Las 10 mejores bandas
sonoras de la historia del Cine
—una visión personal—

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José Miguel Jiménez y
Pedro M. Martínez


El último tango en París


EL AUTOR

Leandro «Gato» Barbieri, creció en un ambiente musical jazzistico fuertemente influenciado por Mario Barbieri, un tío suyo saxofonista y clarinetista. Su hermano mayor, Rubén Barbieri, trompetista, también estudió música en la Escuela Infancia Desvalida, de Rosario y juntos formaron la Agrupación Nuevo Jazz. «Gato» Barbieri nació en dicha ciudad argentina el 28 de noviembre de 1932, y estudió varios instrumentos como el requinto (clarinete pequeño), el saxo alto y el saxo tenor, que finalmente sería el que le haría ser conocido en todo el mundo.

En 1953, siendo muy joven todavía, comienza a labrar su leyenda gracias a tocar en la orquesta del también argentino Lalo Schiffrin quien fue contratado por el trompetista Dizzie Gillespie, tras escuchar un concierto que dio en Buenos Aires, en 1955. Barbieri agrandaría su figura de clase como músico tocando con dicha orquesta y con su participación en las bandas sonoras de películas y series de televisión como Misión Imposible (1966), Bullitt (1968) o Harry el Sucio (1971), compuestas por Schiffrin.

Amante de las jam-sessions, como muchos músicos de su época, tocó en numerosas reuniones de este tipo. Su estilo fue evolucionando desde Lee Konitz a Charlie Parker, para terminar recalando en John Coltrane que resultó definitivo para su posterior forma de tocar ya que propició que abandonara el clarinete y el saxo alto.

En 1962, Barbieri y su mujer, Michelle, se van a Roma. Allí, toca con el guitarrista Jim Hall, y el trompetista Ted Curson. Tres años después, llega a París —la Meca de los jazzmen durante muchos años—, donde conoce a Don Cherry, se une a la banda del trompetista y juntos graban en Nueva York dos discos para el sello Blue Note: Complete Communion (1965) y Simphony For Improvisers (1966), dos clásicos del jazz de vanguardia. En 1967, instalado ya en el éxito, graba sus dos primeros discos personales: In Search Of The Mistery y Obsession. Después, son numerosísimas las colaboraciones con otros músicos del free-jazz como Stanley Clarke, Chico O'Farrill o Ron Carter. Su fama va en crecimiento a la par que su música va dirigiéndose a las raíces sudamericanas —El pampero (1972)— rodeándose de músicos de aquellas latitudes, cuando le llega el encargo de componer la banda sonora de una película dirigida por Bernardo Bertolucci y protagonizada por Marlon Brando: El último tango en París (1973). Bertolucci ya conocía a Barbieri gracias a Michelle, la mujer del músico, que era de origen italiano y había colaborado con Passolini y el director de Novecento.

El éxito de El último tango en París, agrandado por el escándalo mundial que suscitó, lanzó definitivamente a la fama a Barbieri (quien ganó el Grammy por la banda sonora de la misma), llegando a ser imprescindible para cualquier festival de jazz y permitiéndole una fructífera época creativa con la colección para el sello discográfico Impulse: Chapter One: Latino América (1973), Chapter Two: Hasta siempre (1974), Chapter Three: Viva Emiliano Zapata (1974) y Chapter Four: En vivo en Nueva York (1975), donde incorpora melodías, instrumentos, armonías, texturas y ritmos sudamericanos.

A partir de los ’80 dirigió su música a sectores más amplios del público, grabando espléndidas versiones de conocidos temas como, por ejemplo, el conocido bolero Cuando vuelva a tu lado o Europa, del guitarrista Carlos Santana.

Destaquemos, por último, la aparición del saxofonista en la película Calle 54 (2000), de Fernando Trueba, en donde se puede ver una imagen cabal del autor de La China Leoncia..., que nos resistimos a tildar de crepuscular pues a Barbieri le quedan todavía cosas por decir. En el libreto del CD de la misma se dice: «Aunque lleva años inmerso en el pop, basta con sacudirle un poco la memoria a Gato Barbieri para que se manifieste como la conciencia errante de los años setenta, el último de los militantes del Tercer Mundo...»; Barbieri tocó para este documental la introducción a Llamerito (y tango) y Bolivia, la oda que el músico dedicó al Comandante «Che» Guevara.

