relato por
Leonardo Moreno

Tal vez… solo tal vez, se puede decir que la historia —la cadena de sucesos y personajes que llevaron a la partida de Angélica— haya comenzado esa tarde de jueves. Cuando llegué a la universidad, Elsy

Elsy: Secretaria de la Escuela de Estudios Literarios, de voz sensual y apariencia aún seductora a pesar de su edad.

me  informó  que  debido  al  lanzamiento  de  Onetti  —la revista digital de la Escuela— no debía realizar mi turno completo en la monitoria y podía salir a las cuatro, dos horas antes de lo acostumbrado. El trabajo no fue particularmente difícil; aproveché el tiempo para pensar una salida sorpresa con Angélica.

Angélica Elizabeth: Estudiante de Licenciatura en Literatura. Desde hace dos años escribe con indisciplinado esfuerzo su trabajo de grado.

Sabía que una cita de jueves la entusiasmaría.

Finalmente no se me ocurrió más que invitarla a cine. Después de hablar con ella, regresé a la casa para buscar dinero y cambiarme de ropa. Mientras me preparaba para salir, pensé en que pudiera venir a visitarme.

Angélica Elizabeth (sus supersticiones): Tiene la manía de mirar las placas de los autos en busca de mensajes. El triple dos lo relaciona con la tristeza. No le gusta que en la casa de su novio haya tres unidades de un objeto: cucharas, platos. También detesta que su vaso —el que compraron entre ambos y él conserva para sus visitas— se encuentre nunca sucio, pues aquello lo entiende como la prueba irrefutable de una infidelidad.

La habitación se encontraba ordenada. No me preocupé y salí de prisa.

Fue una buena tarde. Después de la película, conversamos un poco sobre ésta. Le expliqué mi interpretación: el protagonista, a pesar de ser negro, era potencialmente racista. Se creía superior a los otros negros, y defendía una idea de justicia en el respeto por su libertad, porque así lo expresaba la ley, porque así lo decía un papel. El final me pareció aburrido, excesivamente predecible. Además estaba la cuestión del salvador: una estrella de cine que asumía el rol de blanco bueno; ¡imposible presentarlo como el malo!, porque el público es ingenuo y cree en la realidad de las interpretaciones: ¡Había que proteger a la estrella!

Angélica

Angélica Elizabeth (sus causas): No soporta los comentarios críticos a negros, pobres, estudiantes universitarios, o todo aquel que se diga miembro de una minoría. Tiene una intolerante forma de defender sus causas altruistas.

rechazó todas mis posturas. No quise insistir. Caminamos hasta la estación de buses. En el vagón, nos acomodamos en la última fila.

Una mujer

Laura Nubia: Fue abandonada por su esposo; desde entonces pide monedas en la calle haciéndose pasar por enferma de sida.

hablaba del castigo divino y el fuego eterno, cuando un ruido estrepitoso y un repentino calor en mi mano me sacaron del estado de cómodo letargo. Vi a un hombre

Bella Donna: A los veintidós años encontró a su novia con un amante. Se prometió nunca más confiar en una mujer. Después de algún tiempo, empezó a trabajar como travesti.

de cabello rubio, vestido con falda y tacones altos. Me había rasguñado. Ahora pronunciaba insultos ininteligibles. Miré a Angélica, inmóvil en su asiento. El bus se detuvo. Las puertas de la estación se encontraban bloqueadas e impedían la salida. Con una mirada de reojo vi al hombre golpear en la espalda a una joven.

Amaranta Santacruz: Sus padres viven en Estados Unidos. Es una más de las jóvenes burgueses carentes de afecto. Le gusta practicar ballet para evitar la idea del suicidio.

Logré salir y corrí hasta donde el portero;

Héctor Fabio: Albañil de profesión. Luego de varios meses sin encontrar trabajo, tuvo que aceptar el puesto de vigilancia. No le gusta trasnochar.

agitado, esforzándome en pronunciar las palabras, le expliqué la situación. Era noche de fútbol. Un operativo de seguridad se encontraba instalado a los alrededores del lugar. Algunos policías encargados de la estación salieron de prisa a perseguir al travesti. Lo detuvieron algunos calles más arriba. El portero me explicó que si lo deseaba podía acompañar a los hombres para entablar un denuncio. Me mostré de inmediato dispuesto a hacerlo, por cuestiones que fui exponiendo en el camino, consciente de que no le importaban a nadie: el orden es la base de la sociedad… si aquellas cosas continuaban pasando se derrumbaría el sistema.

En la estación nos dijeron que debíamos esperar al teniente, el cual había salido a ocuparse de la seguridad en el estadio. La joven, quien también se había decidido a declarar, se mostró tímida en el principio, aún conmocionada por los hechos. Luego empezó a hablarme: me contó en un tono orgulloso que interpretaría prontamente una obra de ballet.
Angélica

Angélica Elizabeth (sus celos): Tiene la capacidad habitual de las mujeres para identificar cuándo una mujer le coquetea a su novio, y viceversa. Aquella facultad se encuentra agudizada por su inteligencia y formación literaria.

la interrogó sobre el nombre de ésta. Tuvo que buscar entre sus papeles: se trataba del Patito Feo. Luego de casi una hora preferimos marcharnos. En el camino nos encontramos con Luciá

Diego: Estudió Biología, Economía, Literatura, y Comunicación social. No ha terminado aún ninguna de sus carreras. Tiene un ojo de vidrio. Le gusta travestirse por hobby. Hace dos años es novio de La Roja. Se hace llamar Luciá, también por hobby.

y La Roja,

La Roja: Es una joven agradable. No despierta una sensación de antipatía en nadie. La llaman de esa forma por el color de su cabello. Después de verla o hablar con ella, se olvida fácilmente.

dos amigos de Angélica, que al igual a todos los demás, yo soportaba con hipócrita amabilidad. Estuvimos con ellos un momento, narrándoles orgullosos nuestros infortunios. Como se había hecho demasiado tarde, Angélica decidió quedarse a dormir conmigo.

En el cuarto me abalancé sobre la cama, con una sensación de éxtasis. Con los brazos extendidos y la mirada hacia el techo percibí el rostro de Angélica, aún de pie. Me miraba con un gesto de desilusión. Había un olor a mujer, le escuché decir. Era jueves, pensé; solo debía venir hasta el sábado. Luego pronunció algunas palabras. Salió de la casa llorando. No intenté seguirla; no serviría de nada.

 

greca Un cuento sobre el absurdo

 

BREVE SEMBLANZA DEL AUTOR:

«Mi nombre es Leonardo Moreno, ciudadano colombiano nacido en 1989. Me gradué como Licenciado en Literatura de la Universidad del Valle. He realizado varias publicaciones en el periódico La Palabra. Por el momento solo he publicado el cuento Tacha, Nacho, Nacho, en la Revista Sinfín, y el microcuento Un paramilitar en una antología de Diversidad Literaria».

Contactar con el autor: leomor1000 [at] gmail.com

 

Ilustración relato: ABC0050, By Albert Smirnov (Own work) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0) or GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)], via Wikimedia Commons.

 

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Revista Almiarn.º 76 / septiembre-octubre de 2014
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