano?

—Sí, el que madruga Dios lo ayuda, recuerde el plan.

—Sí, claro que recuerdo el plan, yo lo elaboré.

—Bueno, vayamos de una, tengo que recoger las ganzúas, la vieja esta se va a hacer compras en dos horas, aprovechemos y demos el golpe.

—Hermano, no se ha puesto a pensar una vieja sola, mírele la casa que tiene, ¿esa vieja sí tendrá plata?

—Claro que la tiene, ahora no se me vaya echar para atrás, después de todo lo que hemos hecho, salgamos de una.

—Está bien, déjeme y me baño.

Me levanté como pude de esa hamaca, se me hacia el cuerpo pesado, pero eran las mismas ganas de no ir, me la pasé pensando hermano, a mí que no me gustaba escucharme en la cabeza, odiaba esas palabras que me sonaban como rulo de tambor. Uy, hermano, ese jodido día no paré de hablarme, esa mujer no me había hecho nada, de cierta forma hasta la admiraba, era una leyenda del piano en la costa, no la quería robar, quería pedirle que me diera algunos trucos para tocar piano, me sentía mal antes de tiempo hermano, qué vaina tan jodida hacer cosas malas por primera vez, bueno, para algunos, Guille era un descarado y a ese no le remordía ninguna conciencia, creo que la conciencia lo impulsaba, le decía que hiciera cuanto quisiera, que la vida es sólo ésta que vives, y que no hay más, bastante sabia la desgraciada conciencia de Guille, la mía sí era una puritana.

Le cuento que salimos directo a buscar las ganzúas, de allí al parque a vigilar, esperar para dar el gran golpe, era la última vez, después de esto tendría dinero suficiente para vivir mejor, hermano, después de que el Guille me confesara sus fechorías, le cogí fastidio, así como cuando usted se siente sucio, así me sentía, quería que se fuera de mi lado, ahora sé que cuando estoy al lado de gente mala me siento incómodo, no se alarme hermano a usted se le nota buena papa, no se preocupe que con usted no siento nada. Hermanazo nosotros los seres humanos somos bien mierda, pura y física mierda, pretendemos cosas y hacemos otra, nuestro pensamiento está en total desacuerdo con nuestras acciones que a su vez están en desacuerdo con lo que deseamos, si me entiende, nosotros pensamos una cosa, queremos otra, y terminamos haciendo una totalmente distinta, somos mierda, pero es naturaleza del ser humano contradecirse a sí mismo, es normal que piense usted que su compañero es una escoria, es normal que usted quiera decirle a una mujer que le enseñe piano, y es normal que usted vaya y la robe, es normal hacer lo contrario de todo, porque a fin de cuentas como le dije hermano somos mierda, qué cosa seria con nosotros.

Nos paramos desde tempranito a esperar, según lo previsto la mujer salía a eso de las seis de la mañana a hacer compras, teníamos una hora para empacar lo más valioso y nos íbamos, era un golpe sencillo, no había ninguna dificultad, yo tenía mi propio objetivo trazado hermano, a este punto ya no me importaba la plata, yo quería entrar y tocar ese piano, sí, parezco idiota pero qué le voy a hacer hermano, era lo que quería, sentarme al pie de aquel bello instrumento e interpretar mis melodías, esa que le digo que tengo aquí conmigo cerca de mi corazón, no se vaya y mire lo que nos pasó, que se pone bueno el asunto. Resulta que la mujer salió emperifollada a su almacén, y nosotros nos avispamos y cruzamos el andén, Guille llevaba la ganzúa y forzó la puerta, hermano esa casa estaba destruida, si era de las más bonitas, habían cuadros viejos, muebles altos de esos de madera buena, pero todos comidos por las termitas, los pisos opacos, como si nunca hubieran sido lavados, paredes sucias, negras, descascaradas, ¿dónde diablos estaba el lujo que esperábamos?, no crea que a los Pierini se les acabó el dinero de un solo tajo, no lo creo, y mi compañero menos.

—Guille, seguro que esta mujer sí tiene plata.

—Se lo juro hermano, esta vieja es una tacaña mire cómo tiene todo el lugar.

—Hermano esto es una pocilga.

—Revisemos que nos queda poquito y debemos encontrar la plata.

