poemas por
Axel Ulises Vite

 

IV

 

Libre como solo tú sabes serlo,

te encuentro a diario cabalgando sobre las hojas,

en compañía de mil y un soles

que adoran seguir tu aventura.

 

Marchas entre las distintas voces del piano,

en mis brazos cenizos como la arena,

en la escueta fumarola del cigarro,

en la antesala del viento,

o en el vientre ondulado de la gloria.

(Durmiendo en el brazo izquierdo del ocaso,

o maquillando con tu sonrisa su frente desnuda).

 

Tus manos en mis manos;

tu verbo hendiendo el hijo maravilloso de mis cabellos

para hacerlo brotar cuando se desprendan

las escamas del sol y caigan sobre el hombre,

dotándolo de nuevos sentidos.

 

Será que tú eres lo definitivo.

Conozco el tacto de Dios

desde el día en que se hizo tu beso en mis labios.

Sé de mí porque has puesto este nombre

en el fractal indiscutible de cada ola,

en el lomo azur pantera del escarabajo que medita día y noche,

y en los soleados pies de la oruga infatigable.

 

V

 

Te he visto también,

repartir el fruto de tu seno

donde nadie más ha mirado;

tus senos que son justos y sinceros,

necesarios para el mundo;

redondos como el universal ojo marino

donde se hallan todos los tiempos del hombre,

igual de blancos que la luna en su menstruación milagrosa

y salvajes como el toro que golpea en las sienes de la montaña

para hacer brotar el oro que refresca al mundo.

 

VI

 

Te amé incluso antes que la mañana se hiciera en los ojos del buey,

aun antes del canto de las golondrinas en cuyo pecho

terminan de gestarse los cien fuegos que alimentan la alegría.

Tuve de pronto una certeza de ti y de mí,

de nosotros en colisión con los planetas más antiguos,

de tu cuerpo y mi cuerpo

imitando el vals armonioso de las nubes.

 

Pero, te amé más en la locura de las abejas

que se repartieron en otras lejanas ciudades

donde estaban detenidos los juegos y las risas,

en el frenesí de las hormigas,

en el fuego quisquilloso de las salamandras cotidianas,

y en la sal de las rocas que duermen y sueñan.

Y mañana o pasado mañana,

cuando las palomas se exilien hacia otros lados,

cuando caigan las flores en su campo de batalla,

cuando se apaguen el canto de los rojos y los amarillos,

y el canto de las siete musas que toman el sol

reflejando la eternidad en sus espaldas,

y aun cuando los días dejen de ofrecerse al hombre,

yo te seguiré amando

desde de mis cordilleras donde se alzan fecundos truenos,

hasta mis latitudes convexas,

con la fuerza de los bengalíes que se estrellan

contra la aurora con tal de sangrar su elocuencia sobre las plazas

y con el ímpetu de los átomos que vuelven al ojo del creador.

 

VII

 

Con qué imparable música de ángeles futuros te anuncias.

En tu respiración, enciendes el motor de la vida,

y suenas entonces como las grutas

que comunican el latir del planeta,

como un poema que busca prender fuego a la rosa de los vientos,

que ingenua descansa en su propio altar

sin saber lo que acontece.

Es fácil darse cuenta

que el cielo en su agonía abre cada pétalo suyo para conocerte

en la calma de un sueño solidario;

y donde tus manos tocan la tierra

nacen ríos y lagos en que hombres y mujeres

se descubren en la desnudez visionaria de sus almas.

 

VIII

 

Tú eres el fuego que se está añejando en mi boca.

Fuego es el color de tu sangre,

tu sangre que es sangre de estrellas

haciendo que los caballos troten por las nubes,

que los cisnes den saltos, saltos, saltos,

en la vértebra del horizonte,

que las violetas nebulosa purifiquen el aire desde su sexo,

y que el hombre sea hombre

y no la deprimente figura de cal y barro que sería

si no estuvieras.

 

IX

 

¿Qué más puedo hacer sino cantarte

y coronarte con la espuma que dejan los astros

en su caminar descuidado?

Te cantaré con mi boca y mi lengua de fugaz cocodrilo,

con mis dedos, con mi hígado que no es hígado,

y estos pulmones que me son ajenos

desde el minuto cero

en que respiré la exhalación de tu vientre fecundo.

(Cantaré con esa otra lengua

con que te respiro por la mañana,

y con mi pecho que te pertenece

como pertenecen los peces al aire).

 

 

 

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Axel Ulises Vite NavarreteAxel Ulises Vite Navarrete: «Nací el 4 de octubre de 1990 en la Ciudad de México. Estudio la licenciatura en Pedagogía en la UNAM. He colaborado con las revistas digitales Letralia, Tierra de Letras, Palabras Diversas, Revista Astrolabium, Revista Almiar y Portal de Poesía Contemporánea. Desde el año 2013 formo parte de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES). Recientemente publiqué El escarabajo y el jilguero (poesía) bajo el sello editorial de Litera Editorial, además de publicar frecuentemente en mi propio blog: www.vidaderubensolsticio.blogspot.com».

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Contactar con el autor: hephaestus_ap1310 [at] hotmail.com

Ilustración poemas: Detalle de imagen digital por Nancy Caridad ©
(de su muestra en Almiar)

 

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