artículo por
Salomé Guadalupe Ingelmo

 

Tenemos que actuar juntos y pensar en un plan para
deshacernos del gato,
sino un día acabaremos siendo su comida.

(Esopo, Los ratones y el gato)

 

Nadie puede negarlo, actualmente vivimos circunstancias muy duras. Al escritor corresponde ayudar a enmendarlas y a sobrellevarlas mediante diversos mecanismos: a veces denunciando y actuando como depositario del desencanto y el miedo; otras, ayudando a evadirse al menos por unos instantes. Las más de las veces, ofreciendo soporte para explicarse un mundo que en ocasiones se diría totalmente incoherente. Esto es así especialmente en el caso de la literatura dirigida a los niños, pues ellos aún no poseen las claves del inhóspito paisaje en el que habrán de integrarse. Necesitan pistas que les permitan a reconstruir o descodificar un escenario realmente confuso para un recién llegado.

Por ello creo que debemos ser sinceros con la infancia. Intentar ocultarles la realidad, por cruda que sea, no les protege sino que, a la larga, les deja más indefensos. Lo realmente útil sería dotarles de armas para enfrentarse a ella, y eso pasa por decirles, con el lenguaje apropiado para su edad y evitando alarmismos que pudieran traumatizarles, la verdad. Intentar edulcorar la realidad mediante la mentira, incluso mediante la piadosa, no sólo supone el riesgo de dejarles desprotegidos ante ella, sino también el de ganarse su recelo. Una mentira es difícil de sostener a la larga, y los niños son muy intuitivos y para nada tontos. Si un niño descubre que le has mentido, perderá la confianza depositada en ti. Y si eso sucede será muy complicado recuperarla. Se volverá suspicaz. Es como quebrar el encanto: hay cosas que una vez rotas difícilmente se pueden reparar con éxito. Cuando decepcionas a un niño, de alguna forma, lo has perdido para siempre. Son aún muy radicales; con ellos todo es extremo, o blanco o negro. A sus ojos sólo puedes ser un héroe o un villano. Son seres instintivos y viscerales más que racionales. No conviene decepcionar a un niño. Si te cogen en un renuncio, estás perdido.

bodegón

Se trata, por tanto, de ofrecerles claves con sinceridad. Pero procurando al tiempo que el pesimismo y terror que siente el propio adulto hacia un paisaje cada día más apocalíptico no acabe por contaminar el relato que ofrecemos a nuestra infancia. Son ellos los que habrán de construir el futuro, aunque ciertamente nosotros no estamos sentando en su presente unos sólidos cimientos que lo faciliten.

En cualquier caso la infancia debería constituir una suerte de reserva natural del optimismo. Pero observo, con preocupación y tristeza, que nuestra infancia es cada día más presa de la ansiedad y las preocupaciones propias de sus mayores: obligados por las circunstancias, se les acaba haciendo partícipes de problemas que habrían de ser sólo de los adultos. Que de hecho no deberían existir para ningún ser humano: si habrá suficiente para comer hasta final de mes, si se podrán pagar las facturas, si mañana se tendrá un techo sobre la cabeza…

En Víspera de Reyes, un cuento que muy recientemente ha visto la luz en el marco de la antología Cuentos infantiles sin fronteras 2015, me planteé la necesidad de abordar los problemas relacionados con la crisis, más concretamente la tragedia de los desahucios, bajo una óptica que permitiese presentarlos ante la infancia.

Lamentablemente ellos ya no son ajenos a este tipo de realidad tan dura. Por eso he pretendido no desdramatizar lo que sin duda supone una de nuestras mayores lacras y fracasos, pero sí aproximarme al argumento con sentido del humor y, sobre todo, poner de relieve que siempre ha de haber una luz de esperanza, un faro que nos guíe en la oscuridad. Para mí ese faro es la resistencia, el afán de supervivencia y de lucha contra la injusticia. No quiero ver crecer una infancia sumisa y resignada a su mísera suerte, derrotada ya desde su nacimiento por un sistema que le impone el adoctrinamiento y el adocenamiento intelectual para que no se rebele contra la desigualdad y el abuso. «Come y metaboliza, hijo», dice el abuelo del ratoncito que en Víspera de Reyes, gracias a la ayuda de su padre y a un toque de magia, salvará a la familia humana de acabar viviendo en la calle, mientras le ofrece el Código Civil y luego el Código Penal. Porque, aunque el cuento reivindique la importancia de seguir creyendo en el prodigio, al tiempo, no debemos esperar que siempre nos salve del atropello un milagro: el milagro hemos de obrarlo nosotros mismos. El ciudadano, la ciudadanía en su conjunto, ha de aprender a recobrar la confianza en sus propias fuerzas y a no depositar su fe a la ligera en presuntos líderes o salvadores. Hemos de aprender a recuperar las riendas, a hacernos responsables de nuestro futuro.

