artículo por

Claudio López

 

En el cuento Tito nunca más, Mempo Giardinelli artistiza algunas de las consecuencias del hecho histórico nacional —nefasto por cierto— de la Guerra de Malvinas. Cabe cuestionarse entonces, ¿cuál es la hipótesis interpretativa del autor al centrarse en las consecuencias del hecho histórico político? Sin vacilaciones, la memoria colectiva de la sociedad argentina y el olvido por parte de la dirigencia política de los sobrevivientes de dicha guerra son los motivos en este texto.

La anécdota refiere la desventura de un joven futbolista de dieciocho años que fue convocado por las Fuerzas Armadas Argentinas en 1982 para recuperar, plan militar mediante, las Islas Malvinas que estaban en poder de Gran Bretaña desde 1833. En la Batalla de los Gansos, una granada le destruyó una pierna. «La incompetencia militar argentina y la furia británica lo obligaron a permanecer allí muchas horas durante las cuales fue sintiendo cómo la gangrena (…) le tomaba toda la pierna». Los británicos le brindaron los primeros auxilios y decidieron operarlo: le amputaron la pierna, sus sueños de deportista y sus ganas de vivir.

Con un narrador en primera persona testigo que no deja de vincularse con la conciencia del autor [1], se va manifestando a lo largo de su discurso la denuncia del accionar político, que con su negligencia fue dejando de lado una responsabilidad humanitaria y social: restituir el estado sanitario, el espacio laboral, social y cultural que abruptamente —dadas las circunstancias históricas de 1982— les fuera robado a quienes defendieron la soberanía nacional en las Islas Malvinas y archipiélagos del Atlántico Sur.

Pero, ¿cómo se relaciona ese narrador, figura ficticia, con la conciencia del autor? La vinculación se da justamente en la elección de la primera persona para narrar; persona que manifiesta una subjetividad que no puede desligarse de la conciencia narrativa:

«… fue sintiendo cómo la gangrena o como se llame esa mierda que lo paralizaba le tomaba la pierna».

«Desde entonces, muchas veces me pregunté cómo hará para soportar semejante frustración. Los que estamos completos, y somos jóvenes, no podemos siquiera redondear la dimensión de nuestra piedad. Incapaces de imaginar la crueldad de la tragedia, nos figuramos como un fantasma que jamás nos alcanzará, ocupados como está —suponemos— en hacer estragos con la vida de los otros».

«Por eso, me dije, mejor olvidar a Tito, no buscarlo nunca más. En todo caso, capaz que un día de estos escribo un cuento y lo hago literatura».

Entonces, ¿qué función cumple la literatura en este caso? ¿Por qué el narrador, o la conciencia narrativa, dirá: «En todo caso, capaz que un día de estos escribo un cuento y lo hago literatura…»? En un artículo publicado en el Diario La Nación, en 1987, titulado El poder de la mentira, Mario Vargas Llosa ofrece un indicio para responder a esos cuestionamientos: «la literatura cuenta que la Historia no sabe ni puede contar» [2]. Tito, el personaje central del relato de Mempo Giardinelli, representa a cada uno de aquellos jóvenes que fueron víctima de la guerra, de las decisiones políticas y de las desidias del pueblo argentino una vez que el «fervor patriótico» hubo pasado, y a quienes no sólo se les mutilaron partes de su cuerpo, sino también sus sueños, sus esperanzas. En consecuencia, esta «Historia» es tenida en cuenta por el discurso literario porque es el que en mejores condiciones está de recuperar la voz social, aquella que no  es  hegemónica   y  que  por  ende,  no  se encontraría  en  un  texto   de   Historia  propiamente dicho  (tal vez porque  a  la  Historia  —¿desafortunadamente?— no le interesa lo particular sino lo general). Además, la literatura discrimina y selecciona los temas, saberes e imágenes sociales que se van construyendo a través de la complementariedad de los ámbitos de donde provienen: cultura, sociedad e historia, aunque no con pretensión de verdad objetiva, sino en claves de ficción, dadas de un modo simbólico y proporcionando a la vez elementos propios de un contexto, de sus personajes públicos, del sentido de la vida y de la muerte, la especulación acerca del hombre y su realidad. Por eso, el autor se concentra en las secuelas de la conflagración para transformarlas en materia literaria, aunque brinda información veraz de la realidad empírica comentada que puede ser constatada con la realidad extratextual. Porque como sostiene Ricardo Piglia: «Las relaciones de la literatura con la historia y con la realidad son siempre elípticas, cifradas. La ficción construye enigmas con los materiales ideológicos, los disfraza, los transforma, los pone siempre en otro lugar» [3]. Para el logro de tal fin, el proceso estético llevado adelante por Giardinelli consiste, preferentemente, en el uso de imágenes que refuerzan las ideas que el narrador va entregando a medida que su discurso avanza: por ejemplo:

«Cuando regresó al Chaco, cuatro meses después, apenas sostenía su cuerpo magro y encorvado apoyándose en un par de muletas. Pero lo que más impresionaba era la expresión de tristeza infinita que se le había estampado en la cara como un tatuaje virtual».

«Con las tribunas repletas, minutos antes de un partido de liga todo el estadio lo aplaudió de pie. Pero todos vimos, también, que Tito no se emocionaba ni sonreía; era un cuerpo irregular coronado por esa tristeza imbatible».

Esto demuestra el compromiso social del autor al tomar un hecho histórico y sus consecuencias y alzarse, a través del arte literario, con un discurso contrahegemónico que intenta recuperar la memoria social y política y sacarla de su aletargado olvido.

 


[1] Por conciencia de autor se entiende la posición del sujeto respecto del tema tratado.
[2] VARGAS LLOSA, Mario – 1987- El poder de la mentira; La Nación.
[3] PIGLIA, Ricardo -1986- Crítica y ficción, en Ensayos de escritores: Mecado, Heder, Piglia, Saer, U.N.C. por Marcelo Casarin

 

BIBLIOGRAFÍA

FUENTE

GIARDINELLI, Mempo – 2006- Tito nunca más, en Estación Coghlan y otros cuentos, Ed. B, Buenos Aires.

CONSULTA

CARDOSO, Oscar y Otros – 1992- Malvinas, la trama secreta, Ed. Planeta, Bs. As.
PIGLIA, Ricardo -1986- Crítica y ficción, en Ensayos de escritores: Mecado, Heder, Piglia, Saer, U.N.C. por Marcelo Casarin.
VARGAS LLOSA, Mario – 1987- El poder de la mentira; La Nación.

 

 

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Claudio Domingo López (1976). Vive en Villa María (Argentina). Es Licenciado en Letras y Profesor de Lengua y Literatura Castellana con Especialización en Literatura Infantil y Juvenil. Ha colaborado en la revista Misceláneas (período 1999) y El corredor mediterráneo Diario Puntal (Villa María – Junio de 2008). Realizó la Ponencia: Lenguaje, sociedad y cultura en Puerto Apache de Juan Martini (Universidad Nacional de Villa María Instituto A. P. de Ciencias Humanas. I Jornadas de humanidades y arte: El lenguaje y los lenguajes).


@ Contactar con el autor: c_lopez70 [arroba] hotmail.com

 Ilustración del artículo: Fotografía por
José L. Martínez Eyheramendy ©

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Revista Almiar – n.º 58 / mayo-junio de 2011 MARGEN CERO™Aviso legal

 

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