relato y poema por
Noelia Quiroga

 

I 

EL ORIGEN

 

Yo soy hija de una sirena.

Soy la hija de una mujer que pertenecía a otro mundo, al mundo mágico de sueños glaucos donde la felicidad llega sólo con desearla.

En el lugar del que provenía mi madre no existían ni la decepción, ni el dolor, ni la escasez, ni el desamor. Las sirenas vivían dentro de una burbuja mágica, bañando sus colas verde plata en el rizo blanco de aguas templadas, los ojos, cubiertos de algas, para no ver más que los sueños propios del alma.

Mi madre, mi Teresa, nació en una playa de arena blanca y permaneció varada en tierra durante 56 largos años.

Yo la recuerdo casi etérea, pequeña como una flor salpicada de lunares y pecas, con el ceño fruncido como una niña eterna. La veo como un pájaro o como un gato, encaramada en lo alto de una escalera y acurrucada en una taza de café.

A veces, mi madre, olvidaba que estaba rodeada de tierra y entonces le reían verdes los ojos mientras me preparaba fabulosas meriendas. Aquellos días me contaba sueños y dibujaba para mí princesas. Allí estaba ella bromeando sobre la vida y yo probándome sus vestidos de diosa griega. Luego, al caer la noche, yo me dormía sonriendo con la huella de sus caricias en mi frente y su amor enredado en mi pelo.

Nunca pude hacer que esos días duraran para siempre. Las sirenas que viven en este planeta lloran mucho y llevan en sus hombros una mochila cargada de penas. Las lágrimas de mi sirena se mezclaban con las mías creando enormes charcos a mis pies…

A mi madre, encerrada en su torre inexpugnable, no le llegaban mis palabras, ni mis súplicas, ni mis gritos, ni mis lágrimas. Tampoco sentía mis manos golpeando y arañando la dura piedra que la rodeaba.

Ella estaba allí, en aquella torre, mirando sin ver por la ventana. Esperando volver al cuento donde el príncipe la rescataba, besando sapos mientras se le secaba el alma, esparciendo a su alrededor el dolor y la rabia que la marchitaba.

Mi último recuerdo es de unas navidades en aquella perdida y lejana playa de arena blanca. Recuerdo el frío y la humedad en el corazón y en los huesos. Las últimas fotos de sonrisas forzadas. Sus ojos de blues. Las rosas saladas de su aroma en un abrazo. Las cicatrices que dejaron en sus labios las palabras pronunciadas. Su corazón azul latiendo debajo de su jersey blanco.

Me veo a mí misma desapareciendo con la última marea en aquella noche sin astros. Huyendo de mi corazón y del veneno gris que se infiltraba en mi alma. Cogiendo aquel último barco para no volver, sin saber que si algún día decidía regresar, ella ya no estaría esperando en aquella playa, sirena varada en la arena blanca.

Fue un día del mes de agosto cuando mi madre sintió que ya no podía continuar tratando de respirar fuera del agua. Esta vez sí volvería al mundo de sus sueños o a la noche oscura de la nada donde no existe el dolor. Ya poco importaba…

Se vistió de algas verdes, se pintó de rojo valor el alma, escribió para dejar atrás su odio y su pena, se fumó un cigarro y, ¡saltó libre para atrapar la luna con sus manos!, cayendo, luego, en el sueño profundo de mil estrellas blancas.

 

Setecientos treinta días sin ti

Poema de irreparable ausencia

 

Para mi sirena            

 

Cierto que cuando bajo la mirada

todavía se deslizan mis ojos hasta mojar mis pies.

Cierto que sueño abrazos cálidos

que me despiertan atada al vacío inmenso de sábanas y ausencia.

Corazón de nostalgia salada

alma azul enroscada en mi vientre

llorando por la miel de tus ojos verdes

que tú arrancaste de mi piel.

Mi piel hecha jirones,

huérfana de tus manos

pronta a escuchar tu voz con cada poro

tu risa de estrella melancólica.

Esta noche

amándote me amo con la caricia del consuelo

esponjosa en la yema de mis dedos

música que tiembla

tierno escalofrío que apacigua

que sopla en mis pestañas

que barre de un aleteo nubes

para que entren soles de paz.

arabesco división textos Noelia Quiroga

 

Noelia Quiroga

Noelia Quiroga, 35 años: «Apasionada de las palabras como creadoras de la música de nuestras vidas. Lectora incasable, camino por la vida con la mochila llena de los versos y la prosa que me ha ayudado a sobrevivir. Crezco a través de las páginas de cada libro y me traslado a un mundo paralelo acariciando rítmicamente las teclas de mi ordenador. Adoro el realismo mágico y la prosa lírica, pero puedo encontrar belleza incluso en lo relatos más crudos y descarnados, como en la vida misma… Convencida de la capacidad que todos tenemos para hacer que nuestra vida sea el cuento que deseamos, colaboro también habitualmente en Aomm.Tv con artículos de desarrollo personal. En este momento me hallo inmersa en diversos proyectos personales y literarios entre los que se encuentra el desarrollo de mi propio blog y la escritura de diferentes textos entre los que se encuentra Diario íntimo de la mujer que prefirió apagar la televisión, tren con paradas en las diferentes estaciones de una vida enredada de poesía y prosa, al cual pertenece este primer capítulo que comparto con vosotros y que dedico a mi madre, a mi sirena».

Contactar con la autora:
noe7buenasuerte [at] gmail.com

Ilustración relato y poema: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

 

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Revista Almiarn.º 87 / julio-agosto de 2016MARGEN CERO™Aviso legal

 

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