Por eso Víspera de Reyes es un llamamiento a la solidaridad, pero también a la insumisión contra las normas injustas. Además encierra un reconocimiento a la tolerancia natural que suele residir en la infancia. Normalmente los niños no advierten diferencias impuestas por estrechas miras culturales o por intereses perversos, por eso los protagonistas infantiles del cuento, tanto el roedor como el humano, se encargan de aportar la verdadera cordura a la convivencia, haciéndola finalmente posible.

Supone para mí un privilegio que este cuento, Víspera de Reyes, haya sido publicado ahora en el marco de una antología que auspicia una asociación volcada en el fomento de los valores cívicos entre la infancia. La asociación Txirula Kultur Taldea lleva muchos años trabajando en un barrio, el de Otxarkoaga, considerado a veces marginal, pero que ha demostrado ampliamente su compromiso social impulsando actividades culturales para sus vecinos. No podemos olvidar que fue éste el primer barrio de Bilbao en dotarse de un centro cívico.

Víspera de Reyes reivindica una serie de principios, quizá hasta hace poco no muy de moda, y los propone también a la infancia. Se trata de despertar las conciencias para que cada uno razone en su propia dirección, no de adoctrinar. No se trata de obligar a que se piense como yo, sino de impulsar para que se piense. Porque el sistema en el que vivimos inmersos parece demasiado interesado en mantener a los individuos convenientemente dormidos o incluso manifiestamente engañados, inmersos en un bello sueño artificial que no deja de ser mero espejismo.

La única salida es ponerle el cascabel del gato para escucharle llegar y que no nos coja desprevenidos: denunciar la injusticia para que no pase desapercibida y crezca más cada día, alimentada por el silencio cómplice e inmoral.

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Más información sobre la asociación cultural Txirula Kultur Taldea así como sobre las vías de adquisición del libro, cuya recaudación servirá para financiar proyectos y actividades dirigidas a la infancia, en

http://txirulakulturtaldea.blogspot.com.es/

 

 

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Salomé GuadalupeGUADALUPE INGELMO, SALOMÉ (Madrid, España, 1973). Formada en la Universidad Complutense de Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, Università degli Studi di Pisa, Universita della Sapienza di Roma y Pontificio Istituto Biblico de Roma, se doctora en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. Miembro del Instituto para el Estudio del Oriente Próximo de la UAM, desde 2006 imparte cursos sobre lenguas y culturas mesopotámicas en dicha Universidad.
Ha recibido premios literarios nacionales e internacionales. Sus textos de narrativa y dramaturgia han aparecido en numerosas antologías. En la última década ha sido jurado permanente del Concurso Literario Internacional «Ángel Ganivet» (Asociación de Países Amigos, Helsinki, Finlandia) y jurado del VIII Concurso Literario Bonaventuriano (Universidad San Buenaventura de Cali, Colombia).
Publica asiduamente ensayos literarios, tanto académicos como de divulgación, en diversas revistas culturales y medios digitales nacionales e internacionales. De entre los últimos: Literatura testimonial: justificación personal o voluntad de utilidad histórica. Dos testimonios de Sonderkommando en Auschwitz, en Revista Destiempos (México) n.º 42, Estudios y Ensayos, Diciembre 2014-Enero 2015, p. 50-86; Casi once años sin Terenci Moix: la herida de la esfinge no cicatriza, en Luz Cultural (24 de enero de 2014); Dorian Gray ayer y hoy: Retrato del seductor sin edad, en Revista Almiar – Margen Cero III Época n.º 74 / mayo-junio 2014, 14/05/2014… Sus críticas de cine suelen aparecer en la revista digital Luz Cultural y en el diario Luz de Levante. Prologó El Retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde (Editorial Nemira, 2009).
Desde 2009 colabora ininterrumpidamente con la revista digital bimestral miNatura: Revista de lo breve y lo fantástico, en la que han visto la luz sus microtextos de género fantástico, de ciencia ficción y terror. Ha sido incluida en Tiempos Oscuros: Una Visión del Fantástico Internacional n.º 3 (especial monográfico sobre el estado actual del género en España) y en varias antologías de la editorial Saco de Huesos. Un compendio de sus obras narrativas pertenecientes a los géneros de terror y ciencia ficción puede consultarse en la Biblioteca Tercera Fundación. Más información sobre el resto de su producción literaria en:
http://sites.google.com/site/salomeguadalupeingelmo http://salomeguadalupeingelmo.blogspot.com.es.

 

 Ilustraciones artículo: (Portada) Tapa de la antología Cuentos infantiles sin fronteras 2015 | (En el artículo) Lodewik Susi – Still Life with Mice, Ludovico de Susio (fl. 1616-1619) [Public domain], via Wikimedia Commons.

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Revista Almiar – n.º 80 | mayo-junio de 2015
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