entrevista por
Carlos Díaz

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a Extraña Pareja consiguió el récord de exhibición continuada en Barcelona entre 1994 y 1999. Más de 2.000 representaciones. Actualmente  podemos disfrutar de esta comedia americana de Neil Simon en el Teatre Condal de Barcelona con Joan Pera y Antonio Dechent como protagonistas. Charlamos con su traductor, adaptador y director Ángel Alonso.

—Hace 15 años Paco Morán y Joan Pera consiguieron el Record Guiness Mundial de Asistencia en un espectáculo. Se decidió no volver a hacer el espectáculo después de la muerte de Paco Morán. Si levantara la cabeza ¿qué diría?

—Que él lo hacía mejor, vería todos los defectos. Es que si no fuera así no sería actor. (Risas)

—¿Qué aporta Dechent a La Extraña Pareja?

—Es un gran actor. Dechent es más relajado, yo diría que es más golfo en su vida, más intrascendente, más como el personaje. Paco interpretaba más.

—¿En qué te ha sorprendido?

—Dechent lleva desde los 20 hasta los 35 años deambulando por diferentes oficios y amistades. Es una de las personas más cultas que conozco. En su teléfono hay más de 1.200 libros archivados por autores, nombres, citas… Es un lector selectivo. No conozco a nadie igual.

—A Joan Pera lo ha dirigido durante 10 años. ¿Qué destacarías de él que el público no conozca?

—(Silencio) Pera es el paradigma del seny ( en castellano ‘cordura’), de la bonhomía. Es muy difícil discutir con él porque es muy tolerante. Se ha hecho él, no le ha ayudado nadie. Es un luchador nato. Un hombre de una polivalencia brutal. Un trabajador como no conozco otro.

—Respecto a los personajes, Félix es llorica, hipocondríaco, tímido y neurótico y Óscar es enemigo del orden y de las normas. ¿Quién te resulta más cercano?

—(Silencio) Yo soy… No lo sé. Todos somos un poco Félix y un poco Óscar. En todo Félix hay un Óscar reprimido y viceversa.

—Félix es un hombre de mediana edad que su mujer lo deja de patitas en la calle y recurre a su amigo Óscar para compartir su apartamento. Debido a la crisis muchas más personas tienen que compartir piso. Ángel, a estas alturas de tu vida, ¿crees que serías capaz de compartir piso con un amigo?

—Yo soy un solitario social. Llevo 30 años viviendo solo. Y la soledad nos hace maniáticos. Tengo mi «or-des-orden». Mi nivel de tolerancia en las pequeñas cosas es muy corto. Si tuviera que escoger en una postura radical entre ser un homeless o un piso de estudiantes, sería un homeless.

—¿No tienes pareja por los mismos motivos?

—He tenido relaciones, pero no pareja. Esto no es una categoría, es una biografía. Empiezas unos años viviendo solo, vives en pareja, y luego vuelves a un individualismo socializado. Ahora se me caducan los condones. Los compras con ilusión y luego no hay forma de usarlos.

—La acción transcurre junto a sus amigos jugando a las cartas. ¿Con quién te gustaría compartir partida para hablar de política?

—Con ninguno. No me interesa nada. He hablado tanto de política y he dicho tantas tonterías… He dicho casi tantas tonterías como los de mi generación. Por lo tanto, hablar de política me parece perder el tiempo y los políticos me parecen el grupo más despreciable que tiene la sociedad española, sin excepciones. Hace 7 años me cayó una etiqueta muy vejatoria de antisistema, como era la palabra antisistema por entonces, que te imaginaban rompiendo farolas. Todos los partidos políticos sabían lo que está pasando, o por acción, porque estaban, o porque callaban.

—¿Y para hablar de teatro?

—Con quien sea. Soy un yonkie para hablar del teatro. Si pudiera escoger: con Peter Brook, Eduardo de Filippo, Gassman…

cartel obra La extraña pareja

—1.123.797 espectadores vieron el último montaje. Hagamos apuestas, ¿a qué número creen que llegaran en esta ocasión?

—Ni idea porque el momento teatral es de los peores de los últimos 15 años. Wert y su camarilla, sumado a una pésima gestión de los últimos diez años en Catalunya, teatralmente han destrozado todo objetivo.

—Neil Simon es el autor de éxitos más prolífico de Broadway. ¿Ángel Alonso es el director de éxitos más prolífico de España?

—No lo sé. Mis espectáculos los han visto 3 millones y medio de personas, pero no son mis espectáculos. Sin Paco y Pera no tendría esto. El teatro es colectivo. Ahora tengo un montón de espectáculos que no puedo poner en marcha porque a nadie les interesa. A mí no me llama nadie para dirigir.

—Entonces ¿aceptas en esta ocasión dirigir La Extraña Pareja por apetencia o por necesidad?

—Supongo que por compromiso, porque yo la había montado, por respeto. Porque creían que era la persona más adecuada. Me pareció lo más normal del mundo que me llamaran y me pareció lo más normal del mundo aceptar. Como me parece lo más normal del mundo que no me hayan llamado durante estos años.

