poemas por
Alexander Pascual Estrada
Las almas de los muertos arden en el infierno,
tu mutis esparce hojarasca en la casa de los vivos.
Nosotros, almas ingentes, retorcemos la lujuria.
Las almas de los muertos desandan los días.
Tu imagen, perceptible ilusión, desborda anaqueles.
Nosotros, visitadores antiguos, rezamos avemarías.
Las almas de los muertos irrespetan la vida,
tu espalda exhibe rasgaduras de calaveras.
Nosotros, disidentes nihilistas, abrimos los sueños al abismo.
Tu verbo discurre entre el azufre opaco de los soles.
Remembranza
Visito mis recuerdos
con el rojizo semblante de la aurora
como si estuvieras cerca;
apasionadamente armo recelos sin rencores.
Dejo la puerta abierta.
Mis recuerdos se dislocan tras la avalancha de melodías,
espero los sueños,
retoco el paisaje adormecido.
Cruzo el umbral.
Puedo rozar tus pupilas.
Encuentro
A Yisel Murado Vargas
por el tiempo vividoTe encontré en la belleza de los crepúsculos,
imaginada ocasión de comerte a besos,
con tu singular languidez,
sin sacrificios de tiempos pasados,
sin la desazón del recuerdo.
Te encontré y llovía,
como en filmes antiguos,
quedó la sanación del último encuentro,
la sensación inacabada.
Pérdida
Pierdo la fe en el destino
desde que la aurora trasmutó a futuro,
a otros bosques sin espinas,
a otras latitudes sin horizontes.
Me pierdo en el frescor de los bálsamos,
de las estampas familiares,
en la ironía de los discursos,
en la era de los recuerdos.
Pierdo la fe en el pasado,
en las primaveras sin Praga,
en los obstáculos silentes,
en la rudeza del rubor.
Anudo la fiereza, fútil fantasma de colores,
a la entrega de amores juveniles.
Huyo de los cercenados asteroides
perdidos en libretos cinematográficos
y, me escudo en ti, cual barricada, endeble ilusión
de pasado.
Pierdo la fe en el destino,
mientras, tras el atrezo, desbordo
la fantasía de viejos enigmas.
Tu recuerdo
Recuerdo verte vestida de margaritas,
acallada entre la multitud en soliloquio,
enternecida por la lluvia de noviembre.
Te recuerdo en un invierno sin otoño,
envuelta en los nubarrones mañaneros,
desnuda de sencillez,
acurrucada en los portales sin ruido.
Te recuerdo en el instante del eco,
en las mustias palabras de un orador,
en el andén, donde Penélope, vertió su ternura.
Te recuerdo en el espejo,
en los días soleados,
en un septiembre estudiantil
cuando, vestida de margaritas,
te perdías entre el soliloquio de la multitud.
Espera
Espero bajo la lluvia sueños que me arrastran a ti;
en algún portal, tiemblo, inerte tu ausencia.
Aúllo palabras en un zócalo irreal,
mientras gesticulo al clamor de la noche
noctámbulas heridas de pasado.
Espero bajo la lluvia sueños que me recuerdan a ti;
en algún resquicio, tiemblo la podredumbre de tu imagen.
Vuelvo sobre el discurso y ya el zócalo se ha esfumado,
entonces, las noctámbulas heridas sangran,
dejan oler a pasado.
Espero tu vida bajo esta lluvia otoñal
dispuesto a verter mis palabras como trino infinito,
hasta que tú, fiera silenciosa, te conviertas en el púlpito
del discurso de mis heridas.
Retrato
A Roxana Marrero, por
la delicadeza de su belleza
Eres una mujer hermosa
y de nuca opulenta,
que deja caer la cabellera
en su vino.
Charles Baudelaire
Pido prestado este verso:
Eres una mujer hermosa y de nuca opulenta,
que deja caer la cabellera en su vino,
opúsculo transgresor de miradas,
serpiente benévola de aureolas.
Es la imagen, imparcial semántica, quien escuece
la vida que ancla en el silencio;
silencio que escarba tempestades,
vorágine de vida, inmortalizadas en el retrato
que supone la transgresión de una mirada.
Misterio
No existe más dios que tu vida,
ni sístole ni diástole en tus besos,
pescadora de esperanzas,
terna unificada de noche, cielo, vendimia.
No existe metamorfosis en tus sueños,
ni risas ni pesadumbre,
cielo desierto,
brisa terca.
Existe tú,
vorágine de insoslayable mansedumbre,
anónima certeza del alud,
prístina sencillez del agua.
No existe más dios que tu vida,
alumbrada desazón de algún misterio.
Encuentro
A Malena, por la mística
de reencontrarnos
cada mañana en el café
Cómo adoré encontrarte entre margaritas perfumadas olorosa a recién nacida, con la cruz de San Juan Bosco colgada a tu cuello, sin la inoportuna impertinencia de las multitudes aglomeradas en el café de la avenida, con tu sonrisa frágil, tu mirada lúcida, tus gestos delicados mientras, en un guiño de Dios, sorbes, melancólicamente, la infusión bendita que nos arropó una mañana cualquiera, a la vera de la multitud que se aglomera en la avenida.
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Alexander Pascual Estrada (Cuba, 1978). Narrador, poeta e investigador. Gestor del Proyecto Sociocultural Arte y Memoria. Miembro del Grupo Iberoamericano Amigos de la Décima Espinel-Cucalambé con sede en Puerto Padre Cuba. Subdirector de la Dirección Municipal de Cultura en Puerto Padre, Cuba.
📬Contactar con el autor: ccsanmanuel{at}gmail{.}com
🖼️ Ilustración poemas: Imagen abstracta por Gerd Altmann, en Pixabay.
* N. del E: En los poemas aquí publicados se ha procurado que las líneas guarden la extensión tal y como los escribió su autor. Para la lectura de esta página en un dispositivo móvil aconsejamos que el aparato se sitúe en posición horizontal.
Revista Almiar – n.º 140 / mayo-junio de 2025 – 👨💻 PmmC – MARGEN CERO™


