monólogo por

Salomé Guadalupe Ingelmo

 

Escenario: totalmente vacío, a excepción de los fríos ganchos de metal que cuelgan del techo. De los animales que antiguamente transitaron la sala, sólo los ecos de las voces; los gritos amortiguados por los años, únicamente audibles por quienes ya se acercan al otro lado. Allí encontraron el fin, también, inocentes corderos.

En el centro de ese espacio rigurosamente desnudo y oscuro, una mujer de mediana edad, sentada en una silla de enea. Viste una túnica blanca, inmaculada, como recién estrenada. La cabeza, cubierta por un manto del mismo color que deja ver algunos mechones de pelo negrísimo, en los que despuntan unas pocas canas dispersas. La luz cenital, cautivada por ella, hace resaltar aún más su sencilla belleza, su rostro apenas maquillado. En su pecho izquierdo aprieta un bulto, envuelto en un pliegue de su propio manto. Ignorando la presencia del público, toda su atención se concentra en el contenido de ese envoltorio, convertido ahora en principio y fin de su existencia, en único eje  del universo. Así ataviada, se diría una virgen.

 

MUJER:

(Se dirige a él con voz queda, una mezcla de ternura y pudor. Aún no parece familiarizada con su nueva condición.) Me repetían que no me preocupase, que cada cosa llega a su debido tiempo. Que todo sucede, o no, según el Señor disponga. Quiénes somos nosotros para intentar oponernos a su insondable voluntad. «Tú no te martirices por eso. Llegará si está de Dios. Y si no, no llegará», aseguraba el médico. Y ahora… (Pareciera contener las lágrimas. Quizá, de emoción.) Aquí estás. Ya has llegado. «¿Para qué empeñarse en costosas pruebas? ¿Por qué obstinarse en saberlo todo, si lo que haya de ser, será?». Eso me decían. Y yo dudaba, lo confieso. (Sonríe. No se sabe bien si satisfecha o resignada.) Pero ahora sé que ellos tenían razón.

(Acuna el bulto de su pecho izquierdo lentamente, con una cierta torpeza. Con la torpeza propia de una primeriza, de una mujer que, por vez primera, se enfrenta totalmente sola a ese trance. Súbitamente un gesto de dolor cruza su rostro. Pero se rehace enseguida: no quiere que él la vea flaquear; no quiere que él sepa que alberga dudas, que no es tan fuerte y segura de sí como se empeña en aparentar ante todos. Especialmente, ante él. No, él no debe saber nunca lo que realmente siente por dentro. Él no ha de sospechar jamás su fatiga. Se excusa.) Aún no acabo de habituarme a esta sensación que me oprime el pecho. Ni a las secreciones tampoco. Ahora mi cuerpo es más tuyo que mío, supongo. Ahora vivo para ti. (Esboza una sonrisa forzada que se diluye lentamente. Susurra sombría.) O a pesar de ti, según los días. (Mueve la cabeza negativamente, como intentando convencerse con poco éxito.) No, no me quejo. (Ahora, definitivamente firme.) No, no quiero quejarme. Sería una ingrata si no reconociese todo lo que me has ofrecido. Si sólo supiese ver lo que me has arrebatado. Es sólo que… (Titubea.) Yo no te esperaba. No tan pronto. No ahora. Tenía muchos proyectos por realizar. Y ya no sé si habrá tiempo.

(Sujeta en alto, frente a los ojos, ese esquemático retrato, ese boceto, ese tosco negativo en el que ella ha pasado a convertirse en un simple apéndice de esa entidad que, de la noche a la mañana, ha cobrado vida propia. Que ahora tiene más densidad y peso que ella misma. Un fardo que a veces resulta difícil de acarrear. En esa fotografía no hay blancos ni negros: sólo una escala de grises. Porque desde el principio, en esa historia, han sido todo medias tintas: vaguedades, excusas, incoherencias… Nadie ha querido cumplir con sus obligaciones y responsabilidades. Nadie, salvo ella. Ella, que ahora afronta sola las consecuencias: el fruto de tantas omisiones y negligencias. Sosteniendo aún la radiografía.) Yo quería saber. Yo quería saber demasiado. Y esperaba impaciente pruebas y resultados que no llegaban. Y desesperaba. Porque yo quería saber: yo quería ponerte, cuanto antes, un nombre. Ahora ya no me importa. He comprendido que forma parte de un designio escrito de antemano. Mi madre, mi abuela, probablemente, a su vez, la madre de ésta… Los médicos tenían razón; el sistema tiene razón: ¿para qué tantas costosas pruebas? Si, al final, lo que haya de ser, será igualmente. Yo entonces nutría dudas, lo reconozco. Pero ahora veo claro. Sí, es cierto, si hubiese podido hacer todos mis controles mamográficos en las fechas aconsejadas, seguramente lo habrían detectarlo a tiempo. Pero entonces tú no estaría aquí. Y yo, que nunca quise tener hijos, que ya no podría tenerlos aunque quisiera, no acunaría un bulto en mi pecho izquierdo. Resulta irónico: los recortes me han dado algo que ya nadie podrá quitarme. Tú eres mío para siempre. (De repente se da cuenta de que, para ella, el tiempo tiene ahora otras medidas. Y rectifica serena.) Al menos, para lo que quede.

