Luisa Pillacela Chin
José Luis Crespo Fajardo

Traemos a colación La abadía de Northanger, una novela de época que nos transporta a ambientes pastorales ingleses de comienzos del siglo XIX; un libro para disfrutar obra de la escritora británica Jane Austen (1775-1817), y que recientemente ha sido reeditado por Debolsillo, editorial enmarcada en el Grupo Penguin Random House.

La historia nos habla de Catherine Morland, una muchacha de diecisiete años que vive en Norton, en la campiña inglesa, y que es invitada por los Allen, una pareja de vecinos sin hijos, a visitar Bath, en el sudoeste de Inglaterra. En esta ciudad, la antigua «Aguas de Sulis», conoce a la familia Tinley, quienes al pensar que Catherine posee una gran riqueza la invitan a pasar una temporada en la Abadía de Northanger. Es aquí donde su imaginación, imbuida por la lectura de dramáticas novelas góticas, empieza a exacerbarse fantaseando con que el Capitán Tinley, regente del lugar, es culpable del asesinato de su propia esposa.

Sería necesario romper el tópico de que se trata de una novela menor de la producción de Jane Austen, pues a pesar de los dos siglos transcurridos su lectura resulta atractiva y muy divertida en la actualidad, en tanto el tratamiento de los sentimientos de los personajes y otros temas de la trama, en muchos aspectos se mantienen vigentes.

La historia incide en sentimientos de amistad confidencial y sincera que, a la postre, devienen en un resultado de decepción. En efecto, en la novela hay complejos personajes, damas interesadas, caballeros aviesos y modos de actuar duros, inicuos e insensibles. Ruptura de compromisos, envidias, murmuraciones, hipocresías… todo esto se daba en Bath en una época en la que la sociedad centraba su atención en el dinero que poseía cada familia, actuando de manera interesada, sin atender a sentimientos ni emociones amorosas verdaderas. Estos prejuicios de clase son comunes en la bibliografía de Austen, que habitualmente relata vicisitudes sentimentales determinadas por la carencia de apellido, títulos y patrimonio de sus protagonistas  femeninas.  Así,  la  historia  de  Catherine  nos deja algunas lecciones morales, en especial que no se debería confiarCasa Museo de Jane Austen en ciertas personas sólo porque al instante nos parecen agradables, y al mismo tiempo no hay que dejarse guiar por las apariencias, y mucho menos por prejuicios sobre el nivel social de las personas.

La narradora posee una natural maestría para describir con hondura los caracteres humanos, actitudes, particularidades físicas y situaciones de la vida cotidiana. Los entornos y paisajes son inigualablemente puestos en palabras para despliegue de nuestra imaginación. La sociedad en su conjunto es fielmente plasmada, trasladándonos a paseos y aventuras, conflictos y reconciliaciones, en un universo en el que el pensamiento irónico de la narradora se entrecruza con los múltiples ángulos del relato.

 

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Luisa Pillacela Chin es profesora en la Escuela de Educación Básica Héctor Sempértegui García, adscrita al Ministerio de Educación de la República del Ecuador, en la ciudad de Cuenca. Es artista visual y directora de la revista de investigación académica Estudios sobre Arte Actual (ISSN: 2340-6062). 
José Luis Crespo Fajardo. Doctorado por la Universidad de Sevilla. Ganador del Premio Internacional de Poesía «Félix Francisco Casanova» (2004) y diversos accésit literarios. En la actualidad es Investigador del Proyecto Prometeo en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Cuenca (Ecuador).

 

Contactar con los autores: juandearfe[at]gmail.com

 

  Ilustraciones artículo: (portada) Fotografía por Pedro M. Martínez ©
| (en el texto del artículo) Fotografía por Luisa Pillacela y José Luis Crespo ©

 

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n.º 84 / enero-febrero de 2016MARGEN CERO™Aviso legal

 

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