—Aun teniendo 78 espectáculos y obras tan diferentes como Amadeus, Historias de la puta mili y Arrabal, mucha gente te puede tachar de director comercial por los diez años de éxitos por tus comedias con Focus. ¿Te duele?

—Me da igual. A mí me sabe peor por los actores. Yo soy una persona poco sociable. Soy correcto pero no simpático. Creo que hay trabajos actorales fantásticos y no lo reconocen y eso me toca mucho los huevos. La inteligencia es tonta. Cuando hice el Amadeus era bastante común que gente de teatro y amigos míos me dijeran: «¡Qué espectáculo más hermoso! No parece tuyo». Te lo hacen con buena intención.

—¿Todavía sigues diciendo: «Mi constante es que nunca nadie ha creído en mí, salvo yo»?

—En mi trayectoria hay dos grandes líneas: El encargo, tipo Amadeus, La Extraña Pareja… y otra que yo hago para aprender, para crecer: Historias de la puta mili, Arrabal y mis textos, que me los pago yo. Yo nunca he hecho teatro para mí, siempre para los demás. Nunca he tenido una subvención. Si hay alguien incompetente militante son los que dan las subvenciones.

—¿A pesar de tantos «taquillazos» consideras que no se te valora como te mereces?

—Que me valoren como quieran. El gran problema, que roza la paranoia, es cómo tú te ves y cómo te ven los demás. Como tú te ves es siempre maltratado, poco valorado. Y los demás te ven en un contexto más amplio, más comparativo. Cuando veo el trabajo que ha hecho Joan Pera, digo: qué putada que a este tipo no lo valoren. Y sí me sale de los cojones decir que no saben leer la interpretación.

—Tu obra Chicas malas era una visión de mujeres de distintas edades que recordaban «hitos» de su educación en la posguerra española y confesaban cómo les había afectado el sometimiento a una cultura machista. Cuando pasen 20 años ¿cómo dejarán poso en nuestra sociedad estos tiempos de crisis que estamos viviendo?

—No lo sé. Hace 15 años Fernando Arrabal me preguntó: «¿Cuál es el gran cambio de final de siglo?». Yo no sé si fue por el vino, pero le dije: «Creo que lo que ha cambiado más es la socialización de la mujer, el nuevo posicionamiento que están consiguiendo». Yo soy un «come tarros». Llevo años intentando conocer lo que nos mueve. Creo que el bienestar no está en lo que tienes sino la relación que estableces con lo que tienes. Me preocupan las relaciones, no lo que tengo. Creo que el problema de la gente que está ahora jodida es que les angustia más lo que no tienen, que el relacionarse bien con lo que tienen. Hoy en día un parado tiene más confort que cualquier rey en la historia de la humanidad. Cuando me levanto y se enciende la luz, 200.000 años, cuando abro un grifo y sale agua la hostia, cuando cojo un teléfono y me comunico… Cualquier joven lo tiene mejor que mi generación cuando éramos jóvenes. No teníamos nada, pero nos lo pasábamos de miedo. No había el pesimismo social que nos ha metido esta pandilla de golfos. Mi juventud era divertidísima aunque teníamos carencias de todo.

—Haciendo referencia a sus inicios, El Galliner era una manera de hacer teatro con un alto nivel de compromiso político y con más ambiciones que no posibilidades. Corrían tiempos en que ya se preparaba el mayo del 68. Desde hace años eres uno de los referentes del teatro comercial. ¿Sientes que has traicionado tus ideales?

—Yo no traiciono nada. (Ríe). Si tuve ideales reniego de todos ellos. Cada uno hace lo que puede. La honestidad está por encima de los ideales. Si un ideal está equivocado lo honesto es modificarlo. Sí, nos equivocamos, y nos equivocamos mucho, defendiendo unos ideales, que eran coartadas, como se ha demostrado. Renegar de creencias que defendí no me parece traición, me parece coherencia. Ahora no estaría siete años sin cobrar en la Sala Villaroel. Durante siete años no cobró nadie. Nosotros éramos el teatro para los que no tienen teatro. «Salva patrias» de cojones. Lo único que hicieron es darnos por el culo, todos, sin excepción. Porque la vida es eso, el poder. Era un idealismo naif.

—¿Hay algo que has perdido por el camino que te gustaría rescatar?

—Los amigos que he perdido: Ovidi Montllor, Ivà… Un montón de gente cojonuda que no están.

—Numerosos premios reconocen su extensa trayectoria artística , entre los que destacan el Premio Nacional de Teatro y el Premio Pablo Iglesias concedidos al Villarroel Teatre y el Premio Ciutat de Barcelona concedido al mejor programa infantil El Planeta imaginari. A nivel personal, no laboral, ¿qué premio te gustaría recibir?

—Los premios difícilmente son justos pero siempre son merecidos. Si no existieran no pasaría nada y si hubieran muchos más tampoco. Mi premio son los tres millones y medio de espectadores que se han reído con mis espectáculos.

