poemas por
Pablo Esteban Fuentealba
En desmedro de todas las patrias, de todos los pueblos
y de todas y cada una de las razas
que han sido, son y serán, por la memoria y el tiempo,
sepultadas, borradas, olvidadas,
los feroces recuerdos que se alimentan
del vociferar terrible de la ametralladora,
roen nuestras almas y consumen nuestros cuerpos.
Hasta socavar, con sus tristes y adornadas miserias,
todo instrumento rebosante de metalurgia humana
y a toda ciencia carente de razonamiento y vacío suficiente;
como para arrastrar consigo y contra sí misma
la poca misericordia que, por los más humildes rincones,
aún persiste, resiste e intenta; desesperada.
Y entre sordas plegarias, los hombres sin voz,
van cayendo presos ante la locura de sus fracasos;
diluyéndose consigo y con justa razón,
toda esperanza de júbilo y alegría.
Y al mirar a su alrededor un bosque de hambrientos fusiles
los hace recordar lo incierto del mañana.
Y la danza fúnebre, de innumerables apetitos,
se alza inmensa sobre un siglo
cargado de pesadillas, dramas y ambiciones...
un siglo que se mueve, al ritmo de la gran catástrofe cósmica,
junto al peso terrible, de lo que consigo carga;
como si se tratase de un oasis en la abertura de los lamentos.
El lastimero azar
Desde que recuerdo
que he ido por la vida destrozando
todo aquello que toco
con mis sucias e impías manos.
Esa es la maldición
que me ha sido dada,
a modo de castigo,
por el lastimero azar.
Y no por la voluntad sagrada
de algún colérico demonio
como muchos imbéciles,
tan vilmente, han de afirmar.
Enfermos terminales
Una mañana, en la que vi muerta mi libertad,
me deshice de mis ropas y posesiones;
para salir al exterior y gritar, a todo pulmón,
en contra de mi creador, ¡pero no obtuve respuesta!
Desde entonces, que para mí los dioses,
no son más que una mala caricatura
de una sociedad de enfermos terminales
que, en vez de buscar respuestas,
solo se conforman con algo menos de dolor.
Pero no los juzgo: ¡cómo podría hacerlo!,
si el solo hecho de no poder vivir
como otros lo hacen…
duele y desgarra profundamente.
Una esquizofrénica criatura
Ni el más terrible
de los demonios del infierno
se puede comparar
a la malvada y esquizofrénica criatura
que habita en mi interior.
Una que se alimenta
de mis miedos e inseguridades
para abrirse paso hacia el exterior
y gritar, a todo pulmón,
en contra de lo que más amo.
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Pablo Esteban Fuentealba Peñailillo. (18 de julio de 1992, Empedrado. Chile). Nació en el seno de una familia ligada a la educación. Licenciado en Ingeniería en Construcción y Diplomado en Gestión de Proyectos. Se ha desempeñado, durante siete años, como asesor de proyectos de ingeniería para el Ministerio de Educación. Obtuvo el primer y segundo lugar regional del concurso Nacional: «Historias de nuestra tierra», de FUCOA en el año 2021 y 2023, en las categorías de: «Cuentos» y «Poesía», respectivamente. Sus poemas han sido publicados en diversas antologías y revistas literarias, entre las que destacan: Antología de Poesía Chilena: Campo de Poemas bordado, de la Editorial Converso, perteneciente al Grupo Editorial Letras Negras, y en las Revistas Literarias: Agora127, Baquiana, Bitácora de vuelos, Boca ‘e Loba, Cardumen, Casa Bukowski, Kametsa, Komala, Litefilos, Mal de ojo, Montaje, Perro negro de la calle y la revista literaria Sinestesia.
pablofuentealbapenailillo[at]gmail[punto]com
🖍️ Ilustración poemas: Adaptación de imagen realizada mediante técnica IA por nvd9612 {en Pixabay}
N. del E: Se ha procurado que la edición de los poemas aquí publicados guarden la anchura de las líneas tal y como las escribió su autor. Para leerlos en los dispositivos móviles aconsejamos que el aparato se sitúe en posición horizontal.
Revista Almiar • n.º 141 • julio-agosto de 2025 • MARGEN CERO™













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