Dicho esto empecé a buscar habitación por habitación, buscando no precisamente dinero, quería saber dónde estaba el piano, era una casa grande para una mujer solitaria, pero la verdad seguro no tenía dónde más ir, a pesar de ser una mujer de pensamiento libertario como se caracterizaba, usted me entiende, viajes a Europa, Estados Unidos hasta África estuvo, sus conciertos eran comida de gente adinerada, ella tenía todo, ¿qué diablos hacia arraigada a este muladar de casa?, en eso pensaba, y nunca logré encajar nada, se lo digo, ¿no le parece raro?, si vio hermano. Buscando y buscando vi la luz, como si algo divino me iluminara, al fondo del pasillo una puerta vino tinto, algo me llamaba, lo supe, fui hacia aquella puerta, y la abrí, era una pequeña habitación, todo cubierto de polvo, el viento sopló y tuve que cerrar los ojos, así como las películas, para mí todo fue en cámara lenta no se ría que esto es serio, hermano alcé la mirada y vi una enorme sábana blanca en la pared del fondo que cubría algo, me acerqué, sentía tanta emoción sabe, que cuando quité la sábana y vi que era lo que esperaba no lo podía creer. Si le contara, un hermosísimo piano color negro, uy hermano se me achicharra el corazón cuando le cuento, me arrodillé y empecé a llorar, nunca había llorado tanto, ni siquiera la primera noche que dormí en la calle, usted no sabe con lo que yo había soñado ese momento, eso para mí fue un sueño vuelto realidad, me emociono aún de ello, mire que tiemblo, esa sensación de la madera entre los dedos, ese piano era perfecto, recuerdo que acariciaba las teclas mientras estaba arrodillado delante de él, presione suave y el sonido rompió el silencio, me levanté del suelo, me senté, no sabía dónde empezar, no es lo mismo que tocar un piano de juguete, o tocar el mío el de cartón, tomé mi melodía, esta que guardo junto a mi corazón y la coloqué en el atril, leía y tocaba suave, mi mano izquierda, temblorosa interpretaba, no lo podía creer, sonaba como en mi cabeza, un poco débil pero era la misma, soltaba los dedos y ellos se deslizaban al viento, pisaban las teclas como en un baile de pieza, movimientos perfectos, movimientos libres como el lenguaje, era mi lenguaje, no sé cuánto tiempo estuve allí sentado, no sé si Guille me oía o no, pero ya le digo que ese tipo me valía es mierda, Perfecto, bello y todo lo que quiera pero aún no sabe lo que viene, espere y le digo esta, de repente hermano empecé a sentir cómo una mano se deslizaba por mi espalda, no le miento, se apoyaba en mis hombros, y sin mirar atrás oí sonar de repente, un sonido grave, era sonido de teclas por supuesto, sólo que mi mano no era, ese sonido que acompañaba mi melodía, no me haga caras hermano, por mi santa abuela que en paz descanse que yo no era, yo tenía los ojos cerrados, y no había visto quién, pero usted me entiende y ya se imaginara quién era. Abrí los ojos, y vi esa mano de mujer bella, me asusté muchísimo, la mujer había llegado y nosotros veníamos a robarle, me imaginé la policía, pero luego escuché una voz un poco dulce que me decía: «No pares de tocar, tu melodía me gusta», sólo eso mencionó. Hermano, lo mejor que me ha pasado en la vida, Pierini y yo un gamín ejecutando el piano, y nada más y nada menos que mi melodía, ahora sí entiende que era mi sueño, esas sensaciones no se olvidan, nunca en la vida hermano. Pero todo no termina allí ya quisiera que ese fuera el final del cuento, la vaina termina más triste. El momento había sido único, usted me entiende, pero en esa casa yo no era el único ratero, así que era de esperarse que con el sonido viniera Guille asustado, pero nunca me esperé que tuviera en sus manos una pistola hermano, si yo hubiera sabido que ese loco de mierda tenia arma ni amarrado hubiera entrado a esa casa. No lo vi venir, no sentí su respiración, sólo oí que la música se interrumpía con un estruendoso sonido, fueron tres tiros, hermano me duele, me duele en el alma, hasta lloro, lamento tanto eso, la mujer cayó sobre mi cuerpo y yo sobre el piano, la sostuve un rato en mis brazos mientras agonizaba, yo lloraba, no podía parar de llorar, y de decirle que iba a estar bien, que yo la socorrería, no viejo, para no alargarte la película la vieja se me murió allí y el Guille se voló.

Eso de que la mujer se me muriera en las manos fue doloroso, no me recupero de ello aún, esa mujer me había enseñado tanto en tan solo unos minutos, esa mujer no merecía morir sabe, la presencia de esa mujer llenaba de paz de tranquilidad, era como una aparición de esas que te llenan de gloria, bueno usted no me entenderá lo que le digo, nunca le ha pasado como a mí, estoy acongojado por ese suceso. Ya lo que le tenía que contar se lo conté, el resto es historia, estoy aquí encerrado como usted en la cana que tanto aborrecí, pero sabe, yo no alego ser inocente de nada, soy culpable con tan solo respirar, esa mujer no merecía eso, y yo tengo culpa, eso no lo niego, si lo hiciera es como si negara su existencia y no, yo no soy de esos. Hermano qué le puedo añadir, vi la agonía en sus ojos azules aún enlagrimados mientras se le iba la vida, el baño de sangre mis manos, sangre inocente, soy una completa mierda, aún no comprendo nada, todo sucedió muy rápido, aunque los recuerdos permanezcan retrasados en la cabeza, no habría podido salvarla, allí se quedó derramando vida en mis manos.

Yo no espero nada más, moriré aquí quizás, pero algo sé hermano, que la música es mujer, por lo sutil, por lo espléndida, por lo adornada, por fuerte, por lo envolvente, pero sabe que sobre todo por lo bella, porque como la mujer la música es bella, mientras una es interpretada y vuela enajenada, la otra guarda todo en sus entrañas, eso es bello hermano, realmente bello, como la muerte.

 

imagen relato El Tato Piano

 

Eduardo Enrique Pimienta León. Es un joven escritor, radicado en Colombia. Escribe desde muy temprana edad, pero es ahora cuando está publicando las cosas que ha escrito, colaborando en un pequeño blog conocido como Foolers Group.

📩 Contactar con el autor: eddyryam [at] gmail.com

 Ilustración relato: Fotografía por Alexas_Fotos / Pixabay [CCO – dominio público]

 

biblioteca relato Eduardo Enrique Pimienta León

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Revista Almiarn.º 87 / julio-agosto de 2016MARGEN CERO™Aviso legal

 

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