Leandro «Gato» Barbieri vive en la actualidad en Nueva York y continúa tocando en esas jam-sessions que siempre le gustaron. Tiene publicados más de 50 discos.

Bernardo Bertolucci


LA BANDA SONORA

Bertolucci acertó al considerar que la música de El último Tango en París, debía ser un protagonista más de la película.

Barbieri tuvo que cambiar su método de trabajo al tener que componer frames, momentos musicales de pequeña duración, junto a un fuerte tema principal, que aparece arreglado de tres formas distintas, como balada, como tango y como un vals, sabiendo aprovechar al máximo la sensualidad del saxo para aportar a la historia una gota más de tristeza. En la grabación participó Nana Vasconcelos y los arreglos de orquesta corrieron a cargo de Oliver Nelson, el saxofonista y compositor nacido en San Luis (EE.UU.), quien murió dos años después de estrenarse la película.

El resultado final fue un clásico en el que Barbieri supo conciliar lo mejor de sus experiencias anteriores y tender un puente entre Coltrane y el pop.


LA PELÍCULA

Paul (Marlon Brando): —El sillón va junto a la ventana. Así.

Jeanne (Maria Schneider): —Yo sólo vine a devolver la llave.

—La llave me da igual. Quítate el abrigo y ayúdame. Coge esas sillas y tráelas aquí. Ponlas en el otro lado.

—Bien. Coge eso también.

—¡Escuche, monsieur! Me tengo que ir. ¡Señor! Me tengo que ir.

—La cama es demasiado grande para la habitación.

—No sé cómo llamarle.

—No tengo nombre.

—¿Quiere saber el mío?

—¡No, no! No quiero. No quiero saber tu nombre. Tú no tienes nombre y yo tampoco. Sin nombres.

—¡Está loco!

—Quizá, pero no quiero saber nada acerca de ti. No quiero saber dónde vives ni de dónde eres. No quiero saber nada.

—Me está asustando.

—Tú y yo nos vamos a encontrar aquí, sin saber nada de lo que pase ahí fuera. ¿De acuerdo?

—¿Pero, por qué?

—Porque... porque aquí no necesitamos nombres. ¿No lo entiendes? Vamos a olvidarnos de todo lo que conocemos. De todo el mundo, de todo lo que hacemos... de donde vivimos. Vamos a olvidarnos de eso, de todo, de todo.

—Pero yo no puedo. ¿Tú puedes?

—No lo sé. ¿Tienes miedo?

—No.

—Ven.


Este diálogo* puede servir para explicar de qué va El último tango en París. Un hombre maduro, de 45 años, y una joven de casi 20 se encuentran en una visita a un piso en alquiler. Allí mantienen relaciones sexuales, comprometiéndose a no dar sus nombres ni hablar de sus pasados. La ciudad de París, una ciudad todavía conmocionada por el Mayo del ’68, es el telón de fondo para la aventura. El novio de la joven, Tom (Jean-Pierre Léaud, actor preferido de Truffaut y de la nouvelle-vague), director novel de cine, aporta el lado «ingenuo» del triángulo pues sólo está preocupado en captar la realidad a toda costa, sin darse cuenta de que la misma se pasea, con toda crudeza, ante sus ojos. Así de sencillo; así de tópica puede parecer la historia.