—Ese es el premio profesional.

—Es que no hay otro.

—¿Está la profesión por encima de tu persona?

—Mi profesión y la persona van juntos. Estuve 8 años de pareja con el premio de un hijo que supera a todos mis espectáculos. Cuando empiezas a estar jodido te dan el premio a la trayectoria. Entonces hay que salir corriendo porque quiere decir que te estás muriendo. Lo que hacen es eliminar la mala conciencia de no habértelo dado antes, porque te odian, porque no te tragan, porque prefieren a otro, por lo que sea. Si este sistema nos ha llevado a donde estamos, cualquier premio que venga de él es para cuestionarlo. Si esta escala de valores te considera premiable es para salir corriendo.

 

* * * * *

 

La conversación duró 1 hora y 20 minutos por lo que se hablaron de muchas cosas, al margen de las preguntas, que me gustaría compartir. Ángel Alonso afirmó:

 

«En la historia de los Óscars sólo el 3 por ciento son comedias. A Billy Wilder después de haber hecho El Apartamento le dan el Oscar por el personaje de alcohólico. En Hollywood para que te den un Oscar o haces Rain Man o eres cojo o psicópata. Porque para ellos lo serio es un valor».

 

«A mí me fastidia que a Joan Pera, que me parece uno de los grandes actores de este país, lo ninguneen por una incapacidad profesional para valorar su trabajo. Es muy difícil, dificilísimo, lo que hace este señor».

 

«La comedia es muy chivata. Yo tengo 70 espectáculos y no todos han sido aciertos. Los errores en un texto dramático cuelan más que en una comedia. En una comedia o te lo ríen o no te lo ríen. No todos los actores pueden hacer comedia. Muchos grandes actores no pueden. Marlon Brando lo ha intentado y no ha podido».

 

«Cuando estudias la historia del cine, te das cuenta que grandísimos actores han hecho grandes mierdas. No hay una carrera que no tenga agujeros grandes, salvo James Dean que murió joven. Nuestro trabajo tiene unas variables de riesgo muy altas».

 

«Mis 5 espectáculos que son difícilmente mejorables es porque coincidieron una serie de factores que todo sumaba. Sin embargo, otras veces se te empieza a escapar un montaje y no puedes con él. Yo he pedido dos veces no estrenar. En un caso era por un problema actoral y en el otro fue un problema mío que me equivoqué y cuando quise corregir ya no pude».

 

«Yo he programado un teatro durante 40 años por donde han pasado 300 compañías. He visto compañías que han acabado a hostias en el escenario, hostias físicas».

 

«La única cosa que compartimos todos, no sólo los actores, es la inseguridad».

 

«El actor acostumbra a ser endogámico. El nivel de la platea cultural es más alto que el del escenario muchísimas veces».

 

«La segunda profesión de todos los actores del mundo es camarero. Solo una élite de un cuatro por ciento vive de su profesión».

 

«Ver reír a un crítico es como para ponerle un foco y decir: “¡Se ha reído!”».

 

«Las necesidades físicas las tengo muy cubiertas. No las intelectuales ni las emocionales. Estas me cuestan mucho de llenar porque mis necesidades no coinciden con las de los demás. Tampoco tengo la tolerancia mínima. Prefiero estar leyendo o releyendo un libro que perder el tiempo en banalidades».

 

Con tan aplastante sinceridad, ahora toca ir a ver La Extraña Pareja en el Teatre Condal de Barcelona. Perfectamente podrían decir aquello de… «Y si no se ríen les devolvemos el dinero», porque la risa está asegurada.

 

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Carlos Díaz
CARLOS DÍAZ fue finalista como mejor actor en el Premio Espectador de la Revista Teatre Bcn por el personaje de Sra. Lucia en la obra Una Noche de Óperade La Cubana y Premio Ondas por el programa Tarde de Todos, en Onda Rambla. Ha trabajado en numerosas obras de teatro: Grupo de teatro La Cubana: Una Noche de Ópera (Dir. Jordi Milán); Las Tres Hermanas, de Anton Chejov (Dir. Jordi Oliver); Pigmalión, de Bernard Shaw (Dir. Nancy Tuñón); Romeo y Julieta, de William Shakespeare (Dir. Nancy Tuñón); cine: Va a ser que nadie es perfecto (Dir. Joaquín Oristrell); Agujeros (Dir. Jan Latussek); Impedimentos (Dir. Doménech Gibert); televisión: Serie El Show de Cándido, en La Sexta; serie Hospital Central, en Tele 5 y serie Lobos, en Antena 3 Televisión, entre otros títulos. Dirigiendo y presentando el programa Contigo en la Tarde fue líder de audiencia en la programación de SomosRadio.

WEB DEL AUTOR: http://carlosdiazactor.es/

 

Imágenes en el artículo publicadas originalmente en la web dedicada a la obra, del Grupo Focus (http://www.focus.cat/ca/press? type=mat&id=199). Fotografía de inicio por David Ruano ©.

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Revista Almiarn.º 76 / septiembre-octubre de 2014
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