Las sombras caen lentamente sobre la improbable maternidad, engullendo sin prisa pero sin pausa, con más glotonería que hambre, la figura, aún inmaculadamente blanca. Menuda. Tanto que, probablemente, nadie la echará en falta cuando desaparezca.

Al fondo, entre las sombras, despunta una sombra espigada. Aún más oscura que la propia negrura circundante. No se mueve, no habla, no se impacienta. Simplemente espera.

 

(Esta obra ha sido distinguida con el Premio Internacional de Monólogo Teatral Hiperbreve «Garzón Céspedes», 2013).

 

 

separador obra teatro Carne de mi carne

 

Salomé Guadalupe Ingelmo

GUADALUPE INGELMO, SALOMÉ (Madrid, España, 1973). Formada en la Universidad Complutense de Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, Università degli Studi di Pisa, Universita della Sapienza di Roma y Pontificio Istituto Biblico de Roma, se doctora en Filosofía y Letras (2005). Miembro del Instituto para el Estudio del Oriente Próximo de la UAM, desarrolla desde 2006 actividades docentes como profesor honorífico en dicha Universidad impartiendo cursos sobre lenguas y culturas del Oriente Próximo. Durante los diez años vividos en Italia, desarrolló actividades como traductora y docente. En 2012 Ediciones COMOARTES publicó digitalmente su libro de cuentos La imperfección del círculo, una antología personal de cuentos premiados más dos inéditos, y otro libro titulado La narrativa es introspección y revelación con sus respuestas a las preguntas de Francisco Garzón Céspedes, que la ha incluido en su Indagación sobre la narrativa junto a personalidades como María Teresa Andruetto, Fernando Sorrentino (Argentina), Froilán Escobar (Cuba/Costa Rica) y Armando José Sequera (Venezuela). Entre sus ensayos más recientes: Libros como libros vivos y Borges, un tahúr en la corte del rey Assurbanipal (en proceso de edición). Ha recibido diversos premios literarios nacionales e internacionales. Es ganadora absoluta del Concurso Internacional de Microtextos y del Premio Internacional de Microficción Dramatúrgica Garzón Céspedes organizados en 2010 por la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE); y ha obtenido otros premios, internacionales y extraordinarios, de microficción, así como numerosos reconocimientos, especialmente en narrativa, entre los que destacan sus galardones en el certamen Paso del Estrecho, de la Fundación Cultura y Sociedad de Granada. Varios de sus relatos han sido incluidos en diversas antologías, en especial de narrativa y de dramaturgia. Cabe destacar la publicación digital de su cuento Sueñan los niños aldeanos con libélulas metálicas (con traducción al italiano de la autora, en Ediciones COMOARTES, 2010). El mismo relato ha sido recogido por José Víctor Martínez Gil en la Antología de cuentos iberoamericanos en vuelo [Recurso electrónico. Libro-e], que puede leerse en la Biblioteca Digital del Instituto Cervantes de España. En la misma Biblioteca Digital tiene también su relato El niño y la tortuga, en Literatura iberoamericana para niñas y niños. Brevísimos pasos de gigantesEl niño y la tortuga fue de nuevo antologado en Quince cuentos brevísimos para niños y niñas. Su texto Es el invierno migración del alma apareció en Las grullas como recurso turístico en Extremadura, publicado por la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura en 2011. Fue ampliamente antologada, con un total de 13 textos, en Pupilas de unicornio (2012). Siete de sus textos dramatúrgicos fueron antologados también en Picoscópico (2012). Su monólogo Alicia se mira en el espejo ha sido objeto de publicación digital, acompañado por su entrevista El monólogo recrea una intimidad sin parangón, en la que la autora responde a Francisco Garzón Céspedes sobre cuestiones relacionadas con la dramaturgia. También ha publicado digitalmente Medea encadenada y otros textos dramatúrgicos hiperbreves, que reúne quince monólogos y soliloquios, la mayoría premiados en concursos internacionales. Es autora de dos antologías inéditas de poesía en italiano, todavía en revisión, y de poemas en castellano aún inéditos. Ha escrito dos novelas inéditas y otros cuentos y microcuentos aún no publicados. Suyo es el prologo a la edición de El Retrato de Dorian Gray de la Editorial Nemira y el de la antología del VIII Concurso Bonaventuriano de Poesía y Cuento 2012. Desde esta década es jurado permanente del Concurso Literario Internacional Ángel Ganivet, de la Asociación de Países Amigos de Helsinki (Finlandia) —respaldada por el Ministerio de Educación y Cultura de Finlandia y el Ministerio de Empleo y Seguridad Social de España—, y lo ha sido del VIII Concurso Literario Bonaventuriano de Poesía y Cuento 2012 de la Universidad San Buenaventura de Cali (Colombia). Desde 2009 colabora ininterrumpidamente con la revista digital miNatura: Revista de lo breve y lo fantástico.

Una idea más precisa sobre su trayectoria se puede obtener consultando http://sites.google.com/site/salomeguadalupeingelmo/    

Ilustración texto: Planchadora, pintura digital por José Salvatore ©
(de su muestra en Almiar).

 

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Revista Almiarn.º 74 | mayo-junio de 2014MARGEN CEROAviso legal

 

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