Sin embargo, lo que en otras manos se habría convertido en un bodrio resulta ser una impresionante película, una de las obras de arte —sin duda— del cine del último cuarto del siglo XX. La culpa de ello la tiene un cóctel de alta calidad, difícil de igualar: un director de los que ahora denominaríamos de «culto», Bernardo Bertolucci (amigo y compañero de Passolini) famoso por sus adaptaciones de obras literarias y sus películas de alto contenido político y social; un productor (Alberto Grimaldi) que mira más allá del dinero que pone en juego y que sabe lo que «vale» el cine de Fellini, de Passolini, de Pontecorvo o del propio Bertolucci; un fotógrafo (Vittorio Storaro) que sabe captar las tonalidades más oscuras del alma humana, y sus actos más violentos como lo hizo después en Apocalypse now; un músico de jazz deslumbrante («Gato» Barbieri) que reivindicaba su «tercermundismo», que supo contar el misterio y la sensualidad que hay en la soledad y la desesperación existencial, y un par de actores aparentemente antitéticos pero que representaban a la perfección las dos generaciones que se encuentran en la cinta.

Marlon Brando —de la escuela Actor's Studio, para qué decir más— y Maria Schneider, una joven actriz que bien podría representar lo que entonces se conocía en España como el «destape», ponen las guindas al combinado con sus interpretaciones. A ambos se les nota a sus anchas en el papel que interpretan: Bertolucci no era uno de esos directores que lo medía todo. Así, los dos personajes adquieren tales connotaciones de verosimilitud, de veracidad ante el espectador, que lograron conmocionarlo. Y no estamos hablando sólo de las escenas de sexo, sin duda duras para la sensibilidad de la época, también —y sobre todo— de las que certifican la «muerte» de la familia burguesa tal como existía en aquel momento. Dice Brando en una escena: «...te voy a explicar cosas sobre esa Santa Institución que sirve para inculcar la virtud entre los salvajes... Santa Familia, templo de los buenos ciudadanos, donde los niños son torturados hasta que confiesan su primera mentira, donde la voluntad se quiebra bajo la represión, donde la libertad es asesinada por el egoísmo... Familia das asco, me cago en todos vosotros, maldita familia...».

Lejos de la escena de la «mantequilla», que según algunos supuso romper el tabú del sexo anal, El último tango en París es un certificado de defunción de la burguesía que había producido dos Guerras Mundiales y de «propina» las de Corea y Viet-Nam, un anticipo desesperado de lo que estaba por venir, de la globalización descarnada del siglo XXI. ¿Muerte del Amor, de la Familia...?, no, más bien su entrada en un estado de coma por falta de fluidos vitales que les alimenten... En la película de Bertolucci, Paul (el burgués desesperado, confuso, que acaba de ver cómo su mujer se ha suicidado) es el que paga el pato; Jeanne, la nueva generación, representa las nuevas pautas de conducta, la nueva moralidad (¿quizá deberíamos decir «amoralidad»?), la fuerza para vivir y construir una sociedad que supere las rémoras éticas del pasado...

Todo ello, más la presencia soterrada de la muerte (que cierra de manera fulminante la cinta) en los recuerdos de Paul, hacen de El último tango en París un documento imprescindible para aquellos que quieran comprender un poco mejor el porqué del hoy, las razones de la sinrazón de esta sociedad farisaica que vivimos (el protagonista dice en un momento: «Nuestros hijos se acordarán...»). En esta controvertida película, al margen —como decíamos— del sexo, más llamativo en apariencia, hay dos personajes que se miran entre sí sin tapujos, sin falsa «educación», desprovistos de la pátina de los convencionalismos, solos ante la realidad que determina la condición humana: el sexo y la muerte. Y ver eso duele...

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Diálogo recogido en el blog Diario de un viaje imposible
(http://unviajeimposible.blogspot.com/2007/09/el-ltimo-tango-en-pars.html)


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GATO BARBIERI: B.S.O DE EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS (EN DIRECTO)





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José Miguel Jiménez, coordina la sección de música de la Revista Almiar y Pedro M. Martínez es el director de dicha publicación.

Otros artículos de esta serie:
Descubriendo nunca jamás l Las horas


* IMÁGENES ARTÍCULO (orden descendente): Last Tango In Paris, By MachoCarioca (Own work) [Public domain, CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0) or GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)], via Wikimedia Commons | Bernardo Bertolucci, By Associazione Culturale Cinemazero from Pordenone, Italia (Bernardo Bertolucci 030) [CC-BY-SA-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons | Ultimo tango a Parigi, By Filoump (